sábado, 30 de julio de 2016

ROMA


Hemos estado unos días en Roma en casa de unos amigos. Vivir en una ciudad no es lo mismo que visitarla. Se tiene una percepción muy distinta a la que se produce cuando vas de turista. Roma me gusta mucho. Es una ciudad hecha para pasear aunque el suelo, con esas piedras cuadrangulares que se llaman  sampietrini, es un tormento, especialmente si llevas sandalias. ¿Cómo debían andar los romanos? debían tener los pies mucho más curtidos que nosotros, seguro. Roma es una ciudad caótica, desordenada, imprevisible. Pero llena de vida. El sincretismo arquitectónico que reúne en un mismo palazzo ruinas romanas, edificios medievales, ventanas barrocas y una terraza del siglo XX, es uno de sus atractivos, símbolo en piedra de la mezcla de culturas que han llenado sus calles desde hace dos mil años. En cualquier iglesia te puedes encontrar un Caravaggio, en una esquina tropiezas con una columna romana. Hay muchísimos bosques y parques poblados por esos pinos romanos tan característicos y únicos: altos, esbeltos, elegantes, libres. En Roma no hace falta ir a los museos, toda la ciudad es un inmenso museo.


La casa de nuestros amigos está en Trastevere y eso nos ha permitido conocer muy bien ese barrio tan especial. Hemos descubierto jardines nuevos que no conocíamos, como el inmenso parque de Villa Doria Pamphili, donde las familias van a pasar el día con un mantel y una pizza (en España nos llevaríamos la tortilla de patatas);  o el más salvaje de Villa Sciarra, con sus enmarañados caminos cubiertos de una sombra protectora; hemos ido a Bomarzo, el bosque sagrado y fantástico habitado por monstruos en piedra salidos de la imaginación de un príncipe que no se conformó con que un terremoto llenara  sus tierras de enormes bloques; también hemos estado en un precioso museo etrusco, en una villa romana perfectamente conservada y donde se respiraba una gran calma y en un pequeño museo de arte antiguo situado en el Palazzo Altemps en el que se guardan dos tesoros, el Trono Ludovisi, que desprende misterio con esa imagen de renacimiento, y una cabeza de galo muerto impresionante. También hemos estado en Castel Sant Angelo, uno de los lugares más interesantes de la ciudad, prueba arquitectónica del sincretismo cultural.


Hace muchos años que vamos a Roma y nunca habíamos ido a ver los Museos Vaticanos. Nos resistíamos. Hasta ahora. Fue un error, un inmenso error. Es la primera vez (y espero que sea la última) que me he sentido turista maltratado, humillado. La visita a lo que debe ser (estoy segura) uno de los lugares que encierra mas piezas magníficas del arte mundial, fue un anticipo del infierno. Toda la posible religiosidad y espiritualidad de unos museos vaticanos se manifiesta en su horror infernal. Y no exagero. Durante dos horas nos vimos obligados a seguir una marea humana que avanzaba como si fueran ovejas al matadero siguiendo un recorrido marcado, absurdo, en una especia de IKEA Vaticana y del que era imposible escapar. No te podías parar a ver nada porque la marea te empujaba; no te podías apartar porque no había donde; no llegabas a ver nada más que los techos hacia los que se enfocaban todos los móviles, no sé si para retratar artesonados o para cazar pokemones. Nunca he sentido tan cerca la sensación de no ser una persona, la impresión de estar sumergida en una masa informe y absolutamente estúpida que no veía nada pero hacía miles de fotos a lo que fuera. Por fin llegamos a la Capilla Sixtina donde la marea se detenía llenando el espacio como una playa de Salou en agosto. Sin poderte mover mirabas hacia arriba y se supone que veías algo. En realidad solo querías huir de allí cuanto antes. Miguel Ángel no se merece eso. Y la gente tampoco. No sé cómo debía ser una visita a estos museos cuando eran aún visitables. Me imagino que podía ser algo magnífico. Ahora no. Ahora no se puede ver nada.



Al salir tuvimos una interesante discusión entre nosotros. ¿Es elitista pedir que vayan a los museos solo las personas que realmente los puedan disfrutar?  Yo pensaba que no, para mi es mucho más elitista y sobre todo insultante, obligar a la gente a ir a determinados sitios porque hay que ir y si no has ido eres un indeseable. La mayor parte de los turistas masificados que seguían a los guías con un palo, ni se enteraban de nada, ni disfrutaban de nada. Yo creo que el turismo de masas que te obliga a ver la Capilla Sixtina aunque no la veas, hacer una hora de cola para entrar al Panteón, esperar bajo un sol de justicia para entrar a hacerte una foto en la Boca de la Verità, es uno de los efectos más perversos y destructores del progreso. Se supone que la gente no tiene capacidad de decidir por si misma lo que quiere ver y por eso hay que “guiarla”. Y de paso se la maltrata y se la reduce a la condición de ganado, de zombies.
Roma tiene sitios muy interesantes donde no hay nadie. Calles para pasear, un río tranquilo, parques por descubrir que ni por asomo se les ofrecen a la mayoría de los miles y miles de turistas que llegan cada día a la ciudad.  El elitismo no es que me dejen ver la Capilla Sixtina sin nadie; el respeto es que me dejen decidir si quiero ver la Capilla Sixtina o no la quiero ver. El elitismo es no informar de las muchas otras cosas que hay para ver y para disfrutar en una ciudad como Roma.


