sábado, 14 de mayo de 2016

500 ENTRADAS¡¡¡


Espías en el cielo
Un ojo en el cielo que lo ve todo. Un ojo que vigila cualquier espacio por pequeño que sea. Eso es lo que cuenta este interesantísimo thriller bélico y político. La guerra en el siglo XXI no tiene nada que ver con las guerras anteriores. Es una guerra global que se organiza desde espacios cerrados y muy alejados entre si, conectados por la tecnología. Una guerra del futuro para combatir la barbarie del pasado, una barbarie que hace que sus gentes vivan en el miedo y el atraso más absoluto, que obliga a sus soldados a sacrificarse en nombre de una religión mal entendida. Hay en esta película dos momentos que para mí son los más terribles: en esa ciudad de Nairobi, en una barriada dominada por las corrientes islamistas más extremas, un padre intenta enseñar a su hija de nueve años a leer y a jugar, pero debe esconder los libros cuando llega cualquier extraño y debe regañar a su hija por jugar cuando hay visitas. Otro pequeño apunte: en el mercado, un soldado recrimina duramente a una mujer porque enseña las muñecas. Son dos momentos que pasan casi desapercibidos en medio de la tensión dramática de esa operación global en la que una coronel británica dirige desde una base inglesa un ataque a una casa en Nairobi donde se encuentran cinco terroristas, con la ayuda de un dron americano manipulado desde Las Vegas, el control de datos desde una base en Hawai, y con el apoyo directo de los militares africanos que operan en el territorio gracias a pequeños artilugios que lo ven todo. La pregunta que plantea el film y que se plantean políticos y militares con respuestas distintas en función de los intereses de unos y otros es ¿se puede sacrificar una vida humana para salvar la de ochenta? ¿Es más importante salvar una niña que acabar con cinco de los terroristas más buscados del mundo que están a punto de cometer dos atentados suicidas?  La película no da respuestas claras, ofrece los argumentos de todos y deja que sea el espectador el que decida si vale la pena o no. Estamos ante un film que nos obliga a pensar y a tomar posiciones.


  
High Rise/Rascacielos
¿Qué habría hecho David Cronenberg con esta novela de Ballard? Si recordamos Crash, podemos imaginarlo. Y si lo imaginamos, mejor que no lo haya hecho. La película sería insoportable. Ben Wheatley no es Cronenberg, pero no puede evitar ilustrar a Ballard y Ballard es implacable. Uno de los aciertos de la película es estar situada tanto por vestuario como por lenguaje, en los años setenta (la novela es de 1975). El otro acierto es el de no perder nunca de vista el personaje guía que nos conduce en ese rascacielos de podredumbre y de ruina del que es prácticamente imposible salir. Un rascacielos que se convierte en símbolo de la sociedad de clases, arriba los poderosos, abajo los explotados, sin que unos sean mejores que otros; un rascacielos donde la tribu se impone a la colectividad. Cuando el individuo desaparece, la sociedad tiende a convertirse en caos. Rascacielos de Ballard lo cuenta muy bien en ese espacio que podría ser el de El ángel exterminador.

Historia de Nuestro Cine
El programa de la 2 de TVE que desde hace justo un año ofrece cada semana la posibilidad de recuperar cinco películas españolas del siglo XX agrupadas de forma temática, está siendo sin duda una enorme fuente de sorpresas. Cada semana presenta películas de distintas décadas, cine de los años cuarenta y cincuenta, hecho en pleno franquismo, junto al cine de la transición y de la democracia. Un cine del que nos hemos olvidado y al que una serie de tópicos encierra en un gueto histórico/ideológico que el programa se encarga de demostrar semana a semana que debe ser revisado con ojos no condicionados por las ideas políticas. Esta semana en concreto, Historia de Nuestro Cine la dedica a las películas españolas que han estado en el Festival de Cannes y no tengo ningún reparo en recomendar que no se pierdan la primera: Doña Francisquita, de Ladislao Vajda, 1952. Una película moderna en su estructura, divertida en su argumento, arriesgada en su estética y colores y con una secuencia absolutamente insólita en el cine español de entonces (y de ahora).


