sábado, 25 de julio de 2015

EMOCIONES


Cuando yo era pequeña, mi madre, que era una gran narradora de cuentos inventados, me contaba que dentro de nuestro cuerpo había unos enanitos que se ocupaban de que todo funcionara bien. Había enanitos que recibían la comida, otros se encargaban de que la sangre no se perdiera entre los miles de caminos que tenía que recorrer, los enanitos se cuidaban de que no me doliera nada. Cuando me dolía algo yo le preguntaba por qué y me decía: los enanitos están tristes o enfadados, tenemos que contentarlos,  vamos a curarte. No sé que me imaginaba yo entonces, pero la idea de que mi cuerpo estaba habitado por esos enanitos buenos que nunca dejaban de trabajar  me gustaba mucho. Incluso llegué a hablar con ellos. Claro que yo hablaba con todo; los árboles, el gato, las muñecas…
Bueno todo esto viene a cuento que cuando vi Del revés, sentí que los cuentos de mi madre se hacían realidad. Ahí estaban los enanitos en forma de cinco emociones de colores¡¡¡. La película de Pixar (Lasseter, Docter) no solo me gustó muchísimo, fue como un largo viaje a la infancia, a uno de esos recuerdos dorados de alegría en que estaba sentada al lado de mi madre con dos o tres años, escuchando sus cuentos de Flor de Pan y Raspa, los nombres que mi madre daba respectivamente a la Alegría y a la Ira. No había nombres para Tristeza ni para Asco, tampoco para el Miedo que mi madre intentaba que no sintiera por nada.
Del revés es mucho más que una historia para niños que disfrutan los mayores. Es un auténtico viaje al fondo de la mente, un viaje alucinante, con trenes, laberintos, puentes, abismos, refugios en parques temáticos, recuerdos que se pierden, sueños que se desvanecen, y nuevos mundos que se crean. El difícil proceso de hacerse adulto, el salto de la niñez a la adolescencia, seguramente el más complicado que se ha de dar en la vida porque todo cambia: el cuerpo, los deseos, las relaciones, el mundo,… todo absolutamente todo cambia en el momento en que dejamos definitivamente a nuestro particular y único Bing Bong en el pozo de la memoria y comprendemos que la alegría sin la tristeza no sirve para nada. Vayan a verla y no se pierdan el corto que hacen antes: Lava. Es una historia de amor entre volcanes en medio del mar. Dura 7 minutos fantásticos.




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Esta semana he estado en El Escorial en un curso de verano sobre Pedro Almodóvar organizado por Manuel Hidalgo. En el otro blog, el de los textos, he colgado la conferencia que hice allí por si alguien le apetece leerla.  Este curso donde se ha revisado la obra de Almodóvar desde muy distintos puntos de vista, coincide con el estreno de Lío en Broadway,  la última película de un viejo rey de la comedia, pero americano y casi olvidado, Peter Bogdanovich, que gracias al apoyo de dos nuevos reyes de la comedia, Wes Anderson y Noah Baumbach, ha hecho un film antiguo pero deliciosamente divertido. Una comedia de enredo, de puertas que se abren y se cierran, de equívocos, de errores, de ardillas y de nueces. Un film ágil, ligero, tan ligero que seguramente pasará desapercibido como ha sucedido en Estados Unidos. No son tiempos para comedias inteligentes de guerra de sexos dignas del Lubitsch más sofisticado.




sábado, 18 de julio de 2015

MUJERCITAS



Latin Lover se titula la película de Cristina Comencini que absurdamente han llamado aquí Mi familia italiana. Absurdamente porque si hay alguna familia, y la hay, no  es precisamente italiana sino multicultural, casi transnacional. Latin Lover es un título que le va muy bien a la historia de este actor, seductor, guapo, maravilloso, homenaje nada encubierto a dos de las figuras emblemáticas del cine universal, Marcello Mastroianni y Vittorio Gassman. Un latin lover que dejaba una hija en cada país donde trabajaba, una italiana como es natural, una francesa, una española, una americana, una sueca y quizás alguna más. Cinco hijas como cinco soles, dos esposas, una italiana y otra española y algún  verso suelto que aparece a media historia. Viendo la película y después de escribir este párrafo, pienso que este film debería llamarse Mujercitas, o mejor aun Mujeres. La sombra de Saverio Crispo es muy alargada y protege bajo el manto de su seducción a este conjunto de mujeres y un hombre, que viven de su recuerdo y de su memoria y que en un fin de semana donde se le rinde un homenaje en su pueblo natal, descubren que quizás, solo quizás, había alguna zona oscura en su comportamiento exuberante y latinlovero.
Cristina Comencini, heredera de uno de los grandes directores de la comedia italiana donde brillaban Mastroianni y Gassman, dirige este film alegre, libre, feliz, luminoso, una historia de hermanas y de amigas, de celos y de complicidades, llena de humor, a veces ácido, pero siempre amable en el que  cuatro de las cinco hijas y las dos madres consiguen una química perfecta. En este verano más que caluroso, bochornoso y horrible, refugiarse en esta casa de la campagna con estas mujeres es garantía de pasar un buen rato con una película sencilla, inteligente y evocadora.