Al margen de esta reflexión, he comprobado la cantidad de películas que pasan en Roma y que reconoces en cada rincón. Por ejemplo, ir a comer a una típica osteria y descubrir que está en la calle donde se alojan las dos chicas de Una habitación en Roma. O salir de la casa en la que vivíamos y tropezarte con Gianni en cualquier esquina del Trastevere dispuesto a preparar un pranzo de ferrajulio. O pasear por Via Dandolo esperando oír el motorino de Nanni Moretti subiendo hacia el Gianicolo, y deslumbrarte con la Fuente Paola que te transporta al principio magnífico de La Gran Belleza y su panorama inmenso sobre Roma. No son las películas clásicas que esperas encontrar en Roma, como tampoco lo es Sacro Gra, el documental de Gianfranco Rosi que adquiere todo su sentido cuando te metes en ese anillo de Saturno que rodea y encierra la ciudad.
Ya que esta semana aun no puedo hablar de las películas estrenadas, aprovecho para hacer un recorrido “romano” de cine que cada uno puede completar como le parezca.
Caro diario; La gran belleza; Pranzo de ferragosto; Vacaciones en Roma; El vientre del arquitecto; La escapada; Ángeles y demonios; Una jornada particular; A Roma con amor; Nos habíamos querido tanto; Habitación en Roma; Roma ciudad abierta; Mamma Roma; Sacro gra; Bellisima. Y naturalmente todo Fellini.
La semana que viene estrenos.




sábado, 16 de julio de 2016

A DÍA DE HOY


-A día de hoy no tengo muchas ganas de hablar de cine.
-A día de hoy me siento aún conmocionada por lo que sucedió en Niza el jueves pasado. Me siento indefensa, impotente ante la destrucción que puede ejercer la barbarie sin ningún control ni límite; ante la evidencia de de ver como la estupidez es fácil presa de los que buscan hacer el máximo de daño a lo que no entienden.
-A día de hoy siento que no podemos hacer nada en esta guerra desigual donde unos se arrogan el derecho de matar indiscriminadamente a otros.
-A día de hoy siento también vergüenza por estar tan afectada por lo que pasó en Niza, ahí al lado, a gentes como yo y darme cuenta la indiferencia con que tantas veces leo o veo atentados espantosos en Irak, Somalia, Pakistán, Turquía, lugares donde mueren inocentes con los que tengo poca o nula empatía: el eurocentrismo me hace sentirme amenazada, instala el miedo en mi cabeza cuando los muertos son tan cercanos. Pero los muertos son todos iguales y lo que pasa en un atentado en cualquiera de estos países forma parte del mismo miedo y del mismo dolor.
-A día de hoy me preocupa y me horroriza la posibilidad de la respuesta más radical de los populismos que alimentarán el odio al diferente, que levantarán barreras entre las gentes, que fortalecerán los aislamientos.
-A día de hoy me asusta pensar en ese odio anónimo que se ha instalado en la sociedad a través de las redes sociales. Odio al otro en primer lugar, pero también odio estúpido, inmoral, vergonzante. Alegrarse de que un toro haya matado a un torero en una plaza, no es signo de animalismo, sino de animales. La falta de sensibilidad, la falta de sentimientos, alimenta la estupidez y la estupidez lleva a alquilar un camión y matar a 85 personas.
-A día de hoy esa estupidez humana me provoca indignación cuando veo escenas como la del 14 de julio en el Tour de Francia. Una masa de seres enfervorecidos, carne de cañón de la imbecilidad, invadiendo la estrecha carretera del Mont Ventoux provocando un accidente que pudo ser mucho más grave.
-A día de hoy que se acaban los San Fermines, pienso que esta fiesta ha perdido todo su sentido, si alguna vez lo tuvo, y se ha convertido en un espacio donde la barbarie y una vez más la estupidez humana y descerebrada de las masas se apodera de las calles y lleva a las escenas de violencia que hemos visto. Violencia colectiva en la que las todos participan aunque unas acaben siendo las víctimas de los otros. Si reúnes a miles de personas borrachas de vino y de sexo durante días y noches, las consecuencias tienen que ser malas por fuerza.
-A día de hoy me siento desbordada por la manipulación masiva que ha producido el fenómeno Pokemon Go. No tengo nada en contra de los juegos, no tengo nada en contra de las nuevas tecnologías, pero me horroriza la imagen de un ejército de zombies cazando pokemons con el móvil por las calles de la ciudad.
-Y ya para acabar. A día de hoy estoy harta de nuestra clase política, incapaz de superar sus estrechas miras mentales y partidistas, completamente incompetente para sacar este país del inmovilismo y la parálisis. Estoy harta de que estos inútiles no quieran darse cuenta que gobernar es pactar y pactar es renunciar y ofrecer.