sábado, 7 de mayo de 2016

OLIVOS



El día que Icíar Bollaín empezó el rodaje de El Olivo, le mandé  la imagen que ilustra este post. Es una mujer dormida bajo la sombra de un olivo milenario, un cuadro que transmite  un “estado de  ausencia en la mujer y el árbol, un deseo  de felicidad”, en palabras de la amiga que tiene este cuadro en su casa. A Icíar le gustó mucho el cuadro y me comentó que pensaría en él cuando se agobiara en el rodaje. Creo que, por suerte para ella, no tuvo mucha necesidad de recurrir a serenarse con la pintura porque El olivo fue un rodaje muy feliz, lo que no quiere decir tranquilo ni fácil.
Ahora se ha estrenado por fin la película escrita por Paul Laverty y dirigida por ella. He de reconocer que la empecé a ver condicionada por el cuadro y lo que en mi evoca. Y quizás por eso en un primer visionado me sentí un poco defraudada. Es un error que cometemos mucho (críticos y espectadores), proyectar en la película lo que nos gustaría ver. Fue después de una segunda vez cuando me di cuenta que Icíar y Paul habían hecho su película, (no la mía) y que era así como debía mirarla. Al cambiar de punto de vista pude apreciar lo mucho que hay de Icíar en una película que es totalmente de Paul.
Me explico: Paul Laverty es el guionista habitual de Ken Loach. Paul tiene, como el director inglés con el que se entiende a la perfección, una mirada crítica sobre la sociedad, una mirada siempre condicionada por la realidad a la que no duda en denunciar en todas sus injusticias. La idea de contar la historia de un olivo milenario, arrancado de su lugar de origen y utilizado como ornamento de una multinacional que explota el medio ambiente, es Paul 100%. Pero Icíar no es Loach. Icíar tiene su punto de vista mucho menos doctrinal (sin dejar de reivindicar el mensaje). A Icíar le gustan las personas. Y en ellas se fija. Y en ellas se apoya. Por eso en esta aventura, una olivo movie, tiene tanta importancia el personaje de Alma, la nieta empeñada en devolver la vida y el habla a su abuelo; pero también es importante Alcachofa, ese tío que hace lo que sea por ayudar a su sobrina y Rafa, ese amigo que la adora y lo deja todo para acompañarla en su búsqueda. Cuando los tres están juntos en la pantalla, el nivel sube y sube. Yo me quedo con esos momentos en que Alma está todo menos dormida como la mujer del cuadro, y que, sin embargo, son los que me permiten evocar el sueño que retrata: el sueño de alcanzar un imposible.


