sábado, 18 de junio de 2022

DOS B Y UNA T

 


Primera B Luis García Berlanga. ¡Viva Rusia!

Edición a cargo de Manuel Hidalgo. Ed. Pepitas de calabaza, 2022

El 12 de junio del año pasado se cumplió el centenario del nacimiento de Luis G. Berlanga. Fue entonces cuando se conoció el contenido de la caja que el director tenía depositada en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes desde el 2008 con orden de no abrirla hasta que llegara su centenario. En ese momento se supo que allí estaba guardado el guión definitivo de ¡Viva Rusia! la cuarta entrega de la famosa Trilogía Nacional, la saga inolvidable de los marqueses de Leguineche que protagonizaban Luis Escobar y José Luis López Vázquez al frente de un elenco coral en estado de gracia. Descubrir este guión profético ya desde su mismo título llevó a Manuel Hidalgo, con la colaboración de la editorial Pepitas de calabaza , a publicarlo en una especie de reconocimiento y recuerdo del que pudo ser el cuarto y quizás no último capítulo de la saga Nacional, retrato imprescindible y jocoso de esa tan traída y llevada Transición. 

Manuel Hidalgo fue uno de los cuatro guionistas de este guión compartido. Comenzado por Berlanga y Azcona, tuvo una primera versión con la incorporación de Jorge Berlanga y cuando los autores se vieron desbordados por sus 163 páginas, recurrieron a la colaboración como auténtico medico de guiones de Manuel Hidalgo, crítico y escritor, amigo de todos ellos. Fue Hidalgo el que le dio el título de ¡Viva Rusia! a lo que hasta entonces se llamaba tan solo Nacional IV. Durante un par de años, entre 1991 y 1992, Hidalgo cortó, escribió, corrigió e incorporó todas las sugerencias de los Berlangas en una historia que se hacía eco de la debacle del comunismo en la ex Unión Soviética, con un humor ácido y punzante, donde jugaba un papel destacado el empresario catalán Jaume Canivell interpretado magistralmente por José Sazatornil, Saza, en la primera entrega de la serie. La muerte del marqués de Leguineche (Luiís Escobar había muerto hacía poco) se incorporaba a la trama como punto de arranque de una historia en la que toda la corte de los milagros escopeteros tenía su momento de gloria. Desgraciadamente este guión nunca llegó a rodarse, pero quedó entre los tesoros de Berlanga que al cumplirse sus cien años se han podido descubrir. Leerlo con el recuerdo de los rostros y las voces de sus protagonistas, muchos de ellos por no decir todos, ya desaparecidos, produce una sensación muy rara: es como ver una película en sombras, tras un velo, intuirla. Y al mismo tiempo disfrutarla. Es raro, como raro es que precisamente su publicación coincida con un momento en que un personaje siniestro como Putin esté protagonizando su propia versión de un ¡Viva Rusia! imperial y zarista en una guerra que sigue ahí, muy presente, aunque parezca que ha desaparecido de la primera línea de las noticias. ¡Viva Berlanga! sin duda y gracias a todos por este último episodio nacional.

 


Segunda B Juan Antonio Bardem. Imprescindibles RTVE Play

Juan Antonio Bardem, vitalista militante, de Alberto Bermejo

Parece que ni siquiera cien años después, se pueden separar las dos B del cine español que más influencia han tenido en toda su historia (con permiso de la tercera B, la de Buñuel). Si el 12 de junio del 2021 se cumplían cien años del nacimiento de Berlanga, el 2 de junio de este 2022 se han cumplido los cien años del nacimiento de Juan Antonio Bardem.