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Las actrices/hijas del film son todas estupendas: Angela Finochiaro, Valeria Bruni-Tedeschi, Candela Peña, Pihla Vitala; los chicos están mas que bien, sobre todo Lluis Homar, protagonista de una secuencia que es un regalo para cualquier actor. Pero yo me quedo con las dos madres: Virna Lisi, guapísima y elegante en el que sería su último trabajo. Virna Lisi tenía 77 años cuando rodó esta película en la que brilla con luz propia demostrando que la edad bien llevada, asumida con naturalidad y con dignidad no solo no es un problema, sino un añadido de belleza. A su lado, Marisa Paredes, diez años más joven, también da una lección de belleza y de saber estar. A pesar de que le toca bregar con un personaje enfadado y malhumorado, Marisa acaba por apoderarse de la pantalla especialmente cuando decide mostrarse casi a pelo, mejor dicho sin pelo, en un tour de force que muy pocas actrices, en realidad muy pocas mujeres, pueden asumir sin miedo. Marisa supera la prueba con creces y demuestra que no ha perdido nada de su elegancia y su atractivo. Sus arrugas hablan de una mujer que ha sabido vivir y que ha disfrutado mucho de la vida y de su trabajo. Sigue siendo una mujer muy hermosa que roba escenas sin esfuerzo. Su Ramona, es una Becky del Páramo que se ha hecho mayor y es mucho mas divertida. Pero sobre todo, nada almodovariana. Comencini demuestra que se puede hacer comedia coral con mujeres sin parecerse en nada al director manchego. Lo cual no deja de tener mucho mérito.

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Hace unos días estuve en Madrid y vi una exposición que me gustó mucho en el Museo Thyssen: Vogue like a painting. Son imágenes de grandes fotógrafos que evocan cuadros famosos, a veces literalmente otras por su atmósfera. Es una exposición preciosa que invita a imaginar mundos fantásticos de bosques, jardines, castillos. Pero si hablo de ella aquí es para justificar la foto que encabeza este post de mujercitas. Es una foto de Peter  Lindbergh que forma parte de la serie Una tarde encantada. Cuando la vi, no pude menos que pensar en la película de Cristina Comencini y como las casualidades hacen que las cosas que uno vive se liguen entre sí. Si están en Madrid o van a Madrid, no dejen de ir a verla, vale la pena. Y si a la salida se acercan a ver Mi familia italiana, aun mejor.

