sábado, 11 de abril de 2026

ORION

 


Esta semana en la que el mundo ha contenido el aliento mirando al cielo a ver si se desencadenaba el Armagedón Trumpiano sobre nuestras cabezas, yo he preferido mirar al cielo buscando en la oscuridad un puntito lejano llamado Orión, que viajaba al otro lado de la Luna con cuatro aventureros en su interior. ¡Qué envidia me daban! Las matemáticas y mi claustrofobia se interpusieron entre mi deseo de ser astronauta y la cruda realidad. Pero eso no me impide soñar y mirar a las estrellas y pensar que ellos han visto lo que nunca se ve. Es tan extraño lo de la Luna. Si gira sobre sí misma y gira alrededor de la Tierra, ¿por qué no vemos nunca la otra cara? Hay una explicación, pero se me escapa y prefiero el misterio de la oscuridad lunar. Las fotos que han enviado los astronautas de la cápsula Orión desde el otro lado revelan un paisaje que no podía imaginar: la Tierra azul y blanca amaneciendo detrás del horizonte lunar en un espejo de la Luna saliendo en un horizonte terrestre. Una maravilla que me permite confiar en la humanidad, sean americanos, chinos o rusos. Si miráramos más el cielo y trabajáramos más en comunidad, el mundo sería mucho mejor. Sin religiones excluyentes y aniquiladoras, sin ideologías imperialistas, sin nacionalismos selectivos. Sin Putin, sin Trump, sin Netanhayu, sin ayatolás, sin tecnoligarcas. Pero eso es soñar despierto, por eso prefiero mirar al cielo y pensar en los que están ya volviendo a este hermoso y desgraciado planeta. Me gusta pensar que las palabras de uno de los exploradores del espacio pueden servir para algo: “Ustedes están en otra nave espacial llamada Tierra, creada para darnos un lugar donde vivir en el universo, en el cosmos. Es un oasis en medio de la nada. Esto es una oportunidad para recordar quiénes somos y que estamos en esto juntos.”

 


Buena suerte, pásalo bien, no mueras, Gore Verbinski

El protagonista de esta delirante (y profética) película no tiene tiempo de mirar al cielo. Es un hombre estrafalario, entre un sin techo  y un soldado rambesco. Viene del futuro donde no hay mucho cielo que mirar y en el presente, donde aparece en su 117 viaje en el tiempo, no puede perder un minuto si quiere librar al mundo de un destino infernal. No porque Trump haya conseguido volarnos por los aires, tampoco porque Putin haya logrado conquistar Europa o los chinos por fin lo controlen todo. No. De lo que nos tiene que salvar esta mezcla de Robinson y Robin Hood es de un niño que está a punto de crear la Inteligencia Artificial que acabará con todo sumergiéndonos en un paisaje de zombies tecnológicos manipulados y controlados por no se sabe muy bien quién. Aunque el tono es de comedia absurda, con golpes de humor y situaciones extravagantes, lo que cuenta Buena suerte, pásalo bien, no mueras, es muy, muy serio. El hombre irrumpe en una cafetería típica americana. Entre los alienados clientes debe encontrar un pequeño grupo (la Compañía del Anillo versión 2.0) que le acompañe en su intento de llegar al niño antes de que se desencadene el Imperio de la IA. Hasta ahora no los ha encontrado, pero esta vez ¿lo conseguirá? El film de Verbinski, el director de la saga Piratas del Caribe, monta un espectáculo con estas premisas: adolescentes idiotizados que son incapaces de pensar, pendientes del móvil donde todos ven lo mismo y al mismo tiempo; una madre con un hijo asesinado en los habituales tiroteos en los colegios, que encuentra un club de padres en la que la IA le ofrece la posibilidad de revivir a su hijo como si no hubiera pasado nada, claro que con un detalle, la réplica no tiene sentimientos; o una chica vestida de princesa con una extraña alergia  los dispositivos electrónicos. Con ellos, y alguno más, nuestro viajero del futuro atraviesa una noche llena de peligros y llega hasta el niño (¿será Peter Thiel el pequeño malvado que crea la IA más destructiva imaginable) . Hay muchas maneras de advertirnos de lo que está pasando y lo que puede pasar: la tiranía y manipulación de las redes sociales, la gente que vive pegada al móvil día y noche, la posibilidad de evasión de los universos paralelos de la realidad virtual, la alienación absoluta de la humanidad. La vía que escoge Verbinski es la del humor de la comedia negra apocalíptica. Nos podemos reír con ella, pero también podemos llorar con ella.  Si los fáusticos semidioses que sueñan con una IA invencible, miraran un poco más al cielo, quizás lograrían que el hombre del futuro no tuviera que volver una y otra vez.

El regalo de esta semana no podía ser otro que Orión, uno de los cuadros más bonitos de Ramon



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