domingo, 22 de mayo de 2011

EL ÁRBOL DE LA VIDA


(un árbol de la vida de Ramón)
Prólogo
Una de las ventajas de vivir en Barcelona es que estás a dos horas de Perpiñan. Una de las ventajas de Perpiñan es estar en Francia. Y una de las ventajas de Francia es que estrenan algunas películas de Cannes la misma semana que se proyectan en el macrofestival. Asi que ayer nos fuimos a Perpiñan a ver El árbol de la vida, de Terrence Malick en un cine confortable y tranquilo con una proyección y un sonido excelente.

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A la salida. Comparto la sensación de desconcierto que provocó entre los críticos de Cannes. El árbol de la vida es una película de una belleza deslumbrante. Eso es lo primero. Es de una complejidad enorme en su aparente sencillez. Es un ejercicio de pensamiento visual y sonoro. Es todo eso y es mas.

Solo voy a destacar algunos momentos de esta película que debe verse mas de una vez.
Uno. El esplendor de la creación del mundo, tomado de las imágenes que envían los telescopios espaciales. Aunque son imágenes tratadas, no son producidas por efectos especiales, son las recreaciones que los científicos están utilizando para explicar el origen de las galaxias y por extensión el origen del mundo y de la vida.
Solo por eso ya vale la pena la película.
Dos. La imagen del dinosaurio moribundo a la que se acerca otro depredador, pero no hace lo que todos esperamos que haga, sino algo inesperado.
Tres. El árbol matriz que crece en el centro del jardín de la familia.
Cuatro. La puerta en el desierto que atraviesa Sean Penn para comprender un pasado que le atormenta.
Cinco. Los grandes edificios contemporáneos, auténtica cárcel de cristal en la que Penn sueña su redención.
Seis. El plano del río cuando Jack deja ir el camisón de su madre. La belleza del agua donde nace la vida, donde la naturaleza empieza a existir, donde se pierde el deseo prohibido.
Siete. El espacio sin tiempo que es la muerte de la que es posible volver a nacer.
Ocho. La maldad pura en los ojos de un niño, Jack, la maldad impura en los ojos de un adulto, su padre.
Nueve. La última imagen del film. Un puente que nos lleva hacia otro sitio, hacia otro espacio, hacia otro cine.

Añado dos imágenes mas que me han venido a la memoria después de escribir el texto. (De hecho la película no se me va de la cabeza)
-La madre en uno delos pocos instantes de auténtica paz, apoyada en los escalones de la casa con la gata sentada en su regazo.
-Las sombras de los niños la primera vez que los vemos. Las sombras son las de dos extraterrestres.

No se si esta película va a ser tan importante como 2001, no se si va a marcar la historia (no solo del cine), pero si se que va a dejar huella en todo el que la vea. Tanto en los que se dejen hipnotizar por ella, como entre los que la detesten por su carga metafísica y espiritual.

martes, 17 de mayo de 2011

EL EXTRAÑO CASO DE OLIVEIRA


(La Angélica de Ramón en realidad se llama Sara y no está muerta, duerme felizmente)
Un año después de su pase por Cannes, por fin se estrena El extraño caso de Angélica, ya no la última película de Manoel de Oliveira puesto que está terminando una nueva. Se ha escrito mucho de este film, demasiado como para tener ganas de volver a él porque si. Pero me apetece reflexionar un poco sobre la película después de verla.
Reflexión 1.
Oliveira sabe que la muerte es una puerta que nos conduce a otro sitio. ¿Cual? a veces se sabe, a veces no. Por eso El extraño caso… está lleno de puertas que se abren a casas, a iglesias, a habitaciones, a comedores. Puertas, muchas puertas. Puertas que son ventanas al río, puertas que son fronteras entre la luz y la oscuridad.
Reflexión 2
Oliveira sabe que en el fondo la vida no es mas que un cuento mil veces contado y aquí se divierte contando el cuento de Blancanieves, (Pilar López de Ayala) despertada por la mirada del fotógrafo y acompañada de siete enanitos que trabajan la tierra afanosamente. ¿La bruja? Quizás la hermana monja.
Reflexión 3
Oliveira sabe que no hay espiritualidad sin terrenalidad. Por eso a sus fantasmas enamorados les contrapone la tierra de las viñas que producen el vino que ha hecho famoso su país y el agua del río al que siempre vuelve.
Reflexión 4
Oliveira sabe que la fotografía (el cine) no deja de ser una forma de robar el alma. Rossellini hizo una película que se llamaba La macchina ammazzacattivi donde contaba en clave de comedia como un fotógrafo mataba a los malvados al retratarlos. Oliveira no los mata, al contrario, la foto devuelve a la vida a la hermosa durmiente.
Reflexión 5
Oliveira sabe que siempre hay un peligro que acecha: el pájaro tiene miedo del gato; el gato tiene miedo del perro, el fotógrafo tiene miedo de su amor. Oliveira tiene miedo de… no lo sé.
Cine mudo del siglo XXI, cine que usa el sonido como una voz autónoma, cine de la palabra tanto como de la imagen. Cine que no gusta a todos, pero a los que nos gusta nos gusta mucho.