sábado, 11 de julio de 2015

EL MUNDO SIGUE




Esta semana no hay grandes estrenos que reseñar. O si, porque hay uno muy especial que merece la pena no pasar por alto. El reestreno, casi con carácter de estreno, de El mundo sigue,  de Fernando Fernán Gómez.
Fernán Gómez era un actor único por su físico y su voz; era también un director muy heterodoxo que se topó una y otra vez con distintas censuras, no siempre políticas, a veces simplemente mentales o comerciales, que convirtieron su filmografía como realizador en un continuo Guadiana. Desde su debut con la inclasificable Manicomio en 1954, sus películas corrían siempre una suerte extraña. Pero ninguna tan extraña como la de El mundo sigue y El extraño viaje. Aunque lo más extraño de todo para seguir con la palabra, es que las pudiera seguir haciendo a pesar de que no se estrenaban y cuando lo hacían eran maltratadas por la crítica y olvidadas por el público. Pero él seguía, con la ayuda de algunos fieles amigos que colaboraban con él. Y menos mal que siguió sin rendirse porque si no fuera por eso no podríamos disfrutar de algunos de los mejores títulos del cine español.
Habría que hacer una revisión del concepto que se tiene sobre el cine español del franquismo. Seguramente nos llevaríamos muchas sorpresas inesperadas en películas que la critica oficial consideraba despreciables e indignas de existir y la crítica de izquierdas (que la había y era tan intolerante como la otra) consideraba poco valiosas para la causa. En ese terreno se mueve casi toda la filmografía como director de Fernán Gómez, entre un cotidianismo, término que él mismo inventó para diferenciarse del neorrealismo y una comedia absurda, negra y surreal. Es el tono del díptico de la pareja,  La vida por delante, 1958 y La vida alrededor, 1959, que sin perder el humor se enfrenta a la dificultad de construir una vida en una España que aun no había llegado al desarrollo. Pero sobre todo es el tono de El extraño viaje, 1965, una de las obras fundamentales del cine español con ese  crimen de Mazarrón contado en clave de comedia negra y momentos delirantes, (el pase de modelos de Carlos Larrañaga), que hicieron que el film fuera incomprendido por todos.
Dos años antes de hacer El extraño viaje, Fernán Gómez rodó El mundo sigue, adaptación de una novela de un escritor cuyo nombre se consideraba gafe entre los intelectuales de los cafés madrileños. Fernán Gómez lo sabía y nunca aludía a él por su nombre sino por el mas sencillo Zeta Zeta. Era un riesgo meterse con esa novela dura que retrataba una España miserable más moralmente que económicamente en la que dos hermanas enfrentadas, espléndidas Gemma Cuervo y Lina Canalejas, representaban dos mundos opuestos, no necesariamente asociado el bueno a la buena y el malo a la mala. No hay en esta historia ni un gramo de humor o un resquicio por donde escapar. Todo es sórdido, no hay un solo personaje, la madre quizás, que sea digno de ser salvado. La España que se modernizaba con los planes de desarrollo y los primeros bikinis convivía con una España cerrada y ultraconservadora incapaz de aceptar cualquier cambio. Cuenta la leyenda que el primer día que llegó al rodaje una jovencita Pilar Bardem dijo en voz alta el nombre del gafe y Fernán Gómez exclamó: “no estrenamos”. Fuera por eso o por otra cosa, el hecho es que la película no se estrenó hasta dos años más tarde. Un 10 de julio, en Bilbao. Ahora hace 50 años. El mundo sigue, de eso no cabe la menor duda y ahora, gracias a la distribuidora A contracorriente, podemos conocer esta película que es como un puñetazo en el estómago.

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Un deseo personal. No he vuelto a ver algunas películas de Fernán Gómez de las consideradas “menores”. Manicomio, 1954, El malvado Carabel, 1956, La venganza de Don Mendo, 1961, Los Palomos, 1964, Crimen imperfecto, 1970. Desde aquí le pido a la plataforma Filmin que intente recuperarlas si es posible. Estoy segura que muchos de los nuevos directores de ese cine español de low cost, se quedarían de piedra ante el inconformismo formal y moral de algunas de estas películas.


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Un pequeño y pertinente texto de Fernán Gómez en El tiempo amarillo.
“Ha salido a relucir lo del Estado y el individuo. Eso era lo que a mí me parecía mal de lo que predicaban –me predicaban–  mis amigos comunistas. Un Estado fuerte. Era necesario un Estado fuerte. Por tanto –pensaba y oponía yo–, unos ciudadanos débiles. No había conseguido apartar de mí –no lo he conseguido todavía– la idea de que el Estado es enemigo de los individuos. Y que si los gobiernos al recibir el encargo de gobernar la nave del Estado no se dedican tenazmente a domeñar a los individuos, a sojuzgarlos, a perseguirlos, no podrán llevar la nave a lo que para los intereses de los privilegiados se supone que es buen puerto.”


