(el
mejor número de la nueva versión de West
Side Story)
West
Side Story de Steven Spielberg
Entiendo y comparto la
fascinación de Spielberg por West Side
Story. Para los adolescentes que en 1961 tenían entre 10 y 20 años, el
musical de Jerome Robbins, Leonard Bernstein y Stephen Sondheim que Robert Wise
convirtió en película mítica, fue un acontecimiento. No sé dónde la vio
Spielberg, pero para mí, entrar en el recién inaugurado Cine Aribau para ver
una película de mayores, fue algo extraordinario. Nunca he sido mitómana ni
fetichista, pero las canciones y los bailes de esos chicos en las calles del
West Side se me quedaron grabadas para siempre. Por eso no solo no cuestiono su
derecho sino que aplaudo que Spielberg haya querido jugar con ese recuerdo para
dotarlo de una segunda vida que fascine a las nuevas generaciones de
adolescentes, al mismo tiempo que atraiga a las viejas generaciones que la recuerdan
como algo importante en sus vidas. Conociendo al director de tantas historias
inolvidable, estaba claro que no iba a hacer un simple remake, ni del musical
original de 1957, ni de la película de 1961. Spielberg iba a hacer su West
Side Story jugando con la ventaja del tiempo transcurrido. Cuando Wise
filmó su versión del éxito de Broadway, los barrios del West End aun existían;
filmarlos ahora, sabiendo que desaparecieron por completo para dar paso a
nuevos espacios como el Lincoln Center, le da a Spielberg un margen para hablar
de fin de una época, o mejor aún, la muerte de una forma de vida. La gran
aportación latina en la cultura de Estados Unidos es otro de los elementos que
Spielberg utiliza a su favor. Wise recurrió a actores americanos (menos Rita
Moreno) para representar a los puertorriqueños de los Sharks, con un Bernardo
interpretado por el actor de origen griego George Chakiris. Steven Spielberg,
en cambio, cuenta con un espléndido grupo de actores latinos que dan
credibilidad a la historia hablando en una mezcla constante de inglés y español
que el director ha mantenido sin subtitular en el estreno norteamericano y que
puede ser una de las razones de porque allí no ha funcionado lo bien que
debería: la América de Trump no habla español, pero él apuesta por el
bilingüismo en la sociedad. Darle a una Rita Moreno de casi 90 años un papel
importante, no un simple cameo, es otra de las apuestas ganadoras de Spielberg.
La inolvidable Anita del 61, es aquí Valentina, viuda de Doc, el dueño de la
tienda donde trabaja Toni y auténtica voz de la conciencia del barrio en el que
los Sharks y los Jets se enfrentan continuamente. Regalarle a Rita Moreno la
preciosa canción Somewhere es uno de
los mejores momentos de la nueva versión. Hay otros cambios musicales que
Spielberg se ha permitido introducir, unos sin duda para mejorar el original.
Sacar América a las calles de la
ciudad en una coreografía espléndida, es uno de ellos; mover la dura Cool de casi el final donde la cantaba
Ice y la bailaban los Jets, a un momento crucial de la trama cantada por Rif,
también funciona muy bien, Hay otros que no encajan como debían en el crescendo
de la tragedia, pero esos ya los descubrirán cuando vean la película. Un
aplauso para el casting del nuevo West
Side. David Álvarez como Bernardo y Mike Faist como Rif están impecables,
pero para mí la auténtica revelación del film no es la jovencísima Rachel
Zegler como María, ni el alto y guapo Ansel Elgort como Toni, el gran
descubrimiento de este nuevo West Side
Story es Ariane DeBose como Anita. Verla bailar con el vestido amarillo en las
calles del West Side o brillar en el espectacular baile del gimnasio, es una
maravilla. Mucho más política que la del 1961, también un tanto más sórdida en
su recreación de un mundo que muere, toda la película es un regalo que
Spielberg ha hecho al niño de 10 años que descubrió los musicales con este
Romeo y Julieta neoyorquino. Y yo se lo agradezco a pesar de tener una o dos
pegas que ponerle. Pero ¿qué obra maestra no tiene una o dos pegas?
Una recomendación: por favor
véanla en Versión Original. Todo el juego de pasar del inglés al español se
pierde y desvirtúa en la versión doblada.
