viernes, 19 de marzo de 2021

TRADUCTORES

 

Los traductores

Esta semana de terremotos políticos en lo que una buen amiga denomina “el montepío mesetario”, me ha llamado la atención una noticia que demuestra el grado de estupidez al que puede llevar la mal llamada “corrección política”. Supongo que recuerdan la jovencita negra vestida de amarillo que en la toma de posesión de Joe Biden recitó un poema (precioso por cierto) y se hizo famosa de la noche a la mañana. Pues bien, los representantes de esta chica, (ignoro si con su consentimiento) a instancias de una activista holandesa, han decidido que solo pueden traducir sus poemas a otro idioma una “artista joven, mujer y, sin duda, negra”. Por lo visto, solo una chica de pocos años y además negra, será capaz de entender la sensibilidad de su poesía. Perfecto, si eres hombre, mayor y blanco, vetado. ¿Eres el mejor preparado para hacer una traducción fiel y hermosa? No importa. En fin, no sé si merece la pena hacer más comentarios a esta nueva muestra de hacia dónde va una sociedad ensimismada en problemas que no son reales. Pero me ha venido a la cabeza para comentar una película que se estrena esta semana y que tiene mucho que ver. Se titula simple y sencillamente Los traductores, es francesa y está cuajada de actores y actrices conocidos. En este caso, el editor de un best seller mundial no tiene el problema de la poetisa americana. Entre otras cosas, porque nadie conoce al autor que se esconde detrás de un pseudónimo y puede ser blanco, negro, amarillo, joven, viejo, hombre o mujer. Al editor, por tanto, le da igual quién lo traduce, lo que le interesa es el negocio que produce el libro que se espera sea un nuevo best seller. Y para conseguir aun más publicidad y de paso garantizar que no se filtra nada del nuevo libro en las redes, encierra en un bunker a nueve traductores de distintas lenguas para que traduzcan el libro simultáneamente y sin acceso a internet. A partir de aquí, la historia se mueve entre Agatha Christie, un cadáver a los postres y un juego de muñecas rusas, con giros de guión inesperados y muy entretenidos. Los traductores, entre los que está Eduardo Noriega como traductor al español, (lo siento, a los guionistas no se les ha ocurrido incluir un traductor al catalán, al euskera y al gallego), son el cuerpo de la historia. Sus relaciones, sus complicidades, sus rivalidades, mantienen la intriga sin que decaiga en casi ningún momento. No es una gran película, pero se agradece que deje en evidencia el negocio sin alma de los fabricantes de best sellers y que de la voz a un colectivo del que casi nadie se acuerda nunca y gracias a los cuales hemos podido leer a Marcel Proust, a Richard Ford, a Tolstoi, a Henning Mankell y tantos escritores que de otra forma mucha gente no habría podido conocer jamás. Brindo por ellos.

 

El agente topo

Entre las nominaciones al Oscar al Mejor Documental de este año, está El agente topo, una película chilena de Maite Alberdi. Me alegro mucho por ella. La película me gusta, me parece muy original y divertida. He releído lo que escribí de ella cuando se presentó en el Festival de San Sebastián del año pasado, y sigo estando de acuerdo. Lo reproduzco con la idea de despertar la curiosidad por esta extraña, necesaria  y amable película.

“De esta directora chilena recuerdo con gran cariño una película sobre las amigas de su abuela que se llamaba La once (hablé de ella en una entrada del 9 de julio del 2016). En La once ya se podía ver que Maite Alberdi no hacía documentales muy convencionales hecho que viene a confirmar este Agente Topo en el que prosigue su aproximación a las personas mayores, muy mayores, a través de una historia entre divertida, inverosímil y sobre todo inesperada. El resumen del Festival de San Sebastián dice: “Rómulo es un detective privado. Cuando una clienta le encarga investigar la residencia de ancianos donde vive su madre, Rómulo decide entrenar a Sergio, un hombre de 83 años que jamás ha trabajado como detective, para vivir una temporada como agente encubierto en el hogar.”. No tengo muy claro que este trabajo sea un documental, tampoco es una ficción preparada. Más bien creo que la idea es provocar una situación, Sergio infiltrado en una residencia de ancianas (hay cuarenta mujeres por cuatro hombres) y ver qué pasa. Con la complicidad de la dirección del centro y sobre todo del entrañable Sergio, la cámara de Alberdi se adentra en esa residencia de provincias y mira a sus habitantes con cariño y sin condescendencia. El Macguffin de la trama, encontrar las cosas malas que hacen contra los pobres ancianos, funciona solo como punto de partida. Es evidente que si la película se hizo con la colaboración de la institución, no iban a mostrar nada malo. Pero lo importante no es lo que hagan bien o mal las residencias para ancianos en todo el mundo, pasto de muerte y desolación de esta maldita pandemia, sino el poner en evidencia el abandono emocional por parte de sus familiares que padecen los viejitos recluidos en ellas, obligados a tejer complicidades entre ellos mismos y con sus cuidadores como refugio para su soledad. Como ejemplo, la clienta tan preocupada por su madre, no la ha visitado nunca ni ha puesto los pies en la residencia más que para dejarla allí. El agente topo llega en un momento especialmente delicado en el que la sensibilidad sobre qué hacer con los mayores se ha visto potenciada por la mortalidad provocada por el bicho de nombre de mascota. Hace pocos días leí en LaVanguardia un artículo que hablaba de “la campaña Old lives matter, Las Vidas Viejas Importan, impulsada por más de 40 organizaciones científicas, sanitarias y sociales de todo el mundo para sensibilizar a la población y luchar contra el edadismo, la discriminación contra la gente mayor basada en falsos prejuicios instalada en todas las sociedades.” Esta película se inscribe en este camino, con humor, elegancia, respeto y sensibilidad. Para acabar con este tema me gustaría recordar una frase de Ingmar Bergman, que he leído en alguna parte: “Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada se hace más libre y la vista se vuelve más amplia y serena”.