sábado, 4 de julio de 2015

ACTUALIDAD

Hay semanas que parece que la cartelera se haya puesto de acuerdo con la realidad para mostrar ejemplos cinematográficos de lo que los telediarios y los periódicos nos cuentan cada día. Ver que este viernes se estrenan por un lado Los caballos de Dios del franco marroquí Nabil Ayouch y por otro Cuestión de actitud del griego Panos H. Koutras, sirve en bandeja la posibilidad de reflexionar sobre dos de los temas que polarizan las noticias estos días. Atentados yihadistas en Túnez, Lyon, Somalia y Kuwait con un montón de muertos; Grecia, su enfrentamiento con Europa, referéndum y posible salida del euro con un montón de personas seriamente dañadas en su dignidad y en su vida.
Si viviéramos en un mundo normal lo que haríamos sería hablar de las películas, de si están bien o no, si funcionan, son divertidas, trágicas, interesantes. Si sus directores son importantes, si… Bueno, de eso también podemos hablar porque no es sano ni me parece justo que la realidad  imponga sus reglas al pensamiento así, que empiezo por el cine y luego sigo con lo otro.




(si ven la película entenderán el por qué de este precioso conejo blanco que ha dibujado Ramón)
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Xenia es el título original de Cuestión de actitud. Por una vez me gusta el título castellano, da una idea muy clara de lo que es la película. Una actitud ante la vida, ante el hacerse mayor, ante el futuro. No se dejen engañar por la primera secuencia, parece que va de gais o en todo caso de homosexuales almodovarianos, pero no. Tampoco se dejen engañar por la segunda o tercer secuencia, parece que va de marginados con problemas, tipo cine de los Dardenne, pero no.  Xenia es de esas películas que dan muchos giros y en cada esquina se abre hacia un camino completamente distinto. Siempre de la mano de Dany y su hermano Ody, primero en Atenas, luego en el bosque, mas tarde en Tesalónica. Es una comedia en la que se descubre una Grecia xenófoba, homófoba y pobre. Aunque también solidaria entre marginales, no marginados. Dany y Ody son hermanos, son albaneses aunque hayan nacido en Creta y siempre lo serán: el país solo los quiere como mano de obra. Pero tienen sueños y eso les lleva a embarcarse en una road movie que los conducirá hasta un espacio fantástico: un hotel abandonado en medio del bosque. No sin que antes Dany haya perdido a su mejor amigo, Dido, y el director nos haya regalado una de las secuencias más hermosas del cine de ahora mismo: el homenaje nada oculto a La Noche del Cazador con los hermanos dormidos en la barca y Dido siguiéndolos desde la orilla.

En cuanto a Grecia, es todo muy complicado pero creo que entre todos han metido al país en un callejón sin salida en el que las víctimas son los Danys y Odys a los que se ha explotado, exprimido y maltratado y a los que no se les ofrece una luz al final del túnel. Porque irse de Europa, salirse del euro, no es la solución. La clase dirigente griega, de la que forma parte aunque no lo quieran reconocer Syriza y Tsipras y Varufakis, han sido unos irresponsables con su país desde hace mucho tiempo. Echarle la culpa a la troika, a Alemania, al Banco Central Europeo, al Fondo Monetario, queda muy bien en las proclamas popul(istas). Pero  no es cierto del todo. Hace años que Grecia vive de espaldas a esa Europa de la que ahora amenaza con irse. Europa no funciona como es debido, las democracias occidentales no solo no son perfectas, sino que tienen que cambiar muchas cosas. Pero hay un principio de solidaridad y de responsabilidad de los unos con los otros que no se debería romper como han hecho los griegos planteando un ultimátum del que van a salir muy mal parados. Si al final se van, como quiere la extrema derecha,  se darán cuenta de que el verdadero problema empezará en ese momento, no porque se acabe la fuente de dinero, porque se acabará el apoyo político. El peligro es muy claro, caer directamente bajo el manto de la larga sombra de Putin que poco  a poco se extiende hacia el Mediterráneo. Hay que tener mucho cuidado con los vientos del este.