Espero que a día de mañana mi rabia y mi frustración se hayan calmado y vea las cosas con un poco mas de optimismo, o de confianza. Mientras tanto y para compensar tanta indignación me detengo un rato en este tranquilo paisaje de Ramon que me reconcilia con el mundo.



2
No quiero acabar esta entrada sin hablar de tres películas interesantes que se estrenan esta semana.
600  millas es la opera prima de Gabriel Ripstein, hijo del gran Arturo, Gabriel lleva el cine en la sangre, en el ADN. Pero eso no quiere decir que haga el mismo cine que su padre. Con un estilo seco, frío, con dos personajes y diálogos que van directos al grano, Ripstein hijo construye un thriller metafísico. Cine de frontera, 600 millas es la prueba de que algunas veces los hijos pueden seguir la carrera de los padres sin necesidad de competir con ellos.

La segunda película es Bruja más que bruja, delirante musical rural que Fernando Fernán Gómez dirigió en 1977 con Emma Cohen y Paco Algora como protagonistas. Que Algora haya muerto hace apenas tres meses y Emma Cohen hace apenas unos días, convierte este inclasificable film en un merecido homenaje a los dos y desde luego a Fernán Gómez, el director más heterodoxo de todo el cine español.

La tercera es La clase de esgrima. Es muy interesante ver que en esta vieja Europa, tan amenazada por bárbaros y populistas, surgen nuevas cinematografías. Estonia, una de las repúblicas ex soviéticas del Báltico, está demostrando que tiene un cine muy vivo. Dos películas recientes son buena prueba de esto: 1944, estrenada hace un par de semanas y esta clase de esgrima basada en una historia real, la del campeón de esgrima Endel Nelis que a principios de los años cincuenta tuvo que exiliarse en un pequeño pueblo huyendo de la temible persecución estalinista. No es una historia muy innovadora, pero si es muy conmovedora. Una historia que habla de  recuperar la dignidad humillada y del orgullo del trabajo bien hecho.




sábado, 9 de julio de 2016

RAREZAS Y NOTICIAS



(un árbol de Ramon que también encierra sueños)

Calificar de rareza una película de Spielberg puede sonar raro, pero es que Mi amigo el gigante es una rareza. Y posiblemente un error. A mi me gusta, (yo soy rara) pero entiendo perfectamente que la película no encaje en ningún sitio. Si pensamos en los niños, es demasiado larga, le falta humor y no tiene ninguno de esos fieles acompañantes tan típicos de Pixar o Disney que hacen que el drama se convierta en comedia. Si pensamos en los adultos, el mensaje que lanza sobre la necesidad de salvar los sueños, de mantener una amistad entre diferentes, nada menos que entre una niña y un gigante¡¡¡, (políticamente muy incorrecto), de solidaridad entre individuos, no acaba de ser bien recibido. La película es muy hermosa, toda la secuencia del árbol de los sueños merece pasar a la antología de las más bonitas vistas en una pantalla, aunque en otros momentos no duda en caer en una cierta fealdad buscada. Pero el film tiene un problema: los protagonistas no producen gran empatía (no he leído el cuento, asi que no se si esa falta de empatía está ya en la narración de Roald Dahl). Sofia es una niña demasiado lista para ser niña, el amigo gigante es demasiado blando para ser un gigante. Entonces ¿Qué le encuentro yo para decir que me gusta? Lo primero la misma historia. Este es un cuento de dos marginados, Sofia en su mundo de huérfanos, el gigante bueno y vegetariano en su mundo de gigantes malos. Entre los dos acaban por formar un nuevo ser, el sofigigante si quieren, que conseguirá acabar con los malos gigantes e incluso acabar con la soledad de Sofia. Por otro lado, me gusta mucho el ritmo de la película, es pausado, sin sustos, lo que la hace mas difícil para los niños y, según como, para algunos adultos que necesitan un movimiento continuo. También me divierte mucho todo lo que pasa en Buckingham Palace con una reina madre con rulos y en bata; me gusta que sea la reina, en estos tiempos de tanto desprestigio de las monarquías, la que ayude a Sofia y su amigo a acabar con los malos gigantes comeniños.  Me cansa un poco la música, no porque no sea buena, sino porque está demasiado presente. He explicado un poco porque me gusta y porque creo que no gustará. Ahora, que cada uno decida.