The Assistant
(Filmin)

Este film estrenado en Filmin, es lo más parecido a una película de Chantal Akerman que he visto nunca. Se presenta como “El thriller definitivo sobre el Me Too”. Es un buen reclamo para despertar la curiosidad de los espectadores. Pero en realidad no es ni un thriller, ni creo que su tema principal sea la reivindicación del Me Too. Encerrarlo en esta idea es reducir su carga corrosiva y de profundidad a una simple denuncia, no por necesaria, menos mediáticamente utilizada. La asistente del título es una joven recién licenciada, interpretada por Julia Garner, con una sobriedad y una enorme capacidad de transmitir en silencio estados de ánimo, impresiones y emociones. Jane lleva dos meses trabajando en una gran productora de cine en Nueva York, se supone que como asistente de un productor al que no vemos nunca y que todo el mundo ha identificado con Harvey Weinstein. Pero en realidad, ese jefe invisible es una figura  mucho mas generalizable y no solo en la industria del cine. Conocemos a Jane cuando sale de su casa antes de amanecer. Es la primera en llegar a la oficina y la última en irse. Su primer trabajo es encender todas las luces. A partir de ahí la acompañamos durante un día entero en sus tareas cotidianas que van desde limpiar el despacho de su jefe a fotocopiar guiones, de preparar café a dar explicaciones a la esposa del jefe, de organizar su agenda a atender y cuidar a las chicas que llegan a la oficina para verle. Casi sin hablar, con escasas interrelaciones con sus compañeros de oficina, testigos vergonzantes y cobardes de lo que sucede, obligada a callar si quiere continuar en su trabajo y sobre todo, ignorada por todos, Jane va poco a poco asumiendo su humillación. Es en esta descripción donde Kitty Green se muestra una alumna aventajada de Chantal Akerman. Jane, como Jeanne Dielman, realiza sus tareas cotidianas de una manera ordenada y metódica. Ella no se prostituye por las tardes, en realidad no se prostituye nunca “no te preocupes, no eres su tipo” le dice cruelmente el jefe de personal, pero si es humillada, violada de muchas pequeñas formas y relegada a ejercer unas funciones que no son las que ella esperaba tener al acceder a este trabajo. Pero igual que Jeanne Dielman en el 23 Quai du Commerce de Bruselas, Jane en este gran edificio del barrio de Tribeca en Nueva York, tiene claro su papel y lo representa bajo la cámara casi documental de una directora que demuestra ser mucho más efectiva con este film que muchas películas más evidentes.  

 El regalo de esta semana es un paisaje ideal para sentarse a leer un libro bien traducido.



 

 

 

sábado, 13 de marzo de 2021

NIÑOS Y NIÑAS

  

Esta semana se cumple un año del inicio del confinamiento. ¡Un año! Parece mentira que hayamos podido vivir y sobrevivir este año complicado, raro y absurdo que nos ha enmascarado y nos ha aislado de una manera inhumana. Probablemente cuando se escriba la historia de este periodo dentro de muchos años, se defina el 2020 como el El año de la pandemia que cambió la manera de relacionarse de la gente. Pero no solo eso. Sin darnos casi cuenta, hemos interiorizado una serie de comportamientos, sensaciones e incluso carencias que dejaran una huella en lo personal y en lo colectivo. Pero hoy y aquí no quiero dedicarle más espacio al “Año 1 de la Era de Bicho” a las puertas del “Año 2 de la Era del Bicho”. Quiero, en cambio, hablar de dos estrenos y una serie que tienen a los niños y las niñas como protagonistas.


Minari, Historia de mi familia

Estamos en los años 80. El niño de esta película se llama David, tiene 7 años, vive en una gran caravana aparcada en un campo de cultivo de Arkansas con su familia, inmigrantes coreanos. El director norteamericano de origen coreano ha esperado a realizar su cuarto largometraje para atreverse a contar y no contar su propia historia. Hay mucho de autobiográfico en Minari, pero también hay mucho de recuerdo de un paisaje, un lugar, unas gentes con las que convivió directamente. Y hay un personaje magnífico: la abuela coreana que llega a la caravana con su libertad y su irreverente manera de comportarse, y de hablar. La abuela trae de Corea semillas de minari, una planta comestible parecida al perejil o a los berros, muy resistente, fácil de adaptar en terrenos difíciles, de crecimiento rápido y con la peculiaridad de que la segunda cosecha suele ser mucho mejor que la primera. Es una gran metáfora para esta historia. Igual que el minari de la abuela crece y se adapta en los márgenes de un riachuelo, la familia de David/Chung creció y se adaptó a la nueva tierra de Arkansas. Pero lo que más me gusta de este film es su sencillez en la manera de plantear los conflictos, que los hay, las dificultades, que las sufren, y las alegrías, que las tienen, con una serenidad y una sutiliza en la que el humor juega un importante papel y la nostalgia nunca cae en la sensiblería. Recordar es importante y hacerlo sin miedo y sobre todo sin mistificaciones, es un ejercicio necesario. Minari es memoria del pasado pensada para enlazar con el futuro que representa la tercera generación de minaris en Estados Unidos, personas completamente integradas que, sin embargo, no olvidan sus raíces. Es muy bonita.