miércoles, 11 de mayo de 2011

TRES ESTRENOS


(Allen no es el único que adora París)
Hoy me apetece hablar de tres películas que se estrenan este viernes. Son muy diferentes entre si.
MIDNIGTH IN PARIS, de Woody Allen; TOURNÉE, de Mathieu Amalric; SIN IDENTIDAD de Jaume Collet-Serra.

Por orden alfabético de director. La película de Woody Allen me ha gustado. Tengo que reconocerlo. Me ha gustado el mensaje que lanza el film. Porque hay mensaje. Me ha gustado que Allen desde la altura de sus mas de 75 años, se permita regalarnos una idea espléndida, no por obvia menos interesante: aprende a disfrutar de tu presente, porque no todo el tiempo pasado fue mejor. La especie humana, en su variante especie cultural y mucho mas en su subvariante especie cinéfila, tiende a pensar que todo era mejor antes: la edad de oro se sitúa indistintamente en los años 60, en los años 40, en el cine mudo. Da igual. Antes siempre antes. El presente es aburrido, mediocre, lleno de enormes estupideces que nos rodean por todas partes. En cambio el pasado. Ah¡ ¡eso si que era vida! Plagada de todos los tópicos habidos y por haber sobre los americanos en París, ahora y antes, tópicos que van desde los nuevos ricos que desprecian la cultura o los nuevos ricos que saben mas que nadie de la cultura, hasta los tópicos mas banales sobre Hemingway, Scott Fitzgerald, Picasso o un poco mas atrás Gauguin y Toulouse Lautrec, el film es un cúmulo de ideas sabidas expresadas con una sinceridad y una simplicidad (que no simpleza) que lo vuelven entrañable. Allen ama París aunque sea el de una guía turística.

La película de Mathieu Amalric. No hay duda que este actor metido a director tiene en quien reflejarse. Ni soy la primera ni soy la única que trae a colación a John Cassavetes como modelo del cine de Amalric. Pero hay una pequeña diferencia. Uno es francés del siglo XXI, el otro americano del siglo XX. Casi tan añorado del pasado como el personaje de Allen, Amalric sabe, de todos modos, que es en el presente donde debe buscar a sus personajes, sus actrices, sus cómicas. Porque en el fondo, Tournée es un viaje de los comediantes a la francesa con director atormentado y con problemas y chicas dispuestas a pasárselo bien dentro y fuera del escenario. Un placer a disfrutar.

La película de Jaume Collet-Serra. Es cierto, Sin identidad no tiene identidad. Pero eso es el mejor elogio que se puede hacer de esta película. Mas que volver a ella reproduzco la crítica que escribí en Fotogramas hace un par de meses:
Hitchcock habría disfrutado mucho con esta historia de falso culpable; Polanski también. Hitchcock y Polanski son dos de los nombres que vienen a la memoria viendo esta película. Aunque a mediometraje aparece una tercera referencia: Bourne. Con estos datos ya pueden imaginarse que Sin identidad es una mezcla entre Frenético de Polanski, la saga Bourne y los antihéroes hitchcockianos. Collet-Serra fabrica con ellos un combinado explosivo que funciona como un reloj. Un reloj que esconde un truco final, porque hay truco en Sin identidad. Un hombre llega a Berlín, pierde un maletín, tiene un accidente y despierta en un hospital. Pero resulta que no es quién piensa que es y encima le persiguen. En esta situación encuentra ayuda en una chica sin papeles y en un viejo agente de la Stasi. El escenario, la ciudad de Berlín, nevada, fría, hermosa, se convierte en el tercer protagonista de un misterio que persigue al protagonista sin dejarle un minuto de descanso. Ni a él ni al espectador que se deje arrastrar por la acción de este thriller que renueva el cine de espías. Y que nos permite reencontrar a Bruno Ganz en el papel del viejo agente de la Stasi. Cine de acción, cine de ambición, cine que te engancha. ¿Un pastiche? Si, pero bien hecho. Una apuesta por el espectáculo y la comercialidad. Si, pero funciona.