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Mayo de 1940
El tema de los refugiados no es nuevo. En la reciente historia de Europa ha habido muchos refugiados huyendo de la guerra y el hambre y moviéndose en masa por las carreteras arrastrando lo poco que tienen. Mayo de 1940 nos recuerda uno de estos éxodos olvidados y podríamos decir que absurdos e innecesarios: el de casi ocho millones de franceses que se lanzaron a las carreteras huyendo de la invasión alemana. No sirvió de nada esta huida ya que al poco tiempo Francia capituló frente a Alemania y los refugiados volvieron a sus tierras. El film de Christian Carion cuenta esta historia desde el punto de vista de la gente, los que entienden porque han de irse y los que no. La gran virtud del film es que no haya ni buenos ni malos, solo gente desorientada que busca una manera de sobrevivir en un mundo caótico y sin reglas.
La película me ha hecho pensar en los miles de refugiados que están ahora mismo en campos de acogida (iba a escribir concentración, pero no es lo mismo) y que deambulan como almas errantes de un país a otro. Tengo que confesar que esta crisis de los refugiados me provoca una cierta contradicción. Por un lado, si pienso en los seres humanos arrastrados a este éxodo dejándolo todo atrás, y veo como se los trata en las puertas de esa Europa que creen es el paraíso, me sublevo y me indigno. Pero si consigo hacer abstracción de las vidas humanas y lo veo con una cierta perspectiva, me pregunto a quién beneficia este cruel tráfico de seres vivos. Porque no entiendo que ha motivado que de repente (hace tiempo ya de la crisis, pero apareció de pronto un día sin mas) se haya producido este movimiento. La guerra en Siria hace cinco años que dura y solo hace unos meses han empezado a salir los sirios. ¿Por qué no antes? Y ¿por qué hay tantos refugiados que vienen de Pakistán, de Afganistán, países donde las guerras son endémicas desde hace casi quince años? No tengo una respuesta clara. Pero en mis manías conspirativas no puedo dejar de pensar que hay fuerzas económicas y políticas a las que les interesa crear un conflicto en Europa que dinamite desde dentro los fundamentos de la propia Unión Europea. Obligando a los países a enfrentarse al dilema de acoger a esa masa ingente de seres perdidos, les fuerzan a entrar en contradicción y eso favorece el crecimiento de corrientes xenófobas, racistas y sobre todo antieuropeistas que les van muy bien a todos aquellos (de derechas y de izquierdas) que están poniendo en duda la misma idea de Europa. 
Me parece tan amoral y tan indigno que se use a los refugiados como arma arrojadiza de acusaciones en uno u otro sentido y que se les utilice como instrumentos de desprestigio sin tener en cuenta que estamos hablando de personas, de seres humanos, de gente desplazada y asustada a los que hay que acoger y cuidar, pero sobre todo a los que hay que ayudar para que puedan volver a su tierra, a su pueblo, a su lugar.

Recuerdo los relatos de mis padres, ambos refugiados, perdedores de la guerra civil española, caminando en las carreteras rumbo a esa Francia que los encerró en campos de concentración pocos meses antes de que los propios franceses iniciaran el éxodo que retrata el film de Carion, Lo tengo demasiado presente como para no comprender el dolor de los hombres, mujeres y niños que vemos en todos los telediarios. Pero tengo también muy presente lo que mis padres contaban: no queríamos irnos y solo pensábamos en volver. 

sábado, 30 de abril de 2016

PREMIO


El martes pasado, 26 de abril, me entregaron el Premio Alfonso Sánchez que otorga la Academia de Cine Español. Fue un día muy bonito, muy emocionante. Había mucha gente acompañándome y otra mucha me mandó mensajes desde distintos sitios. He de confesar que antes de recibirlo estaba muy nerviosa. No sabía que podía pasar ni cómo iba a reaccionar. Pero fue entrar en el acogedor bar de la Academia, donde me encontré con muchos amigos, y pasarse todos mis miedos. El acto lo presentó Edmon Roch y para mí fue muy significativo que lo hiciera él al que conozco desde que era casi un crío. Me sentí feliz de verle ahí, todo un vicepresidente y uno de los grandes productores de este país. Luego proyectaron un vídeo que me hizo emocionar, especialmente las palabras de Marta Esteban recordando nuestras vidas paralelas desde que teníamos 13 años. Después me tocó a mí. No había preparado nada. Solo tenía el principio de lo que quería decir: “Si mi padre viviera, hoy sería su cumpleaños, y seguro que estaría muy orgulloso y feliz, pero también muy sorprendido de que me dieran un premio por esa cosa absurda con la que me ganaba la vida: escribir de películas.” También tenía el final: “Yo no estaría aquí si Ramon Herreros, mi marido, no hubiera traído la oficina de la Filmoteca Nacional a casa en aquel lejano 1976. Seguramente sería urbanista, que era mi profesión y no crítica de cine, así que a él se lo debo en gran parte.” Entre medio improvisé y agradecí a todos los que estaban ahí y los que no estaban que escribieran, dirigieran y produjeran cine, porque sin ellos, yo no tendría nada que hacer.
Fue un día de aquellos que se recuerdan y que marcan un punto, no de final, pero sí de inflexión. Espero seguir escribiendo de cine (español y de todo el mundo) muchos años más.  Pero lo que este premio ha significado para mi no se volverá a repetir.




