(Alas de tiniebla, su último trabajo)
Gonzalo
Suárez, el epílogo de un rey nada anónimo
La muerte de Gonzalo Suárez me
pilló camino de Gijón donde he estado en un interesante encuentro de
Fotoperiodismo. Una dolorosa coincidencia, porque Gonzalo era asturiano y
además fue periodista. Bueno, Gonzalo Suárez fue mil cosas. Si hablamos de geografía,
era asturiano por su nacimiento, su arraigo a sus paisajes y su peculiar humor;
si hablamos de formación, era catalán por su vinculación literaria y
cinematográfica a la ciudad de Barcelona; si hablamos de rigor en el lenguaje
(aunque fuera para romperlo) tanto el de la escritura como el del cine, era castellano por su resistencia y capacidad.
No hay un Gonzalo, hay muchos. Gonzalo fue Ditirambo y fue un rey con dos
reinas; Gonzalo fue escritor en activo (magnífico) y escritor en imágenes (Epílogo). Gonzalo fue sobre todo un gran
conversador y una persona afable, cercana, divertida. En la lejana época de la
Escuela de Barcelona, yo solo sabía que era el director y actor de Ditirambo. Fue mucho más tarde cuando
tuve ocasión de conocerle de cerca. Estuve en el rodaje de La reina anónima, una película que yo tengo entre sus mejores y que
no fue muy bien entendida. A él le encantaba que me gustara y en un encuentro
en El Escorial donde di una charla sobre tres de sus películas, recuerdo que
estuvo muy contento de que quisiera tanto ese film que se adelantaba a muchas
cosas. También coincidí con él en un viaje estrambótico a Moscú donde
presentaba Don Juan en los infiernos,
otro de esos films inclasificables y desconcertantes. Fue un viaje muy
divertido comparando cuantas cucarachas tenía cada uno en su habitación y que
Cucaracha Humana (las vigilantes de piso) era más antipática. La última vez que
le vi fue en ese encuentro de El Escorial organizado por Manuel Hidalgo. Fueron
tres días estupendos hablando de él y con él. Una hermosa tarde veraniega dimos
un largo paseo por el pueblo y los
alrededores con su mujer Hélène. Son estos momentos los que me gusta tener en
mi memoria, solo en mi memoria porque mi absoluta falta de mitomanía hace que
no tenga !ni una sola foto juntos! No tengo fotos pero tengo algo mejor, un
mail que me mandó cuando publiqué el texto de la conferencia en el blog. Es un
regalo que me hizo y que yo guardo con mucho cariño:
Querida
Nuria:
Ha
sido una doble o triple alegría reencontrarnos en El Escorial. Para colmo, me
siento abrumado por tu lúcido, exhaustivo y excepcional discurso sobre las dos
reinas olvidadas a las que tú has resucitado, como el príncipe a la Bella
Durmiente, con tu principesco aliento de escritora. Todo ello y tu presencia
han constituido un maravilloso Epílogo para este curso. No sabes cuánto te
agradezco este regalo que leeré, de vez en cuando, cada mañana para cerciorarme
de que siguen ahí tus palabras y de que nada se olvida del todo. Incluida, y
sobre todo, nuestra amistad.
Gonzalo
Fue una despedida, aunque él
siguió haciendo cine, escribiendo libros, lleno de proyectos. Lo último que
hizo fue en 2021, el cortometraje Alas de
tiniebla, un precioso cuento oriental escrito por su hija Ana-Hélène Suárez
y con las voces de sus dos fieles amigos y cómplices de toda la vida: Charo
López y José Sacristán. Repasando su filmografía me he dado cuenta de que no es
muy extensa, quizás porque Gonzalo disfrutaba escribiendo, viviendo, haciendo
otras cosas. O quizás, por la miopía de una industria que no supo ver el
potencias creativo de este personaje irrepetible. A modo de regalo que llega
tarde, me ha salido un texto de esos raros que a veces se me ocurren uniendo
los títulos de sus películas. Es este
El
extraño caso del doctor Fausto cuando se encontró con Ditirambo y ambos gritaron a la vez Aoom, con un poco de Morbo y brindándolo Al diablo con amor. Mientras tanto, La Regenta, La loba y la paloma, Beatriz y la Reina Zanahoria, se iban de
Parranda antes de entonar un Epílogo
en Los pazos de Ulloa, donde llegaron Remando al viento y llamando a Don Juan en los infiernos que estaba con
La reina anónima, a la que buscaba El detective y la muerte que repetía, Mi nombre es sombra ante El portero del Oviedo Express que se alejaba en Alas de tiniebla.
(Si alguien quiere recuperar
el texto sobre Gonzalo Suárez: Dos reinas
y una princesa, está en la entrada del 13 de julio de 2019)
EL RINCON DE LA SUPER RAREZA
La deriva, Tsai Ming-liang
No sé si a Gonzalo Suárez le habría gustado el extraño producto (no creo que sea una película aunque se vea en un cine) que es La deriva, la nueva entrega de El caminante (The Walker) de Tsai Ming-liang. La deriva se podría definir rápidamente con una frase lapidaria: “Un publirreportaje de la ciudad de San Sebastián con monje andando”. Y no sería falsa, pero si engañosa. Porque lo que propone el director con la colaboración de Lee Kang-sheng, el monje que anda descalzo, es algo mucho más sofisticado, más espiritual, mas político y sobre todo mucho más hermoso que un publirreportaje. Tsai Ming-liang ha realizado con este once films de El caminante, siempre en una ciudad y sus alrededores, siempre confrontando la vida urbana, su ritmo y su indiferencia, su riqueza y su miseria, con el andar pausado, lento, del monje vestido de rojo. Verlo desde una butaca en el cine o desde un sofá en casa, produce una especie de ensoñación, te lleva a salirte del mundo. Al empezar, estamos más cerca de la gente que circula a su alrededor, pero poco a poco nos mimetizamos con el monje de rojo y acoplamos la respiración a su lento andar en la playa, las calles, las plazas, los museos, las esculturas, el bosque… La gente le mira, el no mira a la gente, vigila su camino, porque él camina hacia adentro, mientras el director camina desde fuera siguiéndole, observándole para que nosotros caminemos con él. Creo que vale la pena leer lo que el director dice de este proyecto: «Este proyecto es experimental por su tratamiento del tiempo, el espacio y el lenguaje audiovisual. No tiene estructura narrativa tradicional, ni diálogos, ni progresión dramática. Su propuesta consiste en modificar la forma de mirar y escuchar: des automatizar la percepción al romper con las convenciones del montaje, la continuidad y la expectativa narrativa. El efecto visual se construye a partir de planos fijos de larga duración, encuadres compuestos con precisión, y una atención minuciosa al ritmo interno de cada escena». La deriva se estrena en algunas ciudades, en algunos cines, en algunas sesiones. Hay que caminar mucho para encontrarla en las carteleras, pero a lo mejor se tropiezan con el monje en cualquier rincón de cualquier ciudad.
El regalo de esta semana es una foto de la playa de San Lorenzo en Gijón que hice el día que me enteré de la muerte de Gonzalo.



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