sábado, 25 de julio de 2026

REFUGIOS

 

Empiezo a estar preocupada, cansada y harta. Preocupada de que se haga tan poco cine interesante: cansada de ver películas sin sentido; harta de perder el tiempo inútilmente. Esta semana se estrenan doce películas, doce son muchas. Ninguna de las que he visto tiene el más mínimo interés y de las que no he visto, solo una me llama la atención.  Siempre queda el refugio de las series, pero no todas las semanas hay series interesantes. Tampoco todos los estrenos en plataforma van mucho más allá que los estrenos en el cine.  No sé si es el calor, pero esta semana me cuesta encontrar un tema del que hablar en el blog. Por suerte hay otras cosas (relacionadas o no con el cine) que sirven de consuelo, mejor dicho de refugio. Los libros, por ejemplo.

 


(el azar ha hecho que el libro de Birkin este al lado de Peter Pan, curioso)

Un libro de cine: Jane Birkin, Marisa Meltzer, Editorial Circe

He leído el libro de un tirón. Aclaro que soy fan de esta chica de los sixties que consiguió llegar a los 77 años sin perder su aire de adolescente eterna, pero sabiendo envejecer. El texto es una biografía clásica: empieza cuando nace, se acaba cuando muere. Pero bueno, de eso se trata ¿no? De conocer un poco mejor los entresijos de una vida que fue pública desde que ella era muy pequeña. Marisa Meltzer es americana, Jane es inglesa; Marisa es afrancesada, Jane fue afrancesada. Es este amor por Francia lo que une a la autora con la biografiada. Francia, París, los franceses, el francés que Jane Birkin hablaba a la perfección con su peculiar acento inglés. Un marido británico, John Barry y dos hombres franceses con los que compartió su vida, Serge Gainsbourg y Jacques Doillon; tres hijas, una inglesa, Kate, dos francesas, Charlotte y Lou. La música, el cine,  la ropa llevada siempre con elegante descuido, el enorme bolso que tiene su nombre, su rebelde flequillo, los dientes separados. La desinhibición con el sexo desde que apareció con 19 años en Blow Up, o con la canción que la hizo famosa, Je t’aime, moi non plus. Jane era todo eso y mucho más. Marisa cuenta su vida pública, demasiado pública. Son innumerables las entrevistas, los reportajes, las sesiones de fotos, los chismes, las criticas. Seleccionar entre todo eso lo que vale y lo que no, es el trabajo de la autora, reconstruir con todo eso la vida privada, intima, de la figura pública, es lo que intenta. He tenido la suerte de entrevistar a Jane Birkin en uno de sus mejores momentos, cuando presentó en el Berlín de 1988  el díptico que hicieron juntas Agnés Varda y ella Jane B par Agnès V y Kung-fu Master! En el reportaje de Fotogramas de ese festival escribí: “Jane Birkin fue la única estrella de un festival sin estrellas. Derrotada en el palmarés al que optaba con la doble participación de Agnès Varda, Jane B per Agnès V y Kung-fu Master! fue en cambio la triunfadora en cuanto a simpatía y disponibilidad. Esta eterna adolescente, Peter Pan de cuarenta y un años, protagonizó junto con Agnès Varda la más divertida rueda de prensa del certamen.” Creo que este libro tiene dos lectores: los que recuerdan a Birkin y han visto sus película s o escuchado sus canciones, tendrán la sensación de revivir la propia vida: ¿Dónde estaba yo cuando escuché Je t’aime… por primera vez? ¿Dónde vi La bella mentirosa? ¿Por qué buscaba fotos y entrevistas de Jane Birkin desde que tenía quince años? Los que no la conocieron o no han visto sus películas, descubrirán una mujer del siglo XX con lo que eso significa de transgresión conservadora, de libertad individual y compromiso social, de feminismo sin exclusiones. Jane Birkin deja una herencia que su hija Charlotte ha recogido. en un hermoso documental Jane por Charlotte , del 2022. Poco más de un año después, Jane moría a los 77 años. Entonces escribí un texto que puede servir de coda final al libro de Marisa Meltzer. “Unas líneas, pocas, para recordar a Jane Birkin, una actriz maravillosa, una mujer estupenda, amable, cariñosa, respetuosa y feliz. Jane Birkin está en el paisaje de mi vida desde siempre. Tres años mayor que yo, Jane Birkin apareció en Blow Up y nunca más se fue. Había una Birkin de Gainsbourg, una de Doillon, una de Varda, una de Charlotte. Hubo muchas Janes, la que cantaba, la que actuaba, la que estaba comprometida con su tiempo. Jane Birkin era un símbolo de una época de libertad del pensamiento que echo mucho de menos. Un tiempo donde no había tanta autocensura, tanto miedo a decir según qué cosas, tantas cancelaciones por razones ideológicas. Je t’aime moi non plus, no se podría hacer ahora. No la permitiría ni una izquierda mojigata e intolerante, ni una derecha obtusa y entontecida. La censura es prohibir pensar en libertad, la censura es creer que solo hay una manera de ver o hacer las cosas. La censura es  un horror. Cualquier censura, no una sí y otra no. Jane Birkin lo sabía y por eso fue una figura incomoda pero icónica. Si quieren recuperarla, en Filmin hay varias películas suyas. Yo les recomiendo Kung Fu Master, El último veranoJane par Charlotte y sobre todo el delicioso mediometraje La femme et le TGV del 2016.”