TRUMBO Y LOS GUIONISTAS



( la razón de esta foto la encontrarán en la segunda parte de esta entrada)

El macartismo y la caza de brujas han sido tratados en el cine desde muchos ángulos y con muchos matices. Las listas negras que llenaron de parados la industria de Hollywood (y de paso llenaron las cárceles) han alimentado muchas ficciones. Unas mejores que otras. Trumbo viene a sumarse a ese subgénero de caza de brujas centrándose en el personaje del guionista Dalton Trumbo. Es de agradecer al director Jay Roach y especialmente al actor Bryan Cranston que este biopic hollywodiano no tenga el tono moralizante de este tipo de films. El Trumbo de Cranston tiene un punto de prepotencia, de superioridad, de desprecio y de avaricia, que le hace aparecer mucho más humano que si lo hubieran presentado como un héroe luchando por la libertad. Trumbo lucha, si, pero en primer lugar por él mismo, no solo por su dignidad, también por su nivel de vida. Retrato de una época en la que Holllywood era una cárcel dorada con barrotes invisibles que impedían respirar a sus profesionales, este Trumbo podría hacer un bonito programa doble con ¡Ave César! de los Coen. Los dos hablan de guionistas amordazados.

La que no está nada amordazada es Paz Alicia Garciadiego que, junto con Arturo Ripstein, estuvo en Barcelona hace unos días para presentar la retrospectiva que le dedica la Filmoteca de Catalunya. Ácidos, rápidos, irónicos, inteligentes, brillantes, Arturo y Paz dieron una lección de cómo se puede trabajar juntos desde hace más de treinta años y no haber muerto en el intento. Y ella, en especial dio una lección de lo que es escribir un guión. Me quedo con algunas perlas de ambos: Hay que establecer un pacto de verosimilitud con la historia (no que sea realista, que sea verosímil en si misma); la manera de contar el cuento es el cuento (la forma es tan importante como el contenido, por eso se entienden tan bien: ambos se respetan en sus territorios); el arte le da estructura a la realidad (la realidad nunca está estructurada, es el arte el que la ordena).

Me gustó mucho reencontrarme con ellos y recordar que fue hace casi veinte años¡¡¡ (¡Por Dios, como pasa el tiempo!) que Andrea Martini y yo hicimos el libro sobre Arturo y Paz para el Festival de Turín. En este recuperar textos históricos, he puesto en el otro blog un retrato a dos voces que escribí sobre ellos en ese libro. 

MARCIANADAS

Se han estrenado esta semana dos películas españolas “marcianas”. Son marcianas por distintas razones, pero las dos son raras.




(no suelo poner fotos de la película, pero esta me gusta mucho)

La primera “marcianada” se titula Crumbs y se puede ver en algunos cines de España: Barcelona, Valencia, Madrid, Vigo... La dirige Miguel Llansó y en su producción están implicados algunos de los directores y guionistas mas imprevisibles del cine español: Velasco Broca, Quino Piñeiro… Hace un par de años, Carlos Losilla organizó un ciclo dentro del Festival de Cine de Autor, titulado “El otro cine español”. Entonces escribí en el blog:

El común denominador (si es que lo hay) entre todas estas películas, es su carácter de “no ficción” o por lo menos “no ficción” convencionalmente entendida. Es lógico. Realizadas casi sin medios y como actos de voluntad, es evidente que resulta mucho más fácil mirar la realidad que ya existe que inventarla. Se trata de reconvertir esa realidad  en algo personal a través de la mirada de un director o un colectivo, pero en el fondo, no deja de ser la realidad que te rodea. El gran reto del Otro Cine Español, es llegar a dejar de ser Otro, incluso a dejar de ser Español y convertirse simple y sencillamente en Cine. En cine que cuenta historias que no necesariamente tiene que ser pesimistas, oscuras, o deprimentes, que pueden arriesgarse a ir más allá.