jueves, 5 de mayo de 2011

COINCIDENCIAS DE CINE


Varias veces he hecho alusión en este blog a las casualidades. Entre los estrenos de mañana se me presenta una nueva ocasión de destacar una casualidad en la coincidencia argumental de películas. Una es española, No lo llames amor… llámalo X, la otra es francesa; Le père de mes enfants. Si cuento el argumento de las dos, pueden parecer que estamos hablando de una sola: Un productor de cine no puede soportar la presión tanto económica como personal que le produce su trabajo y es su mujer la que debe asumir la responsabilidad de sacar adelante los proyectos tanto profesionales como personales.
Ambos films hablan de eso. Pero ahí queda toda la similitud, porque no hay nada mas diferente que la comedia a la española que es la película de Oriol Capel y la exquisita historia que es el melodrama de Mia Hansen-Love. O lo que es lo mismo, la distancia abismal entre el Cine S añorado en una y el cine de autor mas radical en la otra. Ambas cumplen su función aunque van dirigidas a públicos muy distintos. O no, si hablamos de un público que estuviera dispuesto en un caso a dejarse cautivar por la delicadeza de la historia del productor Gregoire y su mujer Sylvia o a dejarse arrollar por la vitalidad del productor Pepe y su mujer María. Que cada uno escoja el que mas le guste y si es posible que disfrute con los dos.