(esta acuarela de Ramon no desentonaría en la merienda)

Otra rareza es la película chilena La Once, documental dirigido por una Maite Alberdi. Quedar para tomar la once es la manera como en Chile se dice quedar para merendar o para tomar el té. Durante sesenta años, es decir desde que salieron del colegio en 1950 más o menos, un grupo de mujeres de la burguesía chilena se reúnen todos los meses para tomar la once. Religiosamente, sin faltar un solo mes en todos esos años en los que Chile vivió tiempos convulsos y difíciles. Ahora son mujeres mayores, muy mayores. Una de ellas es la abuela de la directora que decidió filmar estas reuniones mensuales durante cinco años, entre 2009 y 2014. Cada reunión viene precedida de un preciosista mosaico de comidas deliciosas que se elaboran y presentan con un lujo versallesco. Las conversaciones entre ellas son a veces banales a veces no tan banales, siempre interesantes. Cuando vi la película no pude menos que sentir simpatía por estas viejitas burguesas  felices y entrañables. Pero cuando acabó, me quedé pensando en algo que me llamó la atención: nunca hablan de política, ni la de ahora ni la del pasado. No creo que estas mujeres ricas, católicas, a las que nunca les ha faltado la merienda de la once, sufrieran mucho durante la dictadura de Pinochet. Más bien me las imagino tocando las cacerolas contra el gobierno de Allende (creo que de este recuerdo me viene la aversión  que tengo a las caceroladas, unidas en mi memoria a la represión más dura) y celebrando el triunfo del general Pinochet. Pero es igual, el tiempo pasa, la gente sigue, Chile sigue y ellas, las que van quedando, siguen reuniéndose cada mes para charlar de todo y de nada.


Dos  noticias y una película
Las noticias son el caos provocado en el aeropuerto de Barcelona por la falta de planificación de Vueling y el doble asesinato seguido de suicidio que ha tenido lugar en la parte alta de Barcelona cuando un mayordomo filipino mató a otro mayordomo filipino y después apuñaló a la directora de una sucursal bancaria, antes de lanzarse a la Ronda del Mig donde murió atropellado. ¡Vaya, escrito así parece el argumento de una película!  La realidad, tantas veces se ha dicho, supera la ficción.

La película es Money Monster de Jodie Foster. Es una película entretenida, Clooney y Roberts están estupendos, pero si la traigo aquí unida a estas dos noticias es porque me ha parecido que había una conexión. Mas de uno y de dos de los  pasajeros afectados por el desastre organizativo de Vueling ha debido tener la tentación de asesinar a los directivos de la empresa. Cosa que quiere hacer el protagonista de Money Monster, Kyle, el joven que se siente estafado por haber seguido los consejos de un programa de televisión sobre inversiones para que comprara acciones de una compañía basura que le ha llevado a la ruina. Por suerte, un  billete de avión no son los ahorros de tu vida, pero lo que pasó el fin de semana puede arruinarte las vacaciones o los negocios o simplemente las ganas de ver a tu familia en otro punto del planeta. No digo yo que haya que seguir su ejemplo, cosa que hizo el mayordomo filipino matando a una mujer por el simple hecho de trabajar en el banco al que le debía dinero. En fin, todo es un poco enrevesado, el cine, la realidad, los engaños de la televisión, la manipulación de los medios, la avaricia de las compañías aéreas o las empresas fantasmas. Todo lleva a que de pronto alguien estalle y PUM. Ya está organizado el lío. Agravado por el calor sahariano que estamos padeciendo y por una creciente sensación de indefensión frente a la estupidez de la clase política. 