Juan Antonio Bardem, el primero de una saga familiar cuyo apellido es tan familiar a todos por Javier y Carlos, es un director relativamente “olvidado” en estos momentos. Entrecomillo lo de olvidado, porque en realidad sigue muy presente en buena parte del cine español contemporáneo aunque muchos no sepan que están haciendo cine bardemiano. ¿Y cuál es el cine bardemiano, o mejor dicho quién fue Juan Antonio Bardem en realidad y al margen de tópicos repetidos en casi todos los libros de historia del cine español? Eso es lo que intenta responder el Imprescindibles de Alberto Bermejo al acercarse al director de Muerte de un ciclista desde una mirada si no nueva, si limpia de prejuicios. Sin dejar de lado el peso y la importancia de su militancia política en el PCE, sin complacencia hacia un cine que en la urgencia de ser “realista” acabó siendo una imagen distorsionada de esa realidad vista a través del realismo socialista, recuperando el tremendo sentido del humor y sobre todo el humanismo de un hombre magnifico en su trato personal y comprometido en su trabajo cinematográfico, el Imprescindibles de Bermejo nos acerca a un Bardem que no conocíamos como creíamos. Y nos reconcilia con él y su extraña deriva en los años sesenta y su vuelta a los orígenes en El puente que significó un puente entre el pasado y el futuro atravesado por un Landa que venía de atrás y se proyectaba adelante. Testimonios de amigos y familiares, de críticos y de compañeros, completan este retrato que invita a revisar su cine con ojos despejados de telarañas socializantes. Desde la extraña pareja feliz que encarnó con un Berlanga primerizo, pasando por el homenaje a su familia de cómicos, los retratos de la burguesía de Muerte de un ciclista o Calle Mayor, pasando por ese inclasificable western castellano que es La venganza hasta llegar a la extraordinaria Nunca pasa nada, para mí su mejor película sin ninguna duda. Es curioso ver como las dos B del cine español pasaron por una especia de travesía del desierto creativo entre 1965 y 1977. Con la muerte de Franco, la urgencia de la lucha dejó paso a un cine más político, Siete días de enero, pero sobre todo al descubrimiento de la televisión como escaparate de pruebas: Jarabo en 1985, la serie Lorca, muerte de un poeta en 1987 y El joven Picasso en 1993. Recordar a Bardem es un buen ejercicio de memoria histórica. De buena memoria histórica.

Este es el enlace a Imprescindibles

https://www.rtve.es/play/videos/imprescindibles/juan-antonio-bardem-vitalista-militante/6562554/

 


 La T de Jonás Trueba. Tenéis que venir a verla

Cada película de Jonás Trueba es un reto para el espectador. Esta también. Pero de otro tipo muy distinto al que significaba ¿Quién lo impide? Aquí estamos ante el tiempo detenido, alargado, dilatado. Que en una película de apenas una hora se dediquen los 5 o 6 primeros minutos a escuchar una pieza de piano de Chano Domínguez, llamada precisamente Limbo, escrita por el compositor durante el confinamiento, nos da la clave de cómo tenemos que entrar en este film tranquilo y jazzístico en las improvisaciones calculadas de sus cuatro protagonistas, tres de ellos habituales compañeros de Jonás en su cine, Vito Sanz, Itsaso Arana, Francesco Carril junto a una nueva incorporación, la de Irene Escolar. Todos ellos, como Jonás, en la treintena, todos ellos, como Jonás y me atrevo a decir como casi todos tengamos la edad que tengamos, desconcertados, descentrados, después de vivir una distopía real como fue lo sucedido en el año 2020. El film comienza en un café donde Chano Domínguez toca su pieza mientras vemos los rostros de los personajes descritos por la cámara como paisajes humanos. Poco después asistimos a una charla donde los cuatro amigos se lamentan de no verse más desde que una de las parejas, la que forman Irene y Francesco, decidió irse a vivir fuera de Madrid. Los dos insisten a sus amigos diciéndoles continuamente “Tenéis que venir a verla”… la casa en el campo naturalmente. Cuando se separan, los urbanitas, Itsaso y Vito, pasean por un Madrid callado y nocturno camino de su casa y descubren que les gusta su ciudad. Seis meses después los cuatro se vuelven a encontrar esta vez en el campo, en el supuesto paraíso rural, en la casa que por fin han ido a ver. Comidas, paseos, lecturas, todo muy truebiano (nunca más usare el término rohmeriano, Trueba se ha ganado a pulso dar nombre a su estilo) tranquilo, sin estridencias, sin contrastes. Con el libro Has de cambiar tu vida del filósofo alemán Peter Sloterdijk como música de fondo, transcurren las conversaciones a cuatro o a dos, los partidos de ping pong, la contemplación de un paisaje rural urbanizado y nada bucólico en un film que no es apto para todos los públicos, lo reconozco, pero que agradezco que exista y que de alguna manera sirva para todos los que se sienten representados por el desconcierto y el deseo de cambiar tu vida. 

El regalo de esta semana es para los cuatro amigos de Tenéis que venir a verla. Esta casita de Ramon si vale la pena venir a verla.



 

 

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