 


Una niña

El niño/niña de este documental es otra cosa. Copio el resumen de la sinopsis que facilita la distribuidora: “Sasha, de 7 años, siempre ha sabido que es una niña, aunque naciera atrapada en un cuerpo de niño. A medida que la sociedad fracasa, al no tratarla como a las demás niñas de su edad, sea en su vida diaria en la escuela, en clases de ballet o en fiestas de cumpleaños, su comprensiva y empática familia lidera una batalla constante frente a la violenta rigidez de los prejuicios sociales, para hacer que su diferencia sea entendida y aceptada por todo el mundo.”. Está claro. El tema es un niño/niña trans y su lucha por ser aceptado desde que es muy pequeño/a. Si esta película fuera una ficción, me parecería estupendo poner en primer plano la dificultad de integración, los prejuicios de la sociedad, los estereotipos de los roles y la lucha de la familia porque se acepte a Sasha como es y no como se supone que debería ser. Pero es un documental. A ver. Todo lo que tiene de reivindicación y de reconocimiento y aceptación de una realidad que existe, me parece muy bien. Entiendo a esa madre y a esa hermana y a ese padre y a ese hermano. Entiendo a Sasha, incluso la quiero y quiero que la dejen ser lo que quiera ser. Mi duda y mi incomodidad nace de la sensación de “peeping tom” que me produce ver a esta niña REAL, pasando por el calvario de las entrevistas con la psicóloga, permanentemente observada por una cámara que la sigue en todos sus movimientos: en las clases de ballet, en los juegos, con sus hermanos, con sus padres. Que hace falta un documento como éste, si, pero me pregunto si tenían/tenemos derecho a someter a esa niña de 7años al escrutinio constante. Sasha es una niña que quiere ser feliz, pero cuando de vez en cuando se le escapa la mirada a la cámara, tengo la impresión que me está preguntando “¿Qué haces ahí, mirándome?”. Una niña es necesaria colectiva y socialmente; pero no estoy tan segura que sea buena para Sasha. Me gustaría que dentro de diez años, cuando sea una adolescente de 17, se hiciera un nuevo documental con ella para ver si participar en este experimento le hizo bien, la ayudó, como la afectó. No sé si lo harán, pero creo que estaría bien dejarle a ella que nos lo contara.

 

EL RINCÓN DE LAS SERIES



La infamia

Las niñas en La infamia, serie de tres capítulos que se puede ver en Filmin, son un poco mayores que David y Sasha. Tienen 13 y 14 años. Viven en Rochdale, cerca de Manchester, un barrio de clase media baja en el que hay una gran colonia de pakistanís. Aunque se acaba de estrenar, la serie está realizada hace cuatro años, en el 2017, y cuenta un caso real, copio de las informaciones de la serie, “que conmocionó a la opinión pública británica: los abusos sexuales que entre 2008 y 2012 sufrieron 47 adolescentes blancas de clase baja a manos de adultos de origen paquistaní. La gravedad del asunto no se reduce a los hechos probados, sino que permea hasta enmohecer las capas últimas del sistema: la trabajadora de los servicios municipales de salud sexual, Sara Rowbotham denunció la existencia de más de 180 casos de abuso a menores desde 2003 hasta 2014, denuncias que fueron constantemente desoídas por la policía”. Este escándalo fue desvelado por Andrew Norfolk, jefe de investigación de The Times, que en el año 2011 publicó un reportaje denunciado una red de pederastas dominada por hombres británicos de origen pakistaní. Norfolk y la guionista Nicole Taylor, sabían que tanto el reportaje del periódico, como la serie, iban a ser utilizados por los partidos de ultraderecha nacionalistas y xenófobos y atacados por una parte de la izquierda buenista que los acusaría de racistas o islamófobos. Pero eso no les impidió escribir la serie que en Gran Bretaña se llamó Three Girls y ahora se estrena como La infamia, un titulo sin ninguna duda mucho más adecuado. Justamente hoy, jueves, 11 de marzo en el que se cumplen 17 años del terrible atentado de Atocha, he leído una entrevista con Alejo Schapire, un periodista argentino afincado en Francia que publica el libro La traición progresista. Schapire se considera un hombre de izquierdas traicionado por las izquierdas institucionalizadas que se han erigido en nuevas generadoras de dogmas. Y entre esos dogmas está el del buenismo condescendiente hacia el Islam: “La izquierda ve al islam político como un sistema de autodefensa cultural e ideológica frente a la agresión del imperialismo. Entiende, en nombre del relativismo cultural, que ellos expresan de una manera un poco torpe esta denuncia de la opresión del colonizador… Los partidos que presuntamente llevan la bandera de la emancipación, a través del relativismo cultural, empiezan a justificar formas de oscurantismo y a apoyar un símbolo de opresión machista clarísimo, como el velo.” Son dos de sus respuestas en la entrevista de Juan Soto en El Confidencial del 11 de marzo del 2021 que me han parecido absolutamente pertinentes para entender las reacciones al artículo de Norfolk y a la serie La Infamia. Incluso para entender porque la policía se negó a creer a esas niñas, blancas y pobres que denunciaban a hombres adultos pakistanís. Por un lado la extendida tendencia a no darle credibilidad a este tipo de niñas; por otro lado el miedo, “cuidado que son pakistanís, no sea que digan que somos racistas”. Racismo que los acusados en el juicio pretendieron utilizar en su imposible defensa. La infamia, junto con Creedme, la serie de Netflix de la que hablé el 11 de enero del 2020 y The Honour, en Filmin, que comenté el 16 de enero del 2021, forma una trilogía indispensable. Basadas las tres en hechos reales, escándalos y juicios teñidos del desprecio a las víctimas y el miedo a los verdugos, son productos que van más allá de la simple ficción y se convierten en herramientas de combate necesarias.