(la película de Ayouch se basa en esta novela terrible de Mahi Binebine)
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Nabil Ayouch es francés, aunque nacido en Marruecos. Es rico, culto, inteligente, tiene una filmografía potente con películas estrenadas en Cannes. Desde esa posición privilegiada, Nabil rodó en el año 2000 una película Ali Zaoua, Príncipe de Casablanca, ambientada en el barrio de chabolas de Sidi Mumen. Esta era una historia triste, pero llena de esperanza. Ali vive en el puerto, Ali sueña con ser marinero. Cuando Ali es asesinado en una pelea callejera, sus amigos le hacen un funeral de príncipe y deciden cumplir sus sueños: ir hasta la isla de los Dos Soles. Tres años después de rodar esta película, doce niños de la calle como Ali y sus compañeros, apenas  poco más que adolescentes, se inmolaron en nombre de Alá provocando 45 muertos en la ciudad de Casablanca. Ayouch se pregunta ¿por qué? La respuesta es Los Caballos de Dios o el entrenamiento para convertirse en mártir en nombre de Dios que Binebine retrató en su novela  Las estrellas de Sidi Moumen. Es cierto que la pobreza, la miseria, la marginación es un caldo de cultivo ideal para los radicalismos. Todo eso existía antes y la salida de los chicos era la de jugar al fútbol, soñar con ser marineros o arriesgarse a una aventura más peligrosa en una patera. Pero ahora no. Lo que cuenta esta película tan realista que da miedo, tan verosímil que asusta, tan terrible que duele, es como se ha apoderado de las mentes y los cuerpos de estos chicos una única idea, matar a los otros, aunque sean musulmanes, simplemente porque son otros.

Los caballos de Dios se acaba el 16 de mayo de 2003. Pero podía acabarse el 26 de junio del 2015, o el 11 de septiembre del 2001, o el 11 de marzo del 2004 o el… da igual, son tantos y tantos los atentados suicidas que han llevado a la muerte a jóvenes engañados por una religión del odio y la muerte que les promete mil huríes en el paraíso mientras en este las huríes son maltratadas, humilladas, escondidas y consideradas menos que nada. (Un apunte, si hay mil huríes para los mártires hombres ¿hay mil yihadistas para las mártires mujeres o es que ellas, como es natural, no tienen derecho a ir al paraíso?). La locura islamista no tiene explicación y el retroceso progresivo del mundo musulmán a coordenadas propias del siglo VI, no solo es una barbaridad, es un crimen contra la humanidad que la humanidad (es decir occidente) permite que se extienda como una planta venenosa sin ponerle freno. No sé quién decía estos días que Europa, a pesar de ser objetivo prioritario de la yihad, mira para otro lado, como hizo con Hitler. No quiero comparar las dos realidades, pero la actitud es parecida. Los musulmanes son buenos clientes, los árabes tienen mucho dinero (como tenían las grandes fortunas alemanas)  y no conviene que se note mucho que no les gustan, no sea que se enfaden y vayan a comprarle armas al oso ruso o al tigre chino. El problema es que la situación ya no tiene arreglo porque los Tarek, Hamid, Nabil y Fuad están por todas partes, incluso en la esquina de casa.

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Curiosidades
Las dos películas las protagonizan hermanos. Las dos películas están interpretadas por actores no profesionales. Fruto de un casting la griega, salidos del mismo barrio donde pasa la historia y hermanos en la realidad la marroquí.
Otra curiosidad. Escribí este texto el miércoles 1 de julio, aunque lo publico el domingo como es habitual.  Por eso puedo decir que me ha hecho gracia ver que Carlos Boyero en su crítica de la película en El País se pregunta lo mismo que yo sobre las chicas suicidas, veo que es una idea que nos ronda por la cabeza a más de uno.
La última: ¿Qué votarían este domingo Dany y Ody? Me temo mucho que ni siquiera les dejaran votar.