Pues bien, uno de estos nuevos otros, Miguel Llansó, ha decidido hacer simplemente CINE, se ha arriesgado y ha conseguido hacer una película inclasificable, insólita, sorprendente, marciana, nunca mejor dicho. Rodada en Etiopia y con actores etíopes, Crumbs habla de un mundo post apocalíptico en el que una nave espacial domina el cielo hacia el que miran Candy y Pajarito, dos personajes inesperados tanto física como espiritualmente. Se ha hablado de Werner Herzog como referente en cuanto a los paisajes, desiertos y selvas, magníficamente filmados por Israel Seoane; se evoca a David Lynch por los espacios abandonados y los lugares en ruinas que recuerdan extrañamente a Cabeza Borradora; pero Crumbs tiene también algo de la inocencia de Ed Wood y en otro terreno respira la atmósfera de La Torre Oscura de Stephen King. Crumbs tiene mucho del descaro de quien sabe que puede hacer lo que le dé la gana porque es el único dueño de su historia: una tortuga ninja volando en el espacio, un Santa Claus encerrado en una cueva, un alienígena nazi con máscara. Todo vale en esta inmersión en una ciencia ficción renovada que habla de las migajas que dejamos para el futuro, restos de una civilización plastificada. Todo vale, sobre todo porque la realización y la producción están muy cuidadas, porque los actores funcionan en su anormalidad y muy especialmente porque se invita al espectador a dejarse llevar por un cine que es todo menos adormecedor.


(el cartel de la película ya da idea de que estamos antes un film poco convencional)

La segunda marcianada de la semana se titula Quatretondeta y está dirigida por Pol Rodríguez. Aquí estamos ante un film completamente distinto por producción y por presupuesto. Pero no tan alejado de Crumbs en cuanto a intenciones. Aunque  Quatretondeta no es una película de ciencia ficción, su personaje principal, ese Tomás perdido en el paisaje que interpreta José Sacristán, no está tan lejos del Candy de Crumbs. Ambos son seres marginados en el mundo y ambos buscan un objetivo. Claro que el de Tomas es mas comprensible: enterrar a su mujer en Quatretondeta donde ambos vivían. Y para conseguirlo no dudará en embarcarse en una aventura inverosímil a la que hay que mirar no buscando la realidad, no intentando entender lo que pasa, sino como un sueño, un cuento, una fantasía mental en la que un ogro (Sergi López) impide al héroe cumplir su destino y una princesa dormida  (Laia Marull) acaba por despertar gracias a un anciano que le devuelve la vida no con un beso sino con una misión. Rodada íntegramente en el campo alicantino, los paisajes y los espacios son tan importantes como los personajes. No le pidan a la película lo que no puede dar. Déjense llevar por ese Tomás desmemoriado y enamorado hasta el punto de… no cuento mas.






sábado, 23 de abril de 2016

FESTIVAL D'A Y OTRAS COSAS



D’A 2016
El Festival de Cine de Autor de Barcelona que dirige Carlos Ríos acompañado de un pequeño pero muy eficiente equipo, llega a su sexta edición y sigue creciendo. Los diez días que dura son una oportunidad única de reencontrase con viejos conocidos que casi siempre acuden a las citas del festival, Philippe Garrel, Sharunas Bartas, Guy Maddin, Aleksander Sokurov. Pero también es la ocasión de descubrir nuevos talentos que sumar a la lista de autores y ahí aconsejo que se arriesguen o se dejen guiar por el director o por algún crítico de confianza. En todo caso, si están en Barcelona o cerca, no desaprovechen esta oportunidad.