domingo, 1 de mayo de 2011

D'A CINE DE AUTOR


Hace un par de días comenzó en Barcelona un nuevo festival llamado simplemente D’A, Cine de Autor. Lo ha inventado y lo ha puesto en pie Carlos Ríos, uno de los dos pilares de lo que fue el BAFF, Barcelona Asiatic Film. Carlos ha pensado un festival sencillo y complejo a la vez, un festival que recoge películas importante que no se han podido estrenar en nuestro pantallas sin ningún tipo de limitación, ni de género, ni de país, ni de tema. Un festival de cine libre organizado en torno a cuatro secciones: Direccions, donde caben todo tipo de propuestas autorales; Asies, en la que se recoge el viejo espíritu del BAFF; Promeses de l’Est, sección en la que se agrupan películas de la zona de influencia ex soviética; Autoria Catalana, un repaso de ese cine catalán que deslumbra en los festivales, pero no consigue estrenarse en las salas con normalidad. Junto a estas cápsulas, mas que secciones, la arriesgada retrospectiva de Guy Maddin, quizás el director contemporáneo mas invisible de todos, autor de un cine que no tiene límites entre el sonido y el silencio, entre el color y el blanco y negro, entre el corto y el largo. Una oportunidad de oro para ver su obra completa.
Carlos me invitó a presentar La ilusión cómica, último trabajo de Mathieu Amalric como director. La ilusión cómica no es una película fácil de presentar. Tampoco es una película fácil de ver. En realidad nada de lo que este actor metido a director ha hecho al otro lado de la cámara es sencillo. Si como actor Amalric no tiene problemas en alternar películas de gran presupuesto hollywoodiense con films de autor en el sentido mas clásico del término, es decir un James Bond con un Arnaud Desplechin, como director mantiene una línea rigurosamente personal que le lleva a bordear el precipicio continuamente. Debutó en 1997 con Mange ta soupe, cinco años mas tarde adapta una novela de Daniel Del Giudice, El estadio Wimbledon. Se toma un largo periodo de reflexión, casi ocho años, en los que realiza cortos y documentales. En 2010 deslumbra en Cannes con Tourné, que por cierto está a punto de estrenarse y le permite ganar el premio a la Mejor Dirección, y ese mismo año rueda para la televisión una adaptación de Corneille. Nada menos que Corneille. Pero no una de sus obras mayores, no. Amalric escoge, o le dan, una obra de juventud de Corneille, estrenada en 1636, cuando el dramaturgo tenía 29 años. Una tragicomedia arriesgada y divertida, con múltiples lecturas, que habla del dolor de un padre por un hijo que cree muerto; del amor imposible entre una mujer y un hombre; de la maldad de un tirano; del juego de un mago. Que habla del teatro en el teatro, de magia y seducción, de mirar sin ser visto, de ilusiones cómicas en definitiva. Y aquí entra el toque de genialidad de Amalric quien decide traer la historia a nuestros días, convertir la cueva del mago en un hotel de lujo en medio de París y dejar que sus actores digan con gran seguridad los versos alejandrinos con una fidelidad al texto en total contradicción con los ambientes, vestuarios y situaciones en que los presenta. Pero no se trata de la típica operación Keneth Branagh actualizando a Shakespeare. El cine de Amalric está mas cerca del Godard de Detective en cuanto al concepto de imagen y de Demy en cuanto a la idea del texto. Traer a Demy a colación puede parecer un poco absurdo, pero la forma como el director utiliza la métrica en la acción no está demasiado lejos de la forma como Demy usaba la música y las canciones en su cine. La ilusión cómica te atrapa por su sonoridad, por su inteligencia y por sus niveles de lectura. Es la prueba evidente que los clásicos y la televisión no están condenados a ser soporíferos. Los que vivan en Barcelona aun están a tiempo de ver esta película en la repetición del jueves 6 de mayo a las 18.30.
Y aprovecho estas líneas para recomendar algunos de los títulos que conozco de los programados en D’A: How I Ended this Summer, de Alexei Popogrebsky, Rusia, 2010; Le père de mes enfants, de Mia Hansen-Leve, Francia, 2009; Cave of Forgotten Dreams, de Werner Herzog, Alemania 2011; Bibliothèque Pascal, de Szabolcs Hajdu, Hungria, 2010; Wild Field, de Mikheil Kalatozishvilli, Rusia 2008… Y si las demás son como estas, todas son recomendables. Aprovechénlo¡¡¡

viernes, 29 de abril de 2011

CODIGO FUENTE


(¿una máquina del tiempo de Ramon?)
Hace dos dìas fui a ver Código Fuente, de Duncan Jones, el director de Moon un film que me gustó mucho. Este también. Aunque a veces parezca un episodio largo de Fringe o una versión de ciencia ficción de El Dia de la Marmota, lo cierto es que Código fuente es una película que con muy poco ofrece mucho. Poco, porque en realidad estamos en dos espacios: el laboratorio y el tren, en los que sucede toda la acción. Siempre la misma con pequeños cambios que la hacen avanzar hacia un punto en el que el destino acaba por ser modificado. Pero lo que me llamó mas la atención fue comprobar que el sujeto de este experimento en el tiempo y en una realidad paralela fuera Jake Gyllenhaal, el mismo que hace diez años protagonizó Donnie Darko, de Richard Kelly, otra historia de salto en el tiempo y de universos paralelos. Lo que en el film de Kelly eran un cuento fantástico con un conejo amenazador y un mundo incomprensible, en la película de Duncan Jones es una pesadilla contrarreloj en secuencias de 8 minutos. Ambas tienen en común, aparte del actor, un interés por escapar de las historias mas trilladas de adolescentes y militares. Verlas una detrás de otra es un ejercicio que recomiendo a quién pueda hacerlo. Es una experiencia curiosa ver a Donnie Darko y una versión adulta suya encarnada en el capitán Colter Stevens, vivir una vida que no les toca, es decir vivir mas allá de la muerte.