La traición progresista, Alejo Schapire, Península, 2021. 

El regalo de esta semana es una rama de flores de granado. Dedicado a los niños y las niñas.

 


 


sábado, 6 de marzo de 2021

MUJERES

 

(me gusta mucho esta fotografía de mujeres, y algún hombre, trabajadoras)

Estamos cerca del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. La historia dice que en el mes de marzo de 1857 se produjo la primera gran protesta de las mujeres, al salir a la calle las trabajadoras del textil de Nueva York en protesta por sus condiciones laborales. Pero no fue hasta 1910 cuando se decidió establecer El Día Internacional de la Mujer que se celebró por primera vez el 19 de marzo de 1911, pocos días antes de que el 25 de ese mes tuviera lugar una tragedia en el incendio de una fábrica de Nueva York donde murieron 140 trabajadores, 123 de ellos, mujeres. En 1975 la ONU celebró El Año Internacional de la Mujer, y decidió instaurar el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. Me parece bien que haya un día para celebrar a la mujer, aunque sinceramente creo que todos los días del año deberían ser días de la mujer o de los hombres, o mejor aun de los seres humanos. Pensar en este Día me ha llevado a preguntarme si había un Día del Hombre. Y me he encontrado ¡que sí hay un Día del Hombre! Es el 19 de noviembre y está instaurado, aunque no reconocido oficialmente en muchos países, desde 1992 y apoyado, ¡sorpresa! por algunas asociaciones de mujeres que reivindican esa fecha como un “día para promover los modelos masculinos positivos”. En fin tanto uno como otro deberían servir para demostrar que mujeres, hombres y lo que pueda haber entre medio, no son iguales pero SI TIENEN LOS MISMOS DERECHOS. Esa es la principal reivindicación de todos los humanos en todas partes. A igual trabajo, igual salario; a igual responsabilidad igual remuneración; a iguales deberes, iguales derechos. Es cierto que estamos muy lejos de esa igualdad de derechos en muchos terrenos y que las diferencias de conquistas de la mujer es muy desigual según dónde vivas y la religión que domine. Pero estamos en un camino que es imparable. El mundo cambia a marchas forzadas entre otras cosas por culpa de la pandemia que dejará huellas importantes en la sociedad, tanto a unos como a otras y hay que asumirlo y utilizarlo para avanzar juntos.


(Marta Estebam "cargando" las  cinco nominaciones para Sentimental de Cesc Gay)

Por eso me gusta ver las cosas en positivo y celebro que un 30% de los cargos directivos del cine español sean mujeres en lugar de lamentar que sean “solo” un 30% porque el año pasado o hace cinco o diez años, ese tanto por ciento era mucho menor y dentro de un año o cinco, será mucho mayor. Y por eso estoy contenta que este año en los Premios Goya que se celebran el sábado (escribo esto el jueves 4 de marzo) haya más de cincuenta mujeres nominadas en distintas categorías, no solo en las tradicionales femeninas, vestuario, maquillaje o montaje, también en categorías que se han considerado tabúes durante mucho tiempo. De los cinco títulos nominados a Mejor Película, cuatro están producidos por mujeres; los cinco documentales nominados están producidos por mujeres; de las ocho candidatas a mejor dirección (normal o novel), cuatro son mujeres; de las ocho candidatas a mejor guión (original o adaptado ) dos son mujeres aunque hay mujeres coguionistas en otras dos; hay una directora de fotografía; hay dos sonidistas; hay tres directoras de producción… No está mal, nada mal. Sobre todo este año tan raro y con una producción tan extraña.

