Esta semana hay varios
estrenos, pero no me apetece hablar de ninguno. El calor es agobiante y la
cabeza se cansa solo de pensar en pensar. Por eso me he refugiado en tres
series de chicas. Tres series que son recomendables como unas vacaciones, o
para unas vacaciones. Una es larga, como esos veraneos que transcurrían
perezosos y llenos de posibles aventuras; otra es como una semana en un
balneario, tranquila y relajante, reconfortante; la tercera es ideal para un
fin de semana loco. Las tres están protagonizadas por chicas y las tres son
atractivas para todos: ellos, ellas y todos los demás.
El
largo veraneo con Hacks, Lucia
Aniello, Paul W. Downs y Jen Statsky HBO
Hacks tiene
cinco temporadas, 47 episodios, a uno por día, da para llegar a finales de
agosto. Descubrí Hacks muy tarde,
cuando ya llevaba cuatro temporadas y se anunciaba la quinta. Durante un par de
meses ha sido un refugio frente al agobio del trabajo, de la situación política
o simplemente del clima. Hacks es una
Buddy serie en versión femenina. Está protagonizada por dos mujeres muy
distintas, pero que acaban queriéndose mucho. Es una comedia en toda regla que trata
sobre el mundo de la comedia. Deborah Vance, maravillosa Jane Smart, es una
estrella de la comedia, lleva cincuenta años trabajando en los escenarios y no
sabe hacer otra cosa. Deborah es un genio del humor sarcástico, vive en una
gran mansión en Las Vegas, tiene una hija, dos perros horribles y una pequeña
corte de acompañantes: Markus, su hombre de confianza en los negocios, Josefina,
su ama de llaves y Damien su asistente personal. Deborah triunfa cada noche en
un casino de la ciudad, pero necesita renovar su repertorio y para eso llega a
su vida Ava Daniels, Hanna Einvinder, un descubrimiento, una joven guionista de
25 años, lesbiana, políticamente correcta, sabelotodo, ejemplar perfecto de la
Generación Z, supuestamente con un gran sentido del humor que la lleva a ser “cancelada”
en Hollywood por un tuit desafortunado.
Las pone en contacto Jimmy Lusaque Jr, interpretado por uno de los creadores de
la serie Paul W, Downs, agente de ambas en la Agencia Schaefer donde trabaja
con Kayla, la increíble Megan Stalter, una fuerza de la naturaleza. Estos son
los personajes que sigues a lo largo de cinco años. El humor nace del contraste
sobre cómo ven el mundo la inteligente y curtida veterana y la intransigente y
un poco descarada jovencita. Pero es precisamente ese contraste y todos los
conflictos que acarrea, lo que llena la serie de momentos inolvidables.
Viéndola te das cuenta de que no solo Deborah aprende de Ava y Ava aprende de
Deborah, percibes que la actriz de 70 años al empezar la serie y 74 al acabar y
la actriz de 25 al empezar y 29 al acabar, han crecido juntas, se han
alimentado una a la otra, se han enriquecido como personas y como intérpretes.
Deborah y sus pelucas y, Ava y sus falsas seguridades son inolvidables. Las
querrías de amigas para toda la vida.
El
relajante balneario de La otra hermana
Bennet, Jennifer Sheridan, Movistar+
Hablar de balneario no está
fuera de lugar porque esta serie invita a pasear por la montaña, a leer en una
cómoda hamaca en la terraza de una mansión. O simplemente a visitarla durante
diez días, un episodio cada día. Al principio no caí en el juego de palabras:
¿Por qué la otra hermana Bennet? ¿Quiénes eran las otras hermanas Bennet? Hasta
que vi el primer capítulo y descubrí a
Lizzie y al Señor Darcy y pensé en Jane Austen y en Orgullo y prejuicio. Paré la serie un momento, busqué Orgullo y prejuicio y efectivamente,
allí estaban las hermanas Bennet y como es natural, la otra hermana Bennet.