sábado, 2 de julio de 2016

UNIVERSITARIOS, UNIVERSIDAD Y OTROS ESTRENOS



Todos queremos algo.
Está claro que todos queremos algo. O todos hemos querido algo, o todos querremos algo. Quizás es un título poco estimulante para una película que merece no pasar desapercibida.  No se muy bien que tiene Richard Linklater para gustarme tanto. En realidad no soy fan suya en general, pero algunas de sus películas consiguen conmoverme y hacerme sentir una extraña felicidad. Una añoranza de algo que está latente en el fondo de mi misma aunque no me parezca ni me haya parecido nunca a estos estudiantes o al niño de Boyhood o a la pareja de la trilogía del Antes de… Creo que lo que me gusta mas de Linklater es su uso del tiempo. Una noche o un día en las tres Antes de...; doce años en Boyhood; tres días en este fin de semana que sirve para dejar atrás una etapa y empezar una nueva. Pero no se trata de la típica película de universitarios tipo Porky, ni tampoco un film al estilo American Graffiti. Linklater utiliza sus recuerdos de ese primer fin de semana en la universidad, para ofrecer  una descripción de las tribus de estudiantes y sus costumbres, vestuarios y músicas y hacer un retrato que de lo colectivo extrae lo individual. No podría decir cuál de esos jugadores de beisbol me cae mejor, todos forman parte de un jugador único con múltiples caras.  Y a veces coincides con uno y a veces con otro. Pero siempre acabas formando parte. Ese es su encanto, aunque tampoco sé si es un encanto compartido. Pero para mí, Todos queremos algo es de esas películas que me reconcilian con la vida.




Cursos de verano de La Universidad Complutensa de San Lorenzo del Escorial
De una universidad a otra muy distinta. Este año he vuelto por tercera vez a los Cursos de Verano de la Universidad Complutense de San Lorenzo del Escorial. Empieza a ser una costumbre que me gusta mucho. Es un espacio muy diferente a mi cotidianidad, con estudiantes y ponentes compartiendo ideas en las aulas y mesas en el comedor. Los cursos son muy eclécticos y te puedes encontrar de todo: ciencia, arte, política… Yo he estado en el que dirigía Manuel Hidalgo sobre el cine y la figura de Manuel Gutiérrez Aragón. Ha sido un lujo contar con su presencia, no durante las conferencias a las que muy sabiamente Hidalgo no le dejó asistir, pero si en las cenas y sobre todo en un encuentro/charla/entrevista que mantuvieron los dos Manueles. En el otro blog, el de los textos, cuelgo la conferencia entera por si alguien tiene ganas de leer lo que se me ocurrió escribir y pensar sobre el tema de Solitarios, desplazados y extraños en el cine de Gutiérrez Aragón.

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Demolición
En el fin de semana siguiente a las elecciones se estrena una película que deberíamos ver todos a ver si encontramos la manera de superarlas. Se titula Demolición, la dirige un canadiense Jean-Marc Vallé y la protagoniza Jake Gyllenhal, un actor que ha crecido ante las cámaras encarnando personajes siempre llenos de ambigüedad. El primero Donnie Darko, el último este ejecutivo dormido que despierta de golpe tras un accidente donde pierde a su mujer. No cuento más del argumento porque es tan obvio que no merece la pena desvelar lo que sucede. Lo que vale la pena es ver la película y asistir a ese proceso de demolición expresado de forma física de una manera envidiable (que levante la mano el que no ha querido romperlo todo alguna vez) en el que Davis poco a poco va recuperando el equilibrio. ¿Qué tendremos que romper para volver al equilibrio?

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Esperando al rey

También se ha estrenado otra película de titulo interesante: Esperando al rey. Cosa que estamos haciendo todos después de este remake fallido y absurdo de las elecciones. Claro que el rey que Tom Hanks espera en un desierto de pesadilla oriental no es exactamente el nuestro, sino el de Arabia Saudi, dispuesto a comprar el último grito en telecomunicaciones, una telefonía por medio de hologramas que, como es de esperar, acabará comprando a los chinos y no a los americanos. El auténtico rey de este film es Tom Hanks mas James Stewart que nunca; y el holograma lo hemos comprado entre todos el último fin de semana.

viernes, 24 de junio de 2016

AMIGOS


(con Daniel Monzón y Jaume Figueras en Puerto Rico, año 1994)
Un amigo feliz: Jaume Figueras
Jaume Figueras ha sido galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Cultural 2016.
Leer este  titular en la prensa del 16 de junio fue una auténtica alegría. Fue una sensación de esas que te hacen exclamar ¡BIEN!, así con mayúsculas. Conozco a Jaume desde hace tanto tiempo que no puedo acordarme. Bueno, si me acuerdo. Me acuerdo como si fuera hoy mismo. Yo sabía quién era él, por supuesto, y él sabía quién era yo, no tan por supuesto. Estábamos en 1984, yo empezaba a publicar en La Vanguardia, él, además de ser el único Mr, Belvedere posible de la revista Fotogramas, empezaba a dirigir un programa de cine en la recién nacida TV3. Y en Valencia, si en Valencia, durante la Mostra de aquel año, me propuso trabajar con él, con ellos. Desde entonces hemos seguido hablando, viajando, compartiendo el cine, las amistades, las alegrías, las pérdidas. Jaume ha sabido establecer un hilo umbilical transparente con su público, un público que se renueva generación tras generación sin perder ni un gramo de su entusiasmo. Supongo que esa ha sido una de las razones fundamentales de otorgarle este premio más que merecido. Porque Jaume Figueras habla de cine, de ese cine que es cultura, pero es también y  por encima de todo, una forma de relacionarse con el mundo.  Felicidades Jaume¡¡¡