 


Un libro que no es de cine. El joc del mentider, Lluís María Todó, LaBreu Ediciones

Lluís María Todó también está en mi paisaje desde siempre. Exactamente desde que empezamos la carrera juntos en el año 1968 en la vieja Facultad de Letras. Todó era muy guapo, rubio, atractivo. Era muy listo y me cayó bien desde el primer día. La vida a veces te separa de la gente que conoces en años de formación (he olvidado a muchos amigos), pero en cambio, te mantiene unida a otros casi sin darte cuenta. Con Todó ha pasado esto. A pesar de seguir caminos muy distintos, siempre seguimos en contacto. Y siempre seguimos respetando y aceptando las decisiones que a él le llevaron a la literatura y una vida plena asumiendo su sexualidad. Todó ha trasladado en sus libros, sus novelas, su propia vida, ha sabido traducirla en palabras que nos llegan a todos. En este blog de larga trayectoria he hablado varias veces de sus libros. Este último no iba a quedarse fuera. Último, pero no actual, El juego del mentiroso se publicó en castellano en 1995, lo que sale ahora es la versión catalana, que me parece mucho más rica y sobre todo, más oportuna. El tiempo ha jugado a su favor, evocar la Barcelona de 1977, ahora que casi han pasado 50 años, le da mucha mas fuerza al retrato de un tiempo en el que todo se vivía con mucha más libertad. El joc del mentider es un libro divertido, muy bien escrito y muy bien construido. Esta dividió en tres actos. En el Acto Primero, conocemos a los protagonistas en un relato en primera persona de uno de ellos. La amistad que surge entre los tres jóvenes unidos por el azar y la mentira se convierte en un hilo invisible entre ellos. En el Acto Segundo, el tono cambia, el juego se hace epistolar, las cartas entre los tres funciona como un diálogo a tres bandas sostenido por las esperas, las cartas tardaban en llegar a su destino. El Acto Tercero recupera la voz en primera persona de uno de ellos y sirve para contar el final de ese verano de libertad y de esperanzas fracturadas. Igual que en la biografía de Jane Birkin, hay en este juego del mentiroso un elemento evocador para los que somos de su generación. El libro te hace preguntarte ¿Qué hacía yo en 1977? ¿Coincidí en algún momento con Emili, Jaume y Oriol en Zeleste, en el Café de la Opera, en las Ramblas? Es un paisaje común, es una Barcelona compartida. Es un placer leerlo. Como Jane Birkin, Todó nos recuerda que hubo un tiempo donde se podía hablar, ser, pensar y actuar sin autocensuras y limitaciones. Un juego de mentiras que sirven para recordar una vida de verdades.

 


Un poema que viene del cine. Cavafis poemas

Una de las cosas que más me gustan de escribir este blog es el tener reacciones en uno u otro sentido. La entrada de La Odisea de Nolan de la semana pasada, hizo que un gran amigo me recordara un poema de Cavafis que tiene mucho que ver con la historia que cuenta el film. Se titula Itaca y sus dos primeras frases son toda una lección: “Si vas a emprender el viaje hacia Itaca, pide que tu camino sea largo, y rico en aventuras y experiencias”.