(los
dos Larson, el real y su versión cinematográfica)
tick tick… Boom¡, de Lin Manuel Miranda, Netflix
“Jonathan Larson decía que lo contrario de la guerra no es la paz, sino la creación. ¿Qué hacemos cada día para crear paz en el mundo? Eso debería comenzar por un diálogo. Hay muchas cosas que nos separan y dividen, y con las redes sociales esas divisiones son muy públicas, nos fuerzan a tomar posición antes de saber si estamos defendiendo u ofendiendo. El diálogo es la respuesta. Nos dividen una miríada de cosas y lo importante es que seamos capaces de hablar de lo que nos hace diferentes. Y de lo que nos hace similares.” Son palabras de Rachel Zegler, María en el nuevo West Side Story, que me permiten enlazar directamente con tick, tick... Boom! de Lin Manuel Miranda, estrenado en Netflix hace poco más de un mes. Basado en el musical autobiográfico de Jonathan Larson, protagonizado por un estupendo Andrew Garfield, el film sigue la historia de un aspirante a compositor de musicales, camarero en Nueva York, presionado por llegar a los 30 años sin haber triunfado. Larsson tenía un año cuando se estrenó West Side Story y casi 30 cuando se estrenó tick tick… Boom¡ en el off Broadway. Entre ambas obras hay un nexo de comunicación en la figura de Stephen Sondheim, autor de las letras de West Side Story y personaje inspirador de Larsson al que apoyó desde el principio. El propio Sondheim es un personaje en esta versión de Miranda que sigue muy fielmente la obra original. tick tick… Boom¡ es un musical distinto. Planteado como una confesión autobiográfica en un escenario, el film nos coloca en un Nueva York muy distinto del de Wise/Spielberg. El Nueva York de los 90, con el auge de los yuppies cabalgando el dinero fácil y el SIDA desbocado diezmando a una juventud que no estaba preparada para su envite. Musicalmente es preciosa, aunque tengo que reconocer que no tararearé sus canciones como si hago con las de West Side Story. Hay dos momentos muy interesantes en este film: uno, ver cómo nace una obra en un taller de lectura al que asisten productores que, como los emperadores romanos y los gladiadores, al final levantan o bajan el pulgar determinando el futuro de la obra. Es ahí donde Sondheim jugó un papel destacado en la vida de Larsson. El otro es el consejo que le da Ira Weitzman a Larsson después de presentar su musical futurista Suburbia: escribe sobre algo que conozcas, escribe sobre la gente que te rodea. Un consejo que llevó al compositor a hacer primero este tick.. tick.. Boom¡ y luego Rent, dos musicales imprescindibles de los noventa. Un buen consejo que, por cierto, es útil para cualquier escritor: incluso haciendo novelas de ciencia ficción, intenta escribir de lo que conoces. Larsson murió prematuramente a los 36 años truncando una carrera que podía haber sido espléndida. Ahora lo podemos recuperar en este film que hará las delicias de los amantes del musical, pero también puede interesar a todos aquellos que no entienden que de repente la gente se ponga a cantar en medio de una frase.
Dos musicales para la última semana de un año que no ha tenido nada de musical. Si alguien hiciera una obra sobre lo que el mundo está viviendo estos dos últimos años, sería tan deprimente y descorazonadora que creo que habría que desoír el consejo de escribir de lo que conoces: mejor escribir, cantar o soñar con un mundo imaginario donde no haya covid ni políticos.
(Aprovecho para recomendar los
programas de radio que está dedicando Alex Gorina a la figura de Stephen
Sondheim en L’Audiovisual de Catalunya Radio bajo el título de Un Nadal amb Stephen Sondheim (1930-2021). Son
muy buenos. https://www.ccma.cat/catradio/audiovisual/)
Preciosa tu descripción de West Side Story. Me ha puesto la piel de gallina recordando la original.Comparto tus sensaciones. Gracias por tu blog. Un abrazo y FELIZ NAVIDAD. Soy Nuria Cortina. Besos.
ResponderEliminarQuerida Nuria: suscribo todas tus palabras acerca de los dos musicales que me han hecho disfrutar tanto en las últimas semanas. Es una lástima que WSS esté fracasando en taquilla aunque… tampoco la de Wise arrasó en su estreno, creo recordar, y mira cómo ha llegado hasta hoy. Un beso desde Donostia.
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