La celebración de los Goya y el Día de la Mujer me ha recordado una lista de directoras que comentamos en La Finestra Indiscreta, el programa de radio de Alex Gorina. Con motivo del 125 aniversario del cine, Gorina hizo una lista de los 125 mejores directores (desde su personal punto de vista) de la historia. Solo había una mujer. Eso le hizo reflexionar y decidió hacer una lista de las 125 mejores directoras de la historia del cine. Le salieron, pero fue más complicado. Entre otras cosas, porque más que “escoger” (directores masculinos hay miles) tuvo que “poner” (directoras femeninas hay muchas menos). Es cierto que se quedaron nombres fuera, era su lista y era personal, yo añadí unos cuantos y el número llegó hasta 134. Pero lo que fue más interesante fue analizar la lista y darnos cuenta que de alguna manera reflejaba un estado de la cuestión a lo largo de estos 125 años.


(Alice Guy, una de las mejores directoras y productoras del cine mudo)

Primer análisis: histórico. En la etapa del cine mudo, cuando el cine aún no era una industria consolidada que movía millones, encontramos 9 directoras, las mismas que aparecían entre 1930 y 1960, los años de la guerra en Europa y del esplendor de los estudios en Hollywood donde las chicas no tenían muchas oportunidades. Entre 1960 y el año 2000, la lista llegaba hasta la notable cifra de 80. Estaba claro que lo que se conoce como Modernidad coincidía con las reivindicaciones del Movimiento de Liberación de la Mujer y eso se notaba en el auge de directoras. En los 20 años del Siglo XXI la lista sumaba 36 nombres. No son muchos, pero no está mal teniendo en cuenta que cada día hay incorporaciones nuevas.


(Ana Mariscal, directora española a reivindicar)

Segundo análisis: geográfico. Es también muy interesante. De las 134, solo 27 eran americanas, primera sorpresa; 28 eran españolas, barríamos un poco para casa; 59 eran europeas y 19 de otros países. ¿Qué nos demostraba esta relación? Si sumamos españolas y europeas llegábamos a 88, ¡casi un 70% del total! Es evidente que la política de los autores ha favorecido en Europa a las mujeres frente a la idea de industria del cine americano. También está claro que los presupuestos mucho más pequeños del cine europeo en general y las medidas proteccionistas de los gobiernos, han permitido a muchas más mujeres acceder a la dirección, frente a los grandes presupuestos y la economía de mercado de Estados Unidos. En fin, todo son elucubraciones que pueden dar que pensar este día 8 si se tiene un rato para perder. De todo esto me quedo con una idea. Lo que de verdad cuenta no es tanto quién lo hace ni dónde lo hace; lo que es importante es que lo que haga sea bueno.

(no pongo la lista, prefiero que cada uno se confeccione la suya en un ejercicio de memoria y de rastreo de cuántas mujeres directoras conoce)

 

EL RINCÓN DE LAS SERIES


The Split

Aprovecho que estoy en clave Mujer para hablar de una serie inglesa que me gusta mucho. Se titula The Split, tiene dos temporadas de seis episodios y se puede ver en Filmin. Antes que nada tengo que aclarar que me encantan las series de abogados y de abogadas. Soy fan de Suits y de The Goodfight. Y a esa lista sumo ahora The Split, palabra que significa división, grieta, ruptura, divorcio en definitiva. Las protagonistas son cuatro mujeres: la madre, Ruth, y tres hermanas, Hannah, Nina y Rose. Dos son abogadas como la madre, la pequeña aún busca su camino. Pero la que lleva el peso de la historia es Hannah, interpretada por la estupenda actriz Nicola Walker. Hannah es la hermana mayor, abogada en el bufete familiar del que se marcha al empezar la primera temporada por desavenencias con su madre y su hermana Nina. Hannah está especializada en casos de divorcio y derecho de familia, temas y conflictos de los que ella no es ciertamente ajena en su vida privada un tanto convulsa en esta segunda temporada. Lo interesante y más adictivo de esta serie londinense más que británica, creada por Abi Morgan es la de combinar la trama personal y familiar de las tres hermanas con casos específicos de divorcios complicados y mediáticos que sirven para mostrar conflictos de la franja de la sociedad más privilegiada. En principio The Split iba a ser una miniserie, pero el éxito de Hannah y sus hermanas hizo que se pensara en una segunda temporada que comienza con la incorporación de su madre y su hermana Nina al importante y prestigioso bufete donde trabaja Hannah. Vale la pena dedicarle un tiempo a The Split. Que se ocupe de gente rica y guapa no quiere decir que no sea interesante para hacer una radiografía de la sociedad y sus problemas de relación en la Inglaterra de ahora mismo. Aunque en realidad sea la de hace un tiempo, la serie es del 2018-2019, la era pre Brexit y sobre todo pre-pandemia. Sería interesante ver una tercera temporada de The Split ambientada en este atípico año 2020, con mascarillas, confinamientos y dramas familiares por resolver en un país que está viviendo un particular split traumático. A Gran Bretaña le hace falta una Hannah y a Hannah le hace falta un poco de tranquilidad..

El regalo de esta semana no puede ser otro que Una Mujer. Hay muchas en la obra de Ramon, pero me he decidido por este retrato, uno de los que más me gustan.




sábado, 27 de febrero de 2021

FAMILIAS


 El confinamiento obligado al que nos vimos sometidos hace casi un año fue una dura prueba para la vida familiar. La convivencia forzada por el encierro nos permitió descubrir ventajas y desventajas de la familia más cercana, al mismo tiempo que nos hacía añorar la presencia de esa familia con la que no convivíamos, abuelos, tíos, primos o esa otra familia que nos construimos con los amigos a la que no pudimos ver en varias semanas. El confinamiento fue el tiempo de la familia entendida como “esas personas con las que vivo y de las que, a veces, no sé gran cosa”. Como un recordatorio de ese tiempo familiar, esta semana se han alineado los astros para sumergirme en el mundo de las familias. Me he tropezado, voluntaria o involuntariamente, con familias en formatos distintos: dos libros de familias, una serie estupenda y un estreno provocador.