El regalo de esta semana es un amanecer del este mes de julio tropical



 

sábado, 18 de julio de 2026

ODISEA(S)


Viaje largo, en el que abundan las aventuras adversas y favorables al viajero.

Sucesión de peripecias, por lo general desagradables, que le ocurren a alguien.


La Odisea, Christopher Nolan

Todos hemos vivido alguna odisea en algún momento de nuestra vida. Todo el mundo sabe lo que significa una odisea. Quiero creer que también hay mucha gente que sabe que esa palabra que describe un viaje azaroso y complicado viene de un libro famoso, La Odisea de Homero. La Odisea toma su nombre de su héroe protagonista, Odiseo, nuestro Ulises de toda la vida. Fueron los romanos, Virgilio sobre todo, los que transformaron el Odiseo griego en el Ulises latino con el que ha llegado a nuestros días el héroe de la Guerra de Troya. El cine se ha ocupado muchas veces de contarnos su historia, pero hay una grabada en el recuerdo de los niños que tenían entre 10 y 15 años cuando se estrenó el Ulises de Kirk Douglas, un péplum legendario que no he vuelto a ver, pero recuerdo lleno de colorines y de hombres con faldita. Tengo otro recuerdo, este personal, de cuando en clase de griego –¡tiempos aquellos que se enseñaba griego y latín en el bachillerato!– nuestro profesor nos hacía traducir La Ilíada y La Odisea de Homero. No era muy buena traduciendo, pero si era muy buena soñando en un lejanísimo pasado. Ocho siglos antes de Cristo era algo que estimulaba mi capacidad de imaginar. ¿Cómo era ese mundo en el que los hombres luchaban en Troya por el rapto de una mujer? ¿Cómo eran sus dioses, sus historias? La Ilíada y La Odisea alimentaban mi fantasía. Y la idea del caballo que engaño a los troyanos y provocó el fin de una civilización, se ha quedado incrustada en mi memoria. ¡Cuántos caballos de Troya hemos sufrido en nuestras vidas sin tener conciencia de ello hasta que ya era demasiado tarde! Ulises fue el que se inventó el caballo y fue castigado por Poseidón a través de la maldición de Casandra a vagar perdido en los mares camino de Ítaca, viviendo la primera, la única, la auténtica odisea. Si el Ulises de Mario Camerini, con Kirk Douglas y Silvana Mangano, la bella Penélope, respondía a un tiempo de héroes y de aventuras a mediados de los cincuenta, el Odiseo de Nolan, se encarna en un atormentado Matt Damon, con conciencia de culpa por lo que hizo en Troya y por haber perdido a su tripulación. También por haber olvidado a Penélope, una Anne Hathaway que no consigue librarse del diablo de Prada, tejiendo y destejiendo frente a un Antinoo al que llena de mezquindad Robert Pattinson, Su hijo Telémaco/Tom Holland, parece escapado de las telas de araña de Spiderman para caer en las telas de araña de los pretendientes al trono de su reino y la cama de su madre. Por ahí andan Zendaya en el papel de Atenea, la diosa muda y protectora de Odiseo y Charlize Theron, tan hermosa como en un anuncio de perfumes en su papel de Calypso, la musa que retiene a Odiseo en su isla, o Samantha Morton como una Circe envejecida y malvada, o la inquietante Mia Goth, la desleal sirvienta de Penélope. Pero por encima de todos, está Nolan, el grandilocuente Nolan, el magnífico Nolan, el único director capaz de realizar un film como este, tan grande, tan caro, tan apabullante y tan entretenido. Porque aunque esta Odisea es oscura como los tiempos que retrata y los tiempos en que se realiza, es también un gran espectáculo que te envuelve y te hace sentir parte de esa historia no por conocida menos brillante. Dura tres horas y cuando se acaba quieres más aventuras, mas reflexiones. Desde la primera secuencia donde el joven soldado Sinon/Elliot Page, espera para hacer entrega del regalo del caballo de madera a los troyanos, sabemos que estamos en el terreno de lo fantástico. Ese caballo enterrado en la arena es un eco del último plano de El planeta de los simios, y como allí, simboliza el fin de una civilización, un mundo que quedó arrasado cuando cayó Troya ante los ojos asustados de Ulises horrorizado por la devastación que ha desatado. Hay más ecos de cine en La Odisea, del cine de Nolan, claro: de Memento toma la pérdida de memoria; de Origen o Tenet, dos odiseas en otro contexto, toma el laberinto; de Interstellar toma la vuelta del padre. Esta Odisea no será épica, pero es un gran tren eléctrico, como diría Orson Welles, con el que se pueda jugar este verano.