Mary, la única que en el libro se queda sin marido, la menos atractiva, la
marginada por todos, la que encuentra refugio en los libros y en aprender. No
la recordaba, como creo que le pasará al 90 % de la gente que haya leído el
libro de Austen. Pero después de esta serie, seguro que no se nos olvida. La
serie adapta una novela de gran éxito de Janice Hadlow, una escritora que tuvo
la idea de coger un personaje secundario y oscuro de la novela original y darle
una historia propia. Publicado en el 2020, el libro se debe tanto al tiempo que
retrata, la regencia en Inglaterra a caballo del siglo XVIII al XIX, como a su
propio tiempo, el del auge del Me Too. Por eso este patito feo no acaba
convertido en un hermoso cisne, sino en una hermosa Pata Adulta, capaz de
quererse a sí misma y de despertar el respeto, el cariño, la amistad, la
admiración y en definitiva el amor, –no nos olvidemos que esta es una serie
romántica– en una sociedad donde no acaba de encajar una mujer libre y que no
quiere depender de nadie. Mary Bennet es un personaje difícil, a veces
desagradable, pedante, pero Ella Bruccoleri le da una dosis de ternura, encanto
e ingenuidad que acaban cautivando al espectador, tanto como odiamos a su
espantosa madre o adoramos a su querido Mr. Hayward. Los ingleses tienen un don
para hacer naturales los escenarios, los decorados, el vestuario de época de
tal manera que se te olvida que estás viendo una historia de hace dos siglos.
No sé si me apetece leer la novela, creo que no. Pero desde luego me apetece
releer Orgullo y prejuicio para
fijarme en Mary y descubrir en Austen las huellas que nos llevan a la Mary de
la serie. La otra hermana Bennet es
relajante, tranquila, suave pero no superficial. Una buena compañía. (He
encontrado esta declaración de Ella Bruccoleri y me ha parecido que valía la
pena añadirla: “Puede sonar un poco cursi, pero me encantaría que la gente
viera la serie y pensara: ‘Yo también soy increíble y merezco ser querida tanto
como cualquiera’. Si Mary puede hacer ese viaje, intentando aceptar quién es de
verdad, entonces cualquiera puede hacerlo. Me gustaría que el público sintiera
eso cuando la vea.”.
El
fin de semana loco de Milennial Mal,
Lorena Iglesias Filmin
Estos cinco episodios, se ven
de un tirón si uno tiene una tarde/noche libre. Son como un chute de energía,
de sabiduría, de aprendizaje. En cierto modo tiene un punto de conexión con Hacks: aquí también tienen que aprende a
convivir dos generaciones de mujeres, una que pasa los cuarenta, dos que están
en los veinte. La primera es la protagonista, Judith, tiene 42 años, vive con un
gato y se ha quedado sin trabajo, cuando recibe una extraña noticia. Por un
error burocrático le han concedió una beca que pidió hace veinte años. Judith
decide aceptarla, pero hay un problema, la beca solo es válida para personas
menores de treinta años. ¿Qué hacer? Judith necesita el dinero de la beca y
acepta el reto de pasar por más joven. Conoce a dos estudiantes de la
universidad donde tiene que presentarse y con ellas de guía, comienza a sentirse
rejuvenecer. Como si se hubiera bebido la pócima mágica de la película de
Howard Hawks, Judith empieza a comportarse como una adolescente hasta creerse
su personaje. Me parece muy interesante lo que ha escrito en Filmtopia Daniela
Urzola, una mujer de 30 años, justo en medio de las dos generaciones retratadas
en la serie: “Aunque
a veces lo parezca, Millennial Mal no es una burla sino una
celebración de la generación Z, en quienes ve cumplida la promesa de juventud
que nunca llegó para los primeros miembros de la generación millennial,
que tuvieron una adolescencia marcada, entre otras circunstancias, por la
rápida aceleración tecnológica y el colapso económico. De ese lugar, que la
propia directora ha catalogado como "envidia a la generación Z", surge
la representación naturalista de un deseo a menudo explorado a través de la
fantasía: el escapar de uno mismo o una misma y convertirse en otra persona. O,
en este caso, volver atrás el tiempo y mantenerse eternamente joven, como Peter
Pan y sus criaturas perdidas.” Creo que Daniela señala el punto justo. La gente
que tenía 20 años en el año 2000, vio como todo su mundo se derrumbaba como las
Torres Gemelas y la promesa de una vida feliz y próspera desaparecía como un
espejismo en medio de una crisis perpetua. La Generación Z, la que ha cumplido
veinte años entre la pandemia del COVID y las guerras interminables que azotan
el mundo, la que nunca ha podido irse de casa aunque sea para vivir con un
gato, y no consigue un trabajo estable más que en sueños, está, a pesar de
todo, mucho mejor preparada para soportar las adversidades que la milennial.
Por eso Judith/Lorena quiere tener 20 años: no para vestirse de manera extravagante
o cometer tonterías, lo quiere para ver si así consigue contagiarse de un poco
de su fortaleza. Pero todo esto suena muy serio y Millenial Mal es una serie divertida, jugosa, burlesca, cruel a
veces, entrañable en algunos momentos. Ideal para un fin de semana.
El regalo de esta semana son dos
amigas.




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