sábado, 27 de junio de 2015

LUNATICO


(esa  luna a la que quiere llegar el abuelo Eduardo)
Sigue la sequía veraniega de estrenos interesantes en la cartelera. Pero no se preocupen.  Si tienen un ordenador pueden apuntarse a Filmin para seguir el Atlántida Film Fest del 2015, un festival On line al alcance de todos los bolsillos que permite refugiarse en el buen cine sin salir de casa. Una excelente manera de escapar del calor espantoso, de la invasión turística y las playas hacinadas que más parecen una imagen del infierno de Dante que una escena de vacaciones.
Atlántida es un festival para descubrir, para arriesgarse, para equivocarse y para llevarse sorpresas. Una de esas sorpresas se titula Lunático, la dirige Eduard Sola. Apúntense este nombre, de momento lo encontramos como coguionista de las dos Barcelonas, la de nit d’estiu y la de nit d’hivern. También está en la serie Cites que está teniendo tanto éxito en TV3. Lunático es su proyecto de fin de carrera en la ESCAC y está rodado con un equipo completamente formado en la escuela. Con excepción de la música que han compuesto Gerard Pastor y Adri Mena.
Lunático, como tantos otros trabajos de la ESCAC, la ECAM, y las distintas escuelas de cine, tiene como protagonistas a sus abuelos. Ya hablé en una entrada anterior, la que hacía referencia a No todo es vigilia, del género abuelos en el documental contemporáneo. No me voy a repetir. Pero entonces, ¿por qué detenerme en este Lunático tan especial? Simplemente porque en este film asistimos a los preparativos de dos viajes excepcionales, únicos, maravillosos. El que el abuelo Eduardo quiere emprender a la Luna, literalmente y no de una manera metafórica, y el que la abuela  Rosario emprende hacia una luna mucho más lejana. Cuando empezó a rodar este documental sobre la aparente idea loca de su abuelo de construir una nave espacial, Eduard no podía imaginar que iba a filmar las últimas semanas de vida en común de sus abuelos. La ternura y el respeto con el que los mira durante los 38 días que duran los preparativos del gran viaje, se quedan en la memoria junto con las notas musicales que acompañan su historia en ese verano de 2013 en el que descubrimos el final de una vida feliz, plena, llena de ilusión y de capacidad de crear y soñar. No creo que haya mejor regalo de un nieto a sus padres y a sus abuelos.

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Unas notas sobre Mad Max. Furia en la carretera

No vi la película en el pase de prensa; no la vi en su primera semana. La he visto ahora. Y estoy perpleja. Perpleja ante el alud de alabanzas y críticas elogiosas que la calificaban poco menos que de obra maestra tras su estreno en Cannes. Cinco estrellas, maravilla, poética del futuro, film feminista. Mientras la veía no salía de mi asombro. ¿Cómo le daban cinco estrellas a una película repetitiva, con una única idea machacada una y otra vez sin casi variantes, mimética de un videojuego gigante? ¿De qué poética hablan frente a unas imágenes planas, de ordenador, sin ninguna capacidad evocadora, ni siquiera en esa montaña de agua tan llena de posibilidades fallidas? ¿Feminista? Yo creía que feminista era algo más que colocar a una señora con pinta de señor, eso sí guapa como señora y como señor, conduciendo un camión lleno de esposas escapadas del harén de un sátrapa cualquiera. El feminismo es algo más que enseñar  chicas asustadas y machos espantosos. En fin, no entiendo porque de repente se pone de moda decir que algo está bien y todos lo repiten (repetimos, a veces a mi misma me pasa) sin aportar criterios personales. Mi recomendación, hagan lo que quieran. Tampoco pongo la mano en el fuego que no sea yo la que no sabe ver todas estas virtudes y valores en la película. Pero sinceramente, prefiero rescatar del cajón de los recuerdos la primera y la segunda entrega del Mad Max original con Mel Gibson. Su ingenuidad y su visión apocalíptica siguen siendo mucho mas entretenidas que esta carrera de coches usados.

domingo, 21 de junio de 2015

MISCELANEA

Esta semana hay pocos estrenos reseñables. El niño 44 no la he visto, pero parece lo más  interesante. White God, del húngaro Kornél Mundruczó, no es un film que me atreva a recomendar a todo el mundo, aunque tiene algunas imágenes potentes y una idea motriz sobre la discriminación del otro (en este caso los perros como metáfora) que me parece inteligente y necesaria. De todos modos hay muchas películas apetecibles de las semanas pasadas que aun están en cartel, así que por ese lado queda todavía mucho que ver.

Por eso hoy voy a hablar de otras cosas


 Por ejemplo un libro
Clave K, de Margarita Rivière. ¡Qué lástima que Margarita no tuviera tiempo de escribir más novelas como ésta¡ ¡Qué importante habría sido que se hubiera publicado cuando la escribió hace quince años¡ Clave K es una novela política, de humor negro, ácida como un limón, indigesta para el nacionalismo, lúcida en su retrato del president y la corte que creció como una mancha de aceite  a la sombra de sus corrupciones. Muchos de los lodos que nos inundan y nos ahogan ahora mismo vienen de lo que se cuenta en esta divertida sátira que pone el dedo en la llaga del nacionalismo/nostrat, es decir el nacionalismo que sirve para hacer ricos a unos pocos aprovechándose de la credulidad del “poble” y el oportunismo de esa burguesía catalana que tan bien se adapta a cualquier situación: con Franco franquista, con Pujol, pujolista, con Artur Mas, lo que haga falta. La cuestión es seguir controlándolo todo, manipulándolo todo y haciéndose ricos a costa de los demás. Margarita lo retrata muy bien y además te hace reír.