 


Omaha, Cole Webley

Este film pequeño, intimo, emocionante, es también una odisea y puede servir de contrapunto al apabullante Nolan. Omaha es una road movie  encadenada a películas sobre desarraigos como la reciente Rebuilding o Nomadland hace un tiempo. Empieza una mañana en la que un hombre recoge  lo que puede de su casa y empuja a sus hijos pequeños, una niña de nueve años y un niño de seis, a subir al coche. Tienen que irse, se han quedado sin casa. Los niños no entienden que pasa, él tampoco se lo explica. Solo saben que van a Nebraska, ¿Por qué? Tampoco el espectador lo sabe. Durante tres días en la carretera, seguimos a esta familia sin madre en una huida hacia adelante, con risas y tristezas, con momentos duros y momentos alegres, con complicidades y separaciones desgarradoras. Es una pequeña odisea por las carreteras de un país en crisis. Como cualquier odisea, esta también tiene un final que no quiero desvelar. Me quedo con la sensación de haber ido en ese coche durante muchos kilómetros acompañando a Ella, Charlie y su asustado padre. Las odiseas acaban pero a veces el héroe no vuelve a casa.

El regalo de esta semana es un paisaje, un refugio para los odiseos y las odiseas. 



viernes, 10 de julio de 2026

CHICAS PARA UNAS VACACIONES

 

Esta semana hay varios estrenos, pero no me apetece hablar de ninguno. El calor es agobiante y la cabeza se cansa solo de pensar en pensar. Por eso me he refugiado en tres series de chicas. Tres series que son recomendables como unas vacaciones, o para unas vacaciones. Una es larga, como esos veraneos que transcurrían perezosos y llenos de posibles aventuras; otra es como una semana en un balneario, tranquila y relajante, reconfortante; la tercera es ideal para un fin de semana loco. Las tres están protagonizadas por chicas y las tres son atractivas para todos: ellos, ellas y todos los demás.

 


El largo veraneo con Hacks, Lucia Aniello, Paul W. Downs y Jen Statsky HBO

Hacks tiene cinco temporadas, 47 episodios, a uno por día, da para llegar a finales de agosto. Descubrí Hacks muy tarde, cuando ya llevaba cuatro temporadas y se anunciaba la quinta. Durante un par de meses ha sido un refugio frente al agobio del trabajo, de la situación política o simplemente del clima. Hacks es una Buddy serie en versión femenina. Está protagonizada por dos mujeres muy distintas, pero que acaban queriéndose mucho. Es una comedia en toda regla que trata sobre el mundo de la comedia. Deborah Vance, maravillosa Jane Smart, es una estrella de la comedia, lleva cincuenta años trabajando en los escenarios y no sabe hacer otra cosa. Deborah es un genio del humor sarcástico, vive en una gran mansión en Las Vegas, tiene una hija, dos perros horribles y una pequeña corte de acompañantes: Markus, su hombre de confianza en los negocios, Josefina, su ama de llaves y Damien su asistente personal. Deborah triunfa cada noche en un casino de la ciudad, pero necesita renovar su repertorio y para eso llega a su vida Ava Daniels, Hanna Einvinder, un descubrimiento, una joven guionista de 25 años, lesbiana, políticamente correcta, sabelotodo, ejemplar perfecto de la Generación Z, supuestamente con un gran sentido del humor que la lleva a ser “cancelada” en Hollywood  por un tuit desafortunado. Las pone en contacto Jimmy Lusaque Jr, interpretado por uno de los creadores de la serie Paul W, Downs, agente de ambas en la Agencia Schaefer donde trabaja con Kayla, la increíble Megan Stalter, una fuerza de la naturaleza. Estos son los personajes que sigues a lo largo de cinco años. El humor nace del contraste sobre cómo ven el mundo la inteligente y curtida veterana y la intransigente y un poco descarada jovencita. Pero es precisamente ese contraste y todos los conflictos que acarrea, lo que llena la serie de momentos inolvidables. Viéndola te das cuenta de que no solo Deborah aprende de Ava y Ava aprende de Deborah, percibes que la actriz de 70 años al empezar la serie y 74 al acabar y la actriz de 25 al empezar y 29 al acabar, han crecido juntas, se han alimentado una a la otra, se han enriquecido como personas y como intérpretes. Deborah y sus pelucas y, Ava y sus falsas seguridades son inolvidables. Las querrías de amigas para toda la vida.