(en esta piscina solo han pasado cosas buenas, pero sirve para enmarcar las dos películas)

Cegados por el sol
La película que ha inaugurado el D’A de este año ha sido Cegados por el sol, que acaba de estrenarse. Fui a verla sin saber nada de ella y mientras la veía pensaba: esto me suena, esto lo he visto. El  misterio se aclaró cuando al final descubrí que era un remake de La piscina de Jacques Deray, el film que volvió a reunir a Alain Delon y Romy Schneider años después de separarse. Cuando llegué a casa busqué a ver si encontraba La piscina, y si, está en Filmin. La comparación entre las dos películas es muy dura para la más antigua. El film de Deray ha envejecido muy mal. Pero no sus protagonistas.
La Marianne de Romy Schneider le planta cara a la esbelta Tilda Swinton y sale ganando en su morbosidad; entre el Jean-Paul  de Alain Delon y  el Paul de Matthias Schoenaerts la verdad es que hay una dura competencia: los dos son actores muy guapos y muy seguros. En cambio entre Maurice Ronet, tercer elemento en discordia, y Ralph Fiennes, gana por goleada Ralph, su personaje crece en todos los sentidos con la exuberante excentricidad y la fragilidad que esconde el Harry que interpreta en Cegados por el sol. Pero si Ralph gana a Maurice, Jane Birkin se merienda a la pobre Dakota Johnson solo con un parpadeo. Penélope es Jane y su extraña ambigüedad; Dakota, con su plana cara de pan, es incapaz de cualquier expresividad.
En cuanto a las peliículas, la versión de Luca Guadagnino es mucho más interesante que la de Deray. La piscina era un melodrama de gente guapa y ociosa. Cegados por el sol es un melodrama donde juega un papel muy importante el miedo al fracaso (la mudez de Marianne es sintomática), la sensación de que la vida se escapa por todas partes y la mala conciencia de la gente rica que ve pasar por su lado la desgracia de los otros sin prestarle atención.Ni una ni otra son grandes films pero una y otra tienen su interés y son, ambas, muy agradables de ver.




(mi primera crítica)

 La Vanguardia
Acabo de leer el libro de Lluis Foix, Aquella porta giratòria. Lo he leído con ganas porque en algún momento de mi vida también pasé por esa puerta giratoria. La del edificio de La Vanguardia en la calle Pelayo de Barcelona. Foix habla de un  país, una ciudad y un diario que ya no existen. Para mejor, me atrevo a decir. Aunque en la memoria hay momentos, sobre todo de aquella redacción, que se añoran.
Foix recuerda sobre todo de los años 70 y primeros 80, desde que entró como simple becario hasta que llegó a director durante un tiempo. El libro se acaba casi en las mismas fechas en que yo empecé a colaborar  en las páginas del periódico. Nunca se me había ocurrido que podría ser crítica de cine. Yo trabajaba en la Filmoteca, ya de la Generalitat, cuando me llamó Félix Fanés para proponerme compartir con él la crítica de cine de La Vanguardia. Mi audacia y mi inconsciencia me hicieron decir que si. Nunca antes había escrito una crítica. Pero me fui al cine y la escribí en aquellos papeles especiales que te dejaba el diario para que te ajustaras a los caracteres que te pedían. Mi primera crítica salió el 19 de noviembre de 1983. Y allí empezó todo.

La critica era de la película Cielo líquido, de Slava Tsukerman. Si alguien tiene la curiosidad de leerla, este es el enlace a la hemeroteca de La Vanguardia:





sábado, 16 de abril de 2016

FABRICE LUCHINI Y EUROPA


1. Fabrice Luchini
"Quand t'es pas de gauche, tu peux être moyen. Quand t'es de gauche, c'est l'excellence : le génie moral, le génie de l'entraide... C'est trop de boulot ! (...) Moi, mon fonds de commerce, ça a plutôt été de voir ce qui est petit, moyen, minable chez les êtres humains." (1)