 Por ejemplo un anuncio
El que ha rodado Alejandro Amenábar para Estrella Damm con Dakota Johnson, Quim Gutiérrez y Natalia Tena. Más que un anuncio, es un corto feliz. Y pongo el acento en la palabra feliz porque es lo que se desprende de este pequeño cuento de verano. Ser feliz, disfrutar de cosas pequeñas, una  cerveza, los amigos, la playa, el mundo. Y disfrutarlo además sin necesidad de entenderse con las palabras, sino con los sentimientos, las actitudes, el comportamiento. Este anuncio me deja una sensación de bienestar por esas dos ideas que no sé de quién son pero me parecen estupendas: aprende a disfrutar de lo que tienes cerca; y no le des tanta importancia a la lengua en que te comunicas. Creo que son un leitmotiv en las campañas de Estrella Damm, así que felicito a los creativos que se la inventaron. El idioma es fundamental para convivir, pero no es lo más importante. Solo como aclaración, no me gusta la cerveza pero a lo mejor acabo tomándome una Estrella.



Por ejemplo un twitter
Hay alguna gente que cada vez que me ve insiste en que me abra una cuenta de twitter. Yo me resisto. No quiero entrar en ese juego de respuesta inmediata y sin pensar. Lo que ha sucedido esta semana en Madrid me reafirma en mi idea de no usar nunca ese medio de comunicación. Como muy bien contaba un chiste del Roto de esta semana, la gente se olvida de que las redes sociales son eso, redes. Redes que te atrapan y te aprisionan bajo la apariencia de darte más libertad. Lo que se escribe en twitter o en facebook se queda ahí para siempre. No me pregunten cómo, porque no lo sé, pero es así. Y cualquier barbaridad que se escribió en un momento de calentura, estupidez o arrebato, permanece para oprobio y vergüenza del que lo escribió. Así que, no cuenten conmigo para  twittear.



Por ejemplo un crítico.
Dice Carlos Boyero en su crítica de El niño 44. Bueno, tampoco existía el cine negro en la España franquista. En las dictaduras el mal está ausente, el orden no permite desvaríos, la delincuencia es inexistencia y los crímenes siempre son pasionales, están incontaminadas contra la podredumbre moral, los negocios turbios, el gansterismo activo o subterráneo, los ajustes de cuentas. Que constancia la de las dictaduras para demostrarle a los ciudadanos que están viviendo en el mejor de los mundos posibles.
Me ha sorprendido mucho esta frase. Me ha sorprendido y me ha hecho darme cuenta de la cantidad de lugares comunes que se arrastran y se repiten sin pensarlo dos veces. ¿Qué no hubo cine negro en el franquismo? ¡Vaya! Si mi memoria no me falla y los libros de historia del cine lo corroboran, el cine negro fue uno de los géneros más populares y mas importantes de los años 40, 50 y 60 en España, sobre todo el cine negro que se hacía en  Barcelona. Un cine negro donde se colaba sin que los censores se dieran cuenta (como en la comedia) una ácida crítica social, un retrato de las miserias de una sociedad asustada, reprimida, silenciada. Un cine negro político sin que lo pareciera. Revisar las películas del género negro del cine español depara sorpresas enormes. Por su calidad cinematográfica y sobre todo por su capacidad de subversión.  Películas como A tiro limpio, Brigada criminal, Distrito quinto, Apartado de correos 1001, El cerco, Los atracadores o Crimen de doble filo, para citar solo las que me vienen a la memoria sin necesidad de buscar en los libros o en Internet, son la prueba de que el cine negro en España no solo se hacía sino que se hacía muy bien.