Un amigo nuevo: Pius Alibek
Desde hace unos meses colaboro cada semana en un programa de BTV. Se llama Les 10 noticies, lo presenta Xavier Muixi. Es un programa informativo donde las noticias se enfocan desde ámbitos inesperados. A mí me toca tratarlas a través del cine. A Pius Alibek, le toca tratarlas desde las palabras y su etimología. Pius Alibek es iraquí, pero vive en Barcelona desde 1981. Habla idiomas extraños como el arameo o el kurdo, además de árabe, inglés, catalán y castellano. Es filólogo, lingüista y cocinero. Pius ha sido uno de los nuevos amigos que me ha proporcionado el programa. Otro es Joan Francesc Ainaud, que se encarga de hablar de las noticias desde el arte; y desde luego no puedo dejar de considerar nuevos amigos a Xavi, Sergi, Sonia y Marta.
Pero aquí y ahora, quiero hablar de un libro de Pius Alibek. Se titula Arrels nómades/Raíces nómadas, está escrito en un catalán precioso, pero también se encuentra en castellano. Cuenta su vida desde la infancia en una pequeña ciudad iraquí, su paso por el seminario, la vida universitaria en Bagdad, el desierto y toda su belleza y la enorme vida que encierra, la guerra… Es un libro de memorias sin serlo. Es sobre todo un retrato de un mundo que ya no existe, Irak es uno de los países más castigados en el siglo XXI y el territorio de la infancia y adolescencia de Pius prácticamente ha desaparecido. Pero si los nombres que evoca, Basora, Bagdad, suenan a las mil y una noches, lugares lejanos y exóticos, sorprende encontrar en sus páginas situaciones y personajes que son tremendamente cotidianos y cercanos. Arrels nómades deja muy claro que los seres humanos tenemos los mismos deseos, y las mismas frustraciones en todas partes.



Amigos y amigas
Estos no son exactamente amigos míos, lo son entre ellos. Estoy hablando de Dory, la pececita azul y amarilla desmemoriada y simpática, imaginativa y poco ortodoxa que ayudaba al padre de Nemo a buscarlo hace unos años y que ahora vuelve en plan estelar en este Buscando a Dory de Pixar/Disney. Lo confieso, soy una fan de Pixar. Me rindo ante sus personajes llenos de vida, de ternura, de sentimiento (nunca de sentimentalismo) de solidaridad y de optimismo. Como Dory que a pesar de olvidar continuamente dónde está, qué quiere hacer o porqué dice lo que dice, tiene muy claro que debe encontrar a su familia, su padres, aunque solo sea para descubrir que su otra familia, Nemo y Marlin son tan importantes o más que los verdaderos. Desmemoriada como es, repite continuamente las cosas para no olvidarlas y quizás por eso el film es como esos cuentos que los niños piden una y otra vez: cuéntamelo otra vez, pero ¡no cambies nada!. Dory lo cuenta y uno no se cansa de escucharla y de descubrir a la tiburona cegata, al delfín sordo, al pulpo cascarrabias, los leones marinos vagos. Ah! Me olvidaba. Hay un corto antes tan bonito como la película. Se llama Piper, es una lección de aprendizaje en cinco minutos impecable. Y también una recomendación: si van a ver la película, esperen a que se acaben los créditos. Son largos, hace falta mucha gente para hacer un film así, pero tienen sorpresa final.

Amigos que se van
No tengo palabras. Escribo esta coda al post de los amigos la mañana de San Juan con la noticia de que ha ganado el Brexit en Gran Bretaña. Tengo la sensación de que estamos en el principio de una época histórica que no me gusta nada. Todos pagaremos las consecuencias de esta irresponsabilidad. Y si no esperen: Trump en noviembre, Marine Le Pen el año que viene, y una larga lista de nacionalistas feroces que prefieren hundirse solos que intentar salir adelante entre todos. Lo siento por las nuevas generaciones. Los que tenemos una edad, podemos decir que hemos disfrutado del mas largo periodo de prosperidad del mundo, de Europa y de España. Pero a ellos les va tocar construir desde la destrucción de los ideales de solidaridad y libertad. 

jueves, 23 de junio de 2016

DIEZ AÑOS SIN JORDÁ


(Roberto Turigliato y Joaquín Jordá en Barcelona, junio, 2006)