Una gran frase de Fabrice Luchini, un hombre libre, que no duda jamás en alinearse con lo que le parece justo a él, no lo que la presión social le obliga decir que está bien. Como me gusta este actor. Desde siempre. Lo descubrí en Perceval le Gallois, de Rohmer, con una mirada perdida y un físico ambiguo. Luego lo fui viendo en distintas películas, de Rohmer sobre todo, pero cuando de verdad me ha enamorado es en los últimos cinco años.  Piensen, si no, en películas como Potiche y En la casa, de François Ozon, Molière en bicicleta, de Philippe Le Guay. O las dos que se pueden ver en estos momentos en nuestras pantallas, Primavera en Normandía, de Anne Fontaine y El juez, de Christian Vincent. Fabrice Luchini se ha hecho mayor  con una dignidad envidiable y con mucha mala leche. Nadie mejor que él puede encarnar esos personajes que están en medio: en medio de la edad, en medio del paisaje, en medio de la sociedad. Como el profesor de En la casa, o el actor retirado de Molière o sin duda ese panadero fascinado por Flaubert que ve en su vecina una Emma Bovary en potencia. Pero sobre todo ese juez, Michel Racine, duro y austero, aburrido y encerrado, que se derrite como un azucarillo cuando se reencuentra con  Ditte Lorensen-Cottret, una mujer que ha sido la única capaz de romper su cascarón de soledad. Un humor sutil, la mirada de Luchini y de Sidse Babett Knudsen, al final de la película, el ambiente de la provincia, todo es perfecto en este film que merece no pasar desapercibido. He visto que la última película de Luchini, Ma Loute, de Bruno Dumont, está en la programación de este nuevo Cannes tan conservador y previsible. Ojala la veamos pronto aquí.

(1)   Cuando no eres de izquierdas, puedes ser normal. Cuando eres de izquierdas, tienes que ser excelente: el genio moral, el genio de la autoayuda… ¡Es demasiado trabajo! Yo, en realidad, prefiero preocuparme de lo que es pequeño, mediocre y miserable en los seres humanos.



2 Crossing Lines
Crossing Lines es una serie europea. Hace unos años, esto sería un problema (¿recuerdan el europudding y sus nefastas consecuencias en el cine?). Crossing Lines es europea, pero no es europudding. Es algo más.  Es inglesa, es francesa, es alemana. Tiene actores italianos, irlandeses, franceses y americanos. Pasa en toda Europa y los escenarios son uno de sus principales atractivos, al menos en la primera temporada. Pero lo que me parece más interesante de Crossing lines, es decir cruzando líneas, en este caso fronteras, es la reivindicación de una policía multinacional capaz de actuar en toda Europa bajo el paraguas del Tribunal Penal de La Haya. Una policía que a veces es aceptada por las policías locales y otras veces es atacada y combatida en aras de la tan sobrevalorada soberanía nacional. Los capítulos son más o menos interesantes, se resuelven de forma casi siempre inverosímil, pero el fondo de la serie es realmente importante. Hay un capítulo en la segunda temporada, se titula La zona de eliminación, donde un francotirador austríaco, ultranacionalista y anti europeo, pone en jaque a la policía de varios países. La conversación final de este capítulo es, para mi, la clave de toda la serie. Louis, el jefe del grupo de operaciones de Crossing Lines, habla con el francotirador que se declara furioso nacionalista y un individualista por encima de todo:
Louis: El mundo se vuelve más pequeño. Cada día un poco más.
Francotirador: Y engulle a la gente, engulle vidas, engulle la individualidad.
Louis: Yo no estoy perdiendo mi identidad. Está creciendo. Soy un ciudadano, no solo de Francia, soy un ciudadano de Europa y del mundo.

Es un momento muy especial y muy oportuno. Sobre todo ahora en que crecen los movimientos a izquierda y derecha (los extremos siempre se juntan por detrás del punto medio) en contra de la idea de Europa y se hace cada vez mas urgente la reivindicación de una Europa de la gente y de la cultura no solo del dinero.

(Crossing Lines se puede ver en Netflix y en varias cadenas de televisión españolas)


3
En esta semana donde cada día hemos tenido una noticia (¿sorpresa?) sobre casos de corrupción y robos organizados: el ladrón Mario Conde, el evasor Aznar,  el exministro Soria y los papeles de Panamá, el alcalde de Granada y la corrupción urbanística, los chantajes y extorsiones de Manos Limpias… me parece muy útil recordar una frase muy antigua que encontré hace muy poco:


Si tienes ingresos sin trabajar duro, alguien trabajó duro sin recibir ingresos. (Maimónides)