 


 Ganarse la vida, Una celebración, de David Trueba. 2021

Este librito de los Nuevos Cuadernos Anagrama, de tan solo 58 páginas, es lo que promete: una celebración de la infancia del más pequeño de los Trueba.  Que David era hermano de Fernando y tío de Jonás es algo que sabemos todos, pero poco conocemos de lo que significó su familia, sus padres, sus seis hermanos y una hermana, su vida en un piso lleno de gente de distintas edades, su educación sentimental, emocional, ética. En cinco evocaciones de distintos momentos y etapas de su aprendizaje de la vida, David Trueba nos enseña un mundo personal, único. Sus textos, ligeros y libres, escritos desde el amor y desde la memoria, no solo recuerdan una casa, unos padres, unos hermanos, unos amigos; nos recuerdan un espacio y un tiempo que podemos compartir. David tiene 51 años y hace 25 que publicó su primera novela Abierto toda la noche. Ganarse la vida, nos cuenta como y gracias a quién, llegó a escribir esa primera novela.

 

(Chantal Akerman con Marisa Paredes en una foto de Chema Prado)

Una familia en Bruselas, Chantal Akerman, 1998, editado en España en 2020 por Editorial Tránsito.

Recuerdo muy bien a Chantal Akerman, recuerdo su enfurruñamiento, su malestar, también su calidez en pocos y preciosos momentos. Conozco el cine de Chantal, algunas cosas me gustan mucho, otras menos. Pero no conocía su faceta de escritora. Ha sido una sugerencia de una buena amiga (los amigos y las amigas son esa otra familia) la que me ha descubierto este increíble libro de Chantal escrito en 1998, poco después de la muerte de su padre. Una familia en Bruselas no es exactamente un libro de memoria personal, tampoco es una novela. La verdad es que no sé donde colocarlo. Creo que la mejor manera de explicarlo es decir que es una película de Chantal en palabras. En este monólogo del pensamiento en el que se conjugan tres voces, con la dominante de la voz de la madre, reconozco todas las contantes de Chantal: la cotidianidad de la vida de un ama de casa; la presencia poderosa y fundamental de la figura de su madre; los deseos, sueños y esperanzas algunos alcanzados, otros olvidados; el dolor de la pérdida del marido que acaba de morir. Una familia en Bruselas se lee de un tirón, como se ve una película y mientras se lee y se imagina, uno puede pensar en su propia familia de Barcelona, de Madrid, de México, de donde sea y evocar situaciones tan dolorosas y al mismo tiempo reconfortantes como las que describe Chantal Akerman.

 


 Los Durrell serie inglesa que se puede ver en Filmin y en Movistar

Supongo que mucha gente conoce esta serie. La primera temporada es del 2016. Pero no sé porqué, yo no la he visto hasta ahora en que se ha terminado del todo, con el final de la cuarta y definitiva última temporada. Me ha encantado. Debo reconocer que esperaba acabar el trabajo del día (el profesional y el familiar) para sumergirme en la atmosfera cálida, feliz, extravagante y deliciosamente absurda de los Durrell en Corfú. Lawrence Durrell, autor de El cuarteto de Alejandría, es un escritor que conozco, leo y releo desde que era muy pequeña Digo lo de releer porque su cuarteto no se entiende igual a los 20 años que a los 60. Pero desconozco por completo la obra de su hermano pequeño Gerald Durrell, autor de la Trilogía de Corfú que adapta Los Durrell. La historia transcurre durante los cuatro años que la familia pasó en la isla griega entre 1935 y 1939. La familia y la casa magnífica en la que viven a la orilla del mar, son protagonistas absolutos. La madre, la adorable Mrs. Durrell, es el centro de la vida de los Durrell. Y los Durrell son el aspirante a escritor Larry; el inocente y bien intencionado Leslie; la inquieta y curiosa Margo y Gerry, el pequeño, empeñado en salvar de la extinción a todos los animales de la isla convertidos en miembros de la familia: perros, pelicanos, perezosos, tortugas, cabras, burros, lémures, arañas, escarabajos… Todos comparten la casa y la vida de los Durrell. Y junto a ellos los amigos griegos que acaban siendo parte de la familia. En especial el indispensable Spiros, el inteligente Theo, la insustituible Lugaretzia y la entrañable amiga Florence. Los Durrell está llena de la luz del mediterráneo y es un canto a la libertad de ser y pensar lo que uno quiera. Hay conflictos, hay algún problema, hay amores desgraciados, muchos animales y muchas emociones, pero sobre todo hay ganas de compartir, de aprender y de vivir. Verla ha sido un bálsamo de inteligencia y humor frente a la realidad de cada día. Una excelente alternativa a los telediarios.