Mañana 24 de junio, se cumplen diez años de la muerte de Joaquín Jordá. El tiempo es una cosa terrible, nos persigue, y no nos deja darnos cuenta de que pasa. Diez años ya desde que preparábamos juntos el libro y la retrospectiva para el Festival de Turín; diez años en los que el mundo ha cambiado, el cine ha cambiado y él seguramente habría cambiado. Porque Joaquín cambiaba, se movía, renacía constantemente.
He vuelto a leer lo que escribí en el libro de Turín  pocos días después de su muerte (si alguien quiere leer el texto entero, lo cuelgo en el otro blog). Entre otras cosas recordaba mi último encuentro con él, cuando le presenté a Roberto Turigliato, director del festival italiano:
“Fue puntual y más que puntual. Llegó incluso antes de la hora. Esa conversación bajo un sol de justicia un día de junio, iba a ser la última que tenía con él. Roberto y Joaquín se entendieron muy bien. Hablaban el mismo idioma (y no me refiero al italiano), Roberto escuchaba con atención las cosas que Jordá le contaba de su etapa italiana, de su vida en Roma, de los films que había hecho para el Partido Comunista Italiano, del proyecto de hacer una película sobre la mujer de Toni Negri, de su último encuentro con el ex brigadista en San Sebastián un par de años antes. Habló de sus proyectos y de la ilusión que le hacía la retrospectiva de Turín. Al acercarse la hora de la presentación del libro de Laia Manresa, le recordé que debíamos ir al Palau Marc. Se sintió ligeramente desorientado al bajar a la calle, pero enseguida aceptó la ayuda para llegar al lugar donde le esperaba una Laia nerviosa pero feliz.

No había mucha gente en la sala, pero todos eran amigos. Roc Villas los presentó, Laia leyó la introducción del libro y luego habló él. Habló de Laia, de la gente que trabajaba con él, de sus chicas, de sus alumnos, de su vida. Habló de su enfermedad con una entereza y una sencillez que desarmaba; habló del ictus, del coma, del cáncer. Habló de cómo había cambiado su vida para bien después de cada uno de estos “incidentes”. “Nunca habría hecho las películas que he hecho si no hubiera tenido el infarto cerebral. Mi idea, antes de eso, era retirarme a leer todo lo que me faltaba por leer y releer todo lo que quería releer. Como me quedé sin esa posibilidad, busqué en la imagen una ayuda y la imagen me llevó a hacer el cine que he hecho en estos diez años”. Habló del cáncer no como un enemigo al que vencer, sino como algo con lo que convivir, aprendiendo de él cada día. Habló del inmediato pasado y el inmediato futuro. Acabar el film que tenía entre manos, comenzar el musical… Fue impresionante. Entonces no me di cuenta, pero fue una despedida.”


(Joaquín en los años italianos)

Estos días he pensado mucho el él. Me acordé de Joaquín viendo las tres entregas de Las 1001 noches de Miguel Gomes. Creo que ese cine le habría encantado. Hablar del ahora y el aquí, a través de la fantasía, la imaginación y la libertad. Joaquín sigue en la memoria  de mucha gente. Lo pude comprobar hace unos días cuando Luis E. Parés, mostró uno de sus cortos italianos que se creía perdido  y que él recordaba bajo el título. Il per chè del dissenso: “ Parte de una “crónica de sucesos”, la bomba que los fascistas italianos arrojaron en el lugar donde se reunía una especie de Concilio paralelo de “curas rojos”. Acudí allí con la cámara, filmé los restos de la bomba y algunas intervenciones, y convoqué en otro lugar a los curas vascos asistentes para que hablaran de Euskadi. Supongo que la copia se ha perdido.”

Ver esta pieza de arqueología fue muy interesante; oír su voz juvenil, fue un shock para muchos; comprobar que su discurso seguía siendo vigente, una constatación de que era una persona que estaba siempre atenta a todo lo que pasa. También me sirvió para pensar que Jordá se habría reído mucho de ese acto tan protocolario. Seguro que le habría dado la vuelta.

sábado, 18 de junio de 2016

EL BOSCO Y LOS PINZONES


(una de las “arquitecturas mas inquietantes del cuadro de El Bosco)