 


El relajante balneario de La otra hermana Bennet, Jennifer Sheridan, Movistar+

Hablar de balneario no está fuera de lugar porque esta serie invita a pasear por la montaña, a leer en una cómoda hamaca en la terraza de una mansión. O simplemente a visitarla durante diez días, un episodio cada día. Al principio no caí en el juego de palabras: ¿Por qué la otra hermana Bennet? ¿Quiénes eran las otras hermanas Bennet? Hasta que  vi el primer capítulo y descubrí a Lizzie y al Señor Darcy y pensé en Jane Austen y en Orgullo y prejuicio. Paré la serie un momento, busqué Orgullo y prejuicio y efectivamente, allí estaban las hermanas Bennet y como es natural, la otra hermana Bennet. Mary, la única que en el libro se queda sin marido, la menos atractiva, la marginada por todos, la que encuentra refugio en los libros y en aprender. No la recordaba, como creo que le pasará al 90 % de la gente que haya leído el libro de Austen. Pero después de esta serie, seguro que no se nos olvida. La serie adapta una novela de gran éxito de Janice Hadlow, una escritora que tuvo la idea de coger un personaje secundario y oscuro de la novela original y darle una historia propia. Publicado en el 2020, el libro se debe tanto al tiempo que retrata, la regencia en Inglaterra a caballo del siglo XVIII al XIX, como a su propio tiempo, el del auge del Me Too. Por eso este patito feo no acaba convertido en un hermoso cisne, sino en una hermosa Pata Adulta, capaz de quererse a sí misma y de despertar el respeto, el cariño, la amistad, la admiración y en definitiva el amor, –no nos olvidemos que esta es una serie romántica– en una sociedad donde no acaba de encajar una mujer libre y que no quiere depender de nadie. Mary Bennet es un personaje difícil, a veces desagradable, pedante, pero Ella Bruccoleri le da una dosis de ternura, encanto e ingenuidad que acaban cautivando al espectador, tanto como odiamos a su espantosa madre o adoramos a su querido Mr. Hayward. Los ingleses tienen un don para hacer naturales los escenarios, los decorados, el vestuario de época de tal manera que se te olvida que estás viendo una historia de hace dos siglos. No sé si me apetece leer la novela, creo que no. Pero desde luego me apetece releer Orgullo y prejuicio para fijarme en Mary y descubrir en Austen las huellas que nos llevan a la Mary de la serie. La otra hermana Bennet es relajante, tranquila, suave pero no superficial. Una buena compañía. (He encontrado esta declaración de Ella Bruccoleri y me ha parecido que valía la pena añadirla: “Puede sonar un poco cursi, pero me encantaría que la gente viera la serie y pensara: ‘Yo también soy increíble y merezco ser querida tanto como cualquiera’. Si Mary puede hacer ese viaje, intentando aceptar quién es de verdad, entonces cualquiera puede hacerlo. Me gustaría que el público sintiera eso cuando la vea.”.