viernes, 22 de abril de 2011

REFLEXIONES


Al volver de Terrassa donde se ha celebrado el BASE 2011 en la ESCAC, leí el libro de Iñaki Gabilondo “El fin de una época”, (Barril&Barral, Barcelona 2011),y me encontré con varias similitudes entre lo que se había dicho en las conferencias del BASE y lo que el periodista escribía en su último capítulo. Cámbiese periodismo por cine y no está muy lejos de lo que comentaron Mateo Gil, José Luis Félez, Daniel Sánchez Arévalo o Manuel Martín Cuenca, lúcidos ante los cambios estructurales y conceptuales que plantean las nuevas tecnologías y que resume muy bien la frase de Martín Cuenca. “No son tiempos malos, son tiempos de cambios”.
A continuación reproduzco algunas frases de Gabilondo que me parecen ejemplares y que suscribo por completo.
“La situación más complicada es la que padecen algunos profesionales que habían empezado a construir su vida con los parámetros antiguos y de repente se encuentran atropellados.
“El negocio que se está buscando terminará por encontrar un modelo válido que pueda erigirse en la referencia. Aunque se vehiculen a través de tecnologías nuevas y desconocidas, los modelos de referencia deberán resurgir como una necesidad de primer orden, en el marco de nuevos modelos de negocio. Mi pronóstico es que el mito del fin del periodismo clásico durará poco tiempo, si bien la profesión tendrá que alterarse por completo. Puede, por tanto, que tengan razón quienes anuncian la muerte del papel –en un sentido tradicional- o del modelo del periódico que conocemos. Pero si hay un elemento cuya supervivencia está garantizada son los valores, verdaderos baluartes del periodismo en cualquier época y soporte.
“Lo que está muriendo es un modelo de negocio que forzará el nacimiento de otro. Pero ningún nuevo negocio puede orillar el periodismo de referencia.
“Por mas que se modifique la noción de negocio, la gente requerirá siempre de una figura que cribe y explique la realidad en virtud de unos criterios de calidad contrastada.
“A mí me llevó mucho tiempo entender que siempre ha sido –y siempre será- minoritaria la demanda de productos de una cierta exigencia.”

Unos días después, leí un artículo de Anna Soler-Pont, una de las agentes literarias más activas y atenta a los cambios que se están sucediendo. El artículo, publicado en La Vanguardia del 21 de abril, se titulaba “Cuando no hay plan B”. También allí encontré muchos puntos en común con el debate que está en el aire y que afecta a todas las industrias culturales: cine, música, libros, periodismo..
Estas son algunas de sus reflexiones:
“El momento que vivimos a caballo entre la industria llamada tradicional y las revoluciones tecnológicas, es fascinante.
“Hay más interrogantes que respuestas. Y lo que ocurre es que los occidentales, y especialmente los europeos, tendemos a ver el mundo desde una óptica muy particular. Porque en otras partes del planeta las cosas van a un ritmo más acelerado y hace ya mucho tiempo que saben que no hay plan B. En la India y en China ya han empezado a cerrar imprentas y muchos niños y niñas nunca verán un libro de texto impreso. Las dimensiones de la población escolarizada en los países emergentes hace impensable que cada alumno tenga todos sus libros impresos. El libro físico será objeto de lujo, pero los contenidos estarán al alcance de todos.
“Finalmente, lo que importa es que los contenidos lleguen al destinatario. Que circulen, que se lean. En qué soporte y en qué formato, será lo de menos.
“Pero lo que importa también es dar al contenido el valor que se merece. ¿Quién creará si no se remunera por ello? En un mundo abocado a ser digital deberíamos preocuparnos para que las nuevas generaciones, los adolescentes de hoy que ya van con el ordenador portátil en la mochila con sus textos digitales sean educados para dar valor al contenido.”

Momento apasionante el que estamos viviendo. Si pensamos un poco, es casi tan apasionante como la puesta en marcha de la imprenta que permitió popularizar la edición de libros en lugar de ser reserva de unos cuantos privilegiados; momento apasionante como el de la implantación de la televisión que permitió que las noticias y las imágenes llegaran a todas partes. Momento apasionante que debemos aprovechar y cargar de contenidos. Como dice Anna, como dice Iñaki, como decían en la ESCAC los conferenciantes: cambian los soportes, pero los creadores seguirán siendo imprescindibles. O, para resumir con una frase de Martín Cuenca hablando de la facilidad de rodar. “Todo el mundo puede producir imágenes ahora mismo. Lo difícil es hacer cine y no una chorrada”.
En eso estamos.