La semana pasada hablaba de que se había estrenado de una forma inusual y arriesgada el documental de López Linares sobre El Bosco. Ahora lo he visto y puedo comentarlo.
Lo primero es destacar el hecho de que el film se haya estrenado como un evento, un acto, más que como una película. Me parece una buena idea para dar relieve y distinguir un producto que se debe consumir no como simple entretenimiento, que lo es, ni tampoco como solo cultura, que también lo es. Es una idea de riesgo ofrecer el film como si fuera una obra de teatro o un concierto. Pero algo ha fallado en la comunicación y por eso ha sido difícil verlo. El camino me parece bueno, pero se tiene que encontrar la forma de que la gente, el público potencial de este tipo de productos, se entere y vaya a verlos.
Y ya en materia del documental. Dos cosas.
La primera es agradecerle a la película las ganas que despierta de ver el cuadro El jardín de las delicias, directamente o a través de imágenes, de sumergirse en él, descubrir las sirenas, las frutas, los instrumentos, los animales. Ver las caras y donde miran, las escenas de amor, intuir su arquitectura interna, las máquinas de anticipación futurista de ese jardín del edén. El jardín de las delicias es un cuadro lleno de misterio, de múltiples lecturas, de ensoñaciones. Es también un retrato de su tiempo, tanto de la vida cotidiana como de los monstruos y fantasmas que poblaban la imaginación en ese momento de transición entre la Edad Media y el Renacimiento.  También de su sabiduría, las artes ocultas que empezaban a dejar de serlo como anticipo de las ciencias.
El Bosco es un personaje de leyenda que merece una novela o muchas novelas, como dice Salman Rushdie, uno de los que se ponen delante del cuadro y lo miran.
Y esa es la segunda cosa que me gustaría destacar. El cuadro está ahí para ser mirado. Desde siempre, desde su creación, desde que se pintó. Y es la mirada la que completa el cuadro (esto vale para toda la pintura, para todo el arte que intenta llegar al espectador, no excluirle y considerarle un ignorante incapaz de entender lo que el artista quiere expresar y que no se entiende a ningún nivel). El Bosco pintaba para la gente y es la gente la que mira el cuadro y se queda con una cosa u otra. Y en esta mirada, el que queda retratado es el que mira, ya que proyecta en el cuadro su inteligencia, su sensibilidad, su capacidad de emocionarse o de ir mas allá. Esa mirada dice mucho de cada uno de los que en la película se posicionan delante del cuadro y a algunos, la verdad, no les hace ningún favor. Lo que la mirada de la gente ve en este cuadro es a si mismos, afirma uno de los mejores interlocutores del cuadro. Y tiene razón.
El Bosco, el documental, es un primer paso de aproximación al cuadro y al pintor, quizás una aproximación un tanto académica, un poco acotada en la historia. Pero se siente en la selección de imágenes y en el contrapunto musical, que su director no es ajeno a ese misterio que emana del cuadro. Y por eso cierra el film con unas palabras que dan la clave de su propia posición delante del cuadro. El cuadro quiere atrapar al espectador, ser entendido, pero no del todo. El autor no quiere que resuelvas el misterio. Quiere que permanezcas en el misterio.




(estos pájaros del cuadro El jardín de las delicias son una buena ilustración para la película de Miguel Gomes)
Este viernes se ha estrenado la tercera parte de Las 1001 noches de Miguel Gomes. El tercer volumen se llama El encantado y es, de los tres, el más sorprendente y también el más hermoso. En esta tercera entrega Sherezade aparece ante nuestros ojos en un largo paseo fuera de la ciudad. Intuye que su fin está cerca y quiere ver el mundo antes de que el sultán la mande decapitar. Se encuentra con múltiples personajes, cada uno de ellos susceptible de ser objeto de una historia. Pero ella sigue. Al final del día vuelve al palacio y empieza contar la mas extraña de sus narraciones: El embriagador canto de los pinzones. Prácticamente sin hablar, con los trinos de los pájaros estableciendo un diálogo musical entre ellos y una serie de letreros semi explicativos, este largo episodio se mueve entre el documental sobre un submundo desconocido para la mayoría, el de los criadores de pájaros que también retrato Marc Recha en Petit Indi, y una mirada sobre una zona marginal de la ciudad, de la sociedad, del mundo.
Esta semana se pueden ver las tres entregas. Una cada dos días es lo que su autor recomienda. Si pueden, no se las pierdan. Pocas veces se ve un retrato tan preciso de la realidad contemporánea a través de una mirada que va de la poesía a la comedia, de la fantasía al western, del cuento oriental a la broma mas actual. Y todo con una gran belleza.

 LES COWBOYS

De los estrenos de esta semana, solo quiero destacar uno, Mi hija, mi hermana, del francés Thomas Bidegain. Remake confesado de Hardcore, de Paul Schrader que a su vez era un remake confesado de Centauros del desierto, de John Ford, este film que en su título original se llama Los cowboys, (buen punto de enlace con Ford) tiene el acierto de convertir el submundo del porno y la droga de la película de Schrader, en el submundo del terror y el aislamiento del yihadismo contemporánea. El viaje al fin de la noche de un padre y su hijo tras las huellas de una niña perdida, es tan terrible por su dilatación en el tiempo (espléndidas elipsis temporales resueltas con una sola frase) como en su constatación de que es un viaje sin retorno. Kelly nunca volverá a casa, ni tendrá, como Debbie en Centauros, una segunda oportunidad. Estupenda película, debut del guionista de las tres mejores películas de Jacques Audiard: Un profeta, De óxido y hueso, Deephan.