 


El fin de semana loco de Milennial Mal, Lorena Iglesias Filmin

Estos cinco episodios, se ven de un tirón si uno tiene una tarde/noche libre. Son como un chute de energía, de sabiduría, de aprendizaje. En cierto modo tiene un punto de conexión con Hacks: aquí también tienen que aprende a convivir dos generaciones de mujeres, una que pasa los cuarenta, dos que están en los veinte. La primera es la protagonista, Judith, tiene 42 años, vive con un gato y se ha quedado sin trabajo, cuando recibe una extraña noticia. Por un error burocrático le han concedió una beca que pidió hace veinte años. Judith decide aceptarla, pero hay un problema, la beca solo es válida para personas menores de treinta años. ¿Qué hacer? Judith necesita el dinero de la beca y acepta el reto de pasar por más joven. Conoce a dos estudiantes de la universidad donde tiene que presentarse y con ellas de guía, comienza a sentirse rejuvenecer. Como si se hubiera bebido la pócima mágica de la película de Howard Hawks, Judith empieza a comportarse como una adolescente hasta creerse su personaje. Me parece muy interesante lo que ha escrito en Filmtopia Daniela Urzola, una mujer de 30 años, justo en medio de las dos generaciones retratadas en la serie:Aunque a veces lo parezca, Millennial Mal no es una burla sino una celebración de la generación Z, en quienes ve cumplida la promesa de juventud que nunca llegó para los primeros miembros de la generación millennial, que tuvieron una adolescencia marcada, entre otras circunstancias, por la rápida aceleración tecnológica y el colapso económico. De ese lugar, que la propia directora ha catalogado como "envidia a la generación Z", surge la representación naturalista de un deseo a menudo explorado a través de la fantasía: el escapar de uno mismo o una misma y convertirse en otra persona. O, en este caso, volver atrás el tiempo y mantenerse eternamente joven, como Peter Pan y sus criaturas perdidas.” Creo que Daniela señala el punto justo. La gente que tenía 20 años en el año 2000, vio como todo su mundo se derrumbaba como las Torres Gemelas y la promesa de una vida feliz y próspera desaparecía como un espejismo en medio de una crisis perpetua. La Generación Z, la que ha cumplido veinte años entre la pandemia del COVID y las guerras interminables que azotan el mundo, la que nunca ha podido irse de casa aunque sea para vivir con un gato, y no consigue un trabajo estable más que en sueños, está, a pesar de todo, mucho mejor preparada para soportar las adversidades que la milennial. Por eso Judith/Lorena quiere tener 20 años: no para vestirse de manera extravagante o cometer tonterías, lo quiere para ver si así consigue contagiarse de un poco de su fortaleza. Pero todo esto suena muy serio y Millenial Mal es una serie divertida, jugosa, burlesca, cruel a veces, entrañable en algunos momentos. Ideal para un fin de semana.

El regalo de esta semana son dos amigas.



 

sábado, 4 de julio de 2026

PIALAT


Estamos tan acostumbrados a ver series de una manera indiscriminada y constante, que se nos ha olvidado que hubo en tiempo en que ver series era otra cosa. Podías estar años siendo fiel a una serie, recuerdo Expediente X que duró ¡quince años! o más atrás, en la tele en blanco y negro Perry Mason o Bonanza. También hubo series míticas británicas, Retorno a Brideshide en 1981, o la divertida Sí, ministro de 1980 a 1984. En nuestra tele, una de las mejores fue El olivar de Atocha, basada en el libro de Lola Salvador, o la impresionante Los gozos y las sombras, sobre el libro de Gonzalo Torrente Ballester. En Francia también había series, pero las conocíamos menos o yo las recuerdo menos, Belphegor, el fantasma del Louvre, de 1965 es una de las que me quedó grabada. Los protagonistas de estas series se convertían en amigos a los que veiís semanalmente, o te estimulaban a leer novelas que no conocías. Me gustaba esta manera de ver las series, que echo de menos frente al deglutir miniseries una tras otra. Por eso me alegro de haber descubierto, en realidad no la he descubierto yo sino la distribuidora Atalante, una serie francesa de 1971, dirigida por Maurice Pialat y que ahora se estrena en algunos cines con categoría de evento, esperando que no tarde mucho en llegar a Filmin donde se pueden ver 13 de sus películas restauradas.