 


El diablo entre las piernas, Arturo Ripstein, México 2019

La última película de Ripstein es Paz Alicia Garciadiego en estado puro. Eso quiere decir que es sórdida, desagradable, provocadora, esperpéntica, pero también fascinante y un punto hipnótica. La familia aquí es un infierno compuesto por tres personas: el marido, un viejo libidinoso, maltratador desde un punto de vista no físico, celoso y dominante; la mujer, una vieja que no ha perdido el deseo sexual y que intenta librarse inútilmente de ese marido castrador; y una criadita, joven pero no inocente que ejerce de eje entre la pareja y acaba asumiendo un rol inesperado y definitivo. Esta familia mexicana nada ejemplar, opaca y un punto siniestra es, lamentablemente, muy real y reconocible. El diablo…es una película valiente, arriesgada, brutal salida de la pluma de Paz Alicia Garciadiego, una mujer sin miedo a las convenciones, puesta en imágenes por un director que sabe sacar partido del blanco y negro, de los espacios cerrados y de los planos secuencia y con una actriz que descoloca y admira, la estupenda Sylvia Pasquel. En la película también tiene un papel importante la indispensable Patricia Reyes Spíndola, pero para mí el gran descubrimiento ha sido Sylvia Pasquel. No hay muchas actrices que afronten un papel como éste con esa seguridad y aplomo, algo que sorprende un poco menos cuando sabemos que Sylvia Pasquel es la hija mayor de Silvia Pinal, la inolvidable Viridiana de Buñuel, nacida, educada y formada en los platós desde que era muy pequeña. El diablo entre las piernas es quizás demasiado larga, es irregular, a veces se estanca y se repite. Pero en su última media hora, se redime y vuela muy alto. Solo por eso vale la pena concederle el tiempo necesario.

El regalo de esta semana debería ser una familia, pero Ramon no tiene muchos cuadros “familiares”, así que he decidió compartir un retrato mío de hace muchos años con una de nuestras gatas, La Rubia. Las gatas, hemos tenido tres, han sido parte de nuestra familia. Seguro que Gerry Durrell lo entendería.



 

 

 

 

 

sábado, 20 de febrero de 2021

TRES PELÍCULAS

 (homenaje nada encubierto a Centauros del desierto)

Noticias del gran mundo (Netflix)

La sombra del árbol de John Ford es alargada y da cobijo a muchos cineastas muy diferentes. Pero nunca me imaginé que bajo ese árbol de múltiples ramas encontraría al director británico Paul Greengrass, autor de títulos tan variados como Vuelo 93, Domigo sangriento, La trilogía de Bourne o 22 de julio. Quiero decir que el humanismo de Ford no me casa con la acción y la denuncia que caracterizan su cine. Pero si, por lo visto si casan. La prueba la tenemos en Noticias del gran mundo, un western contemplativo, una road movie emocional y física a través de los grandes territorios texanos. Su protagonista, el derrotado capitán del ejército sudista Jefferson Kyle Kidd, se dedica a viajar de pueblo en pueblo leyendo los periódicos para los habitantes de esas lejanas y casi olvidadas tierras. Es un hombre desencantado, un hombre tranquilo, un personaje fordiano. Lo interpreta Tom Hanks, el heredero natural de James Stewart. Este hombre que viaja solo, se encuentra en su camino con una niña perdida, una niña alemana que ha vivido seis años con los indios kiowa y ahora está sola y asustada. El capitán la recoge y se propone devolverla a lo queda de su familia. Juntos emprenden un viaje que podría ser un epílogo de Centauros del desierto. Esta extraña y entrañable pareja se van conociendo poco a poco, se van descubriendo, se van ayudando uno a otro a sanar viejas y profundas heridas. Es muy hermosa sin duda, pero cae en algunas tentaciones que Ford habría evitado. A Greengrass le sale su vena de denuncia y en lugar de soslayar, no evitar, como habría hecho Ford, los conflictos sociales y la violencia que les acecha, insiste en los obstáculos aprovechando para dejar claro, sin quererlo, que los energúmenos que asaltaron el Capitolio hace poco más de un mes, ya estaban en Texas con toda su ferocidad y estupidez. Quizás los tiempos hacían necesario esta presencia malsana que provoca un cierto ruido en el centro del relato que es la relación entre el capitán y la pequeña Johanna. En todo caso no me molesta. Lo entiendo y no me impide apreciar la serenidad de ese viaje y de ese encuentro. Y reconocer dos homenajes nada velados a Ford. Un plano de una puerta casi igual al de Centauros del desierto y una columna de indios en el polvo, que recuerda el Gran Combate. Ford a través de Greengrass sigue estando presente.