(la foto es de A tiro limpio, de A, Pérez Dolz, 1963)

domingo, 14 de junio de 2015

LEJOS DEL RUIDO


Lejos del mundanal ruido es una gran novela romántica que Thomas Hardy publicó en 1874. Todos los temas habituales de su narrativa están ahí en estado puro: las diferencias de clase, la tranquilidad aparente de la vida rural, la independencia de una mujer fuerte en un mundo de hombres, el amor y la violencia. La novela tuvo un enorme éxito, los lectores se entregaron a la lectura apasionada de los amores de Bathsheva Everdeen sumida en la duda entre tres hombres que la aman: Gabriel, el hombre fuerte,  Boldwood, el hombre rico, y Frank, el hombre guapo. Tres vértices de un triángulo que Bathsheba intenta controlar.
John Schlesinger hizo una adaptación de la novela en 1967 con Julie Christie en el papel de Bathsheva y Alan Bates en el de Gabriel en una película que de alguna manera entroncaba con el movimiento hippie de la época. Bathsheba era una mujer libre y su espíritu de rebeldía respondía más a las reivindicaciones feministas de mediados de los años sesenta que a las de finales del siglo XIX. Fue una película importante que consagró la pareja Christie/Bates como una de las más potentes en la pantalla, hecho que confirmaron tres años después en El mensajero de Joseph Losey.
 Ahora Thomas Vinterberg ha decidido volver a esta historia y lo hace con una mirada muy contemporánea. No importa que la historia siga pasando en 1870 en la Inglaterra rural y conservadora. Igual que sucedía con la de Schlesinger, Vinterberg habla de ahora mismo desde el escenario del pasado. Y ese ahora mismo pasa por una relación menos condicionada por la lucha de clases y  la reivindicación  feminista. Pasa por una narración menos prolija en los detalles y más elíptica en las ideas. Vinterberg deja que el espectador imagine los saltos emocionales de Bathsheva con los tres hombres sin subrayar ninguna línea de conducta. Y consigue que entendamos mejor a Gabriel y su posición de observador, como también entendemos mas a Bathsheva que no es una joven caprichosa sino una mujer dispuesta a hacerse un lugar en la sociedad. Hermosa en sus paisajes y escenarios, emocionante en sus interpretaciones, especialmente en la pareja protagonista Carey Mulligan y  Matthias Schoenaerts, esta nueva versión de la novela de Thomas Hardy no debe confundirse con una serie de la BBC aunque  por su tema y su ambientación lo parezca. Es cine clásico, ese que a veces pensamos que ha desaparecido de nuestras pantallas.




(este cuadro de Ramon que se titula La montaña. tiene mucho que ver con Sils Maria)
Lejos del mundanal ruido pasa también la historia de Viaje a Sils Maria, juego de espejos que Olivier Assayas ha construido en torno a Juliette Binoche y su personaje de María, la actriz madura que debe enfrentarse al paso del tiempo confrontada a dos imágenes de la juventud: la de su asistente Val y la de la joven actriz Joan-Ann Ellis. Pero a lo que realmente se enfrenta María es a algo más potente, se enfrenta a la Serpiente de Maloja, un extraño fenómeno atmosférico que en forma de nube serpenteante entra en el valle de Maloja en Suiza convirtiéndolo en un paisaje romántico y fantasmagórico. Assayas encierra a sus dos protagonistas lejos del mundanal ruido en una casa en Sils, nombre que evoca a Nietzsche, donde ambas viven su vacío emocional intentando una imposible aproximación. En esa casa en Sils, en medio de las montañas, María y Val ensayan la obra La serpiente de Maloja en la que María asume el papel de Helena, la mujer adulta veinte años después de haber sido Sigrid, la mujer joven. En un continuo juego de espejos que se pueden leer a tres niveles: el texto de la obra, la relación de competencia entre María y Val y la propia e interna relación de Juliette Binoche y Kristen Stewart, el film se mueve en el terreno del pensamiento, dejando las emociones fuera de ese juego. Quizás porque eran demasiado peligrosas, quizás porque el paralelismo con la realidad de ambas actrices era demasiado cercano  y podía provocar un dolor innecesario, Assayas tiende a relativizar ese enfrentamiento y prefiere colocar a sus personajes frente a una realidad mucho más poderosa, la montaña, el imponente espectáculo de la naturaleza en todo su esplendor. María y Val son dos fuerzas de esa naturaleza, por eso son importantes. La tercera en discordia, la actriz joven y ambiciosa, no tiene nada que hacer frente  a ellas. No es más que un producto prefabricado que no merece ser colocado en el paisaje, por eso nunca la vemos en las montañas.
(Tengo que agradecerle a Olivier Assayas que me haya descubierto el film de  Arnold Frank,  Das Wolkenphänomen von Maloja, rodado en 1924. En este enlace se puede ver el corto. Dura 10 minutos)