La Maison des Bois, Maurice Pialat, Francia 1971

Pialat siempre dijo que esta no era una serie de televisión, sino una película en siete fragmentos. Da igual como la definamos, el hecho es que son siete capítulos de casi una hora que se pueden ver en dos sesiones, así es como se estrena en cines puntuales de toda España, un sesión con tres capítulos, otra al día siguiente con cuatro capítulos. Yo también la vi en dos sesiones: la primera con los capítulos 1 y 2; la segunda al día siguiente, con los cinco restantes. Me costó un poco entrar en el primer capítulo porque no tenía ni idea que iba a ver. Pero a partir del tercer, ya no podía parar. Quería saber más de esos personajes, de sus vidas. La historia se cuenta con muy pocas líneas. Estamos en la Primera Guerra Mundial. En un pequeño pueblo de la retaguardia, en una granja al lado del bosque, viven acogidos tres niños de París, que sus padres han enviado al campo durante la contienda. Mama Jeanne y Papa Albert tienen un hijo, Marcel,  y una hija Marguerite, y tienen acogidos a Michel, Hervé y Bébert. En el primer episodio no queda muy claro, pero el auténtico protagonista de la serie es Hervé. Cada capítulo empieza con una referencia a la guerra que pasa lejos, pero no tan lejos que no sufran sus consecuencias. Los soldados son el telón de fondo de las aventuras de estos tres niños, su vida en la escuela del pueblo, donde el propio Pialat ejerce de maestro, las correrías por el bosque, los animales, el amor de Mama Jeanne, las enseñanzas de Papa Albert, la protección que le ofrece a Hervé el Marqués, la taberna donde se reúne todo el pueblo. Jacques Rivette escribió después de verla que era “hermosa como un Renoir”. O dos Renoir, porque tanto el pintor como el cineasta se reconocen en las escenas en el campo, al lado del rio, las fiestas populares. Pero también hay algo de La guerra de los botones, de 1962 y mucho del Jean Vigo de Cero en conducta, de 1933. Todas estas referencias, tanto la pictórica como las de cine, no son evidentes en La Maison des Bois, están ahí, ocultas, como una red invisible que sostiene la historia de Hervé. Hay momentos de mucha emoción; hay secuencias divertidas; hay tristeza y dolor; hay de todo porque en la vida hay de todo. No quiero contar mucho más, tan solo decir que la serie acaba en 1918, cuando acaba la guerra y con ella acaban las largas vacaciones de Hervé en la granja. Ojala la estrenen pronto en Filmin, mientras tanto, si están en Barcelona, la serie se proyecta en el Zumzeig el sábado 4 y el domingo 5 de julio.




Amor, apocalipsis, Anne Émond, Canadá

Tiene un título espantoso, un cartel que te tira para atrás de cualquier deseo de verla, pero a pesar de eso, vale la pena no dejarla pasar escondida entre los estrenos olvidables de la semana. No es una obra maestra, pero es un soplo de aire fresco. Está dirigida por Anne Émond y protagonizada por dos estrellas del cine canadiense. Es una comedia romántica, pero no es lo que te esperas de una comedia romántica. De entrada, tiene un protagonista masculino  muy poco convencional. Un hombre de 45 años, taciturno y bondadoso, cuidador de perros, con una ayudante adolescente a la que no entiende, un padre estrafalario y un pequeño grupo de amigos. Adam, tiene, además, una profunda angustia ecoexistencial que no le deja vivir. Para solucionarlo se compra por internet una especie de lámpara mágica supuestamente terapéutica. Pero lo verdaderamente terapéutico es la voz de Tina, la persona que atiende el teléfono para resolver las dudas que tiene Adam con su lámpara de Aladino. Enamorarse de una voz es algo poco habitual, pero no raro, que esa voz no sea de una IA sino de una mujer muy carnal y comprensiva, es lo que lleva a Adam a salir de su espacio de confort/angustia para vivir un amor en medio de un apocalipsis. Lo peor de la película es la deriva romántica de algunos momentos; lo mejor es como los supera y asume una relación en la que los  accidentes climatológicos y los terremotos forman parte de la historia. Una película bonita, que además pone el dedo en una llaga muy extendida aunque se hable poco de ella; la angustia ecoexistencial que provoca el cambio climático y sus consecuencias (las estamos viviendo estos días en toda Europa y muy cerca de casa con los incendios) en la salud mental y física de las personas. Refugiarse en un cine es una posibilidad que no hay que desdeñar.

El regalo de esta semana es una acuarela muy bonita y relajante