 


Tigre Blanco (Netflix)

Fue una buena amiga la que me hizo fijarme en esta película de Netflix. En la sobreabundancia de títulos y estrenos de la plataforma, un film como éste puede pasar desapercibido. Me alegro que alguien me lo señalara porque me ha gustad mucho. Es la última película de Ramin Bahrani, un director norteamericano de origen iraní del que, como en el caso de Greengrass, nunca me habría imaginado que hiciera una película así, tan alejada del resto de su filmografía. Tigre blanco es una película india, y si no supiera que Bahrani es un americano/iraní, no dudaría en afirmar que está dirigida por un indio. Un indio especial, es cierto. El tigre blanco es un animal raro, un tigre, si, pero con una cualidad única: escapa a los estereotipos de su raza y es muy escaso. Lo que nos cuenta este film negro es la historia de un tigre blanco. Narrada en primera persona, el film comienza con una secuencia que nos deja ante una pregunta ¿qué pasó esa noche? A partir de ahí, será el propio protagonista, el joven Bairam, el que nos vaya contando, en realidad se lo cuenta a un importante líder chino de visita en la India, como se convirtió de esclavo y fiel servidor, encerrado en las rígidas costumbres de las castas y las clases, en lo que es en el momento de empezar su historia: un rico industrial de la moderna y capitalista India corrupta de ahora mismo. Es una película larga, más de dos horas, pero tiene un ritmo trepidante, giros de guión, escenas scorsesianas sin ser demasiado violentas. Es un retrato de la India del siglo XXI, con sus luces y sus muchas sombras. No es una película redonda, pero funciona muy bien y no puedes dejar de pensar que lo que hace este tigre sin uñas para convertirse en un tigre blanco, es algo que sus muy estúpidos amos se merecen. Desde aquí le agradezco a Netflix que esté dando visibilidad a culturas, países y sociedades ausentes casi siempre de nuestras pantallas convencionales. Es un soplo de aire fresco, aunque en el fondo sea un aire tan viciado como el de nuestro paisaje más cercano.

 

EL RINCON DEL ESTRENO



(Nina y Mado nunca estuvieron juntas cuando eran jóvenes, ahora sí lo están)

Entre nosotras

En el año 2009 Miguel Albadalejo hizo una película llamada Nacidas para sufrir en la que contaba la relación lésbica entre una mujer mayor y su también mayor, aunque no tanto, cuidadora. Era una comedia negra en la que se atrevía a poner en imágenes uno de los tabúes de la sociedad. Si ya la idea del sexo y el amor en lo que se llama la tercera edad, es algo que cuesta asumir por los hijos y por la sociedad, en el caso de ser sexo y amor entre dos mujeres mayores (entre dos hombres esta más aceptado) es aun más tabú si cabe. Por eso me gusta esta película de un director italiano de 40 años, Filippo Meneghetti, que para su debut en el largo ha decidió contar el amor y la amistad de dos mujeres mayores. Nina y Mado se quieren desde siempre, pero la vida las ha llevado por caminos separados, hasta que consiguen reunirse. Mado, viuda con dos hijos vive enfrente de Nina, una mujer sola. Son vecinas para todo el mundo, pero en realidad son amantes y comparten juntas el más cálido apartamento de Mado. Cuando las conocemos, están pensando en instalarse en Roma sin tener que esconderse de nadie. Pero un hecho inesperado, viene a trastocar todos sus planes. Este es el primer cambio de un guión que irá acompañando a estas dos mujeres en un camino no siempre sencillo. Las dos actrices que dan vida a las amigas, la inolvidable Lola de Fassbinder, Barbara Sukowa y la veterana Martine Chavallier, llenan de emoción, silencio, amor y rabia, esta historia sobre la libertad de amar a quien se quiera y a la edad que se quiera. Sin trabas, sin obstáculos, sin miedos y sin vergüenza.

También se estrena esta semana Nuevo orden, la película mexicana de Michel Franco que pone en imágenes la violencia organizada en las calles. No me gusta, me parece pedante, pretenciosa y exagerada, pero la verdad es que visto lo que ha sucedido esta semana en varias ciudades españolas, no puedo dejar de pensar que su nuevo (viejo) orden está haciéndose realidad aquí y ahora, alentado por un trumpismo local y manipulador ejercido por los que quieren realmente un viejo (nuevo) orden. El film es violento, desagradable, feroz. Pero, desgraciadamente, es oportuno.

 El regalo de esta semana es un paisaje fordiano.




sábado, 13 de febrero de 2021

LO REAL Y LO VEROSIMIL

 

Lo real y lo verosímil no siempre coinciden. Por ejemplo, las declaraciones del Vicepresidente Segundo del Gobierno de España asegurando que el país que él gobierna como Vicepresidente “no tiene normalidad democrática”. Es real que lo ha dicho, pero no es verosímil lo que dice. Tampoco parece muy verosímil, aunque es real, que el portavoz de un partido que gobierna en el Estado, asegure que su presidente, es decir el Vicepresidente Segundo del Gobierno de España, “…puede dar las gracias de que, en España, el Estado no lo envenene con Polonio”, ¿Asesinarse a sí mismo? Es real  que lo ha escrito en un twit , pero la verdad, no parece muy verosímil que suceda. La esquizofrenia de nuestros aspirantes a vladimires (lenins y putins) es algo que roza el ridículo.

Pero esta semana, yo de lo que quiero hablar es precisamente de lo contrario: Lo verosímil que en ningún caso puede, o pudo ser, real en una serie y un estreno on line. Es probable que mucha gente no esté de acuerdo con lo que digo, pero a mi me parece interesante. 

 


(el personaje y la reina de verdad)

Los Brigetorn (Netflix)

Los Bridgetorn es una serie de época estrenada en Netflix, ambientada en el Londres de  1813 en la alta sociedad y la corte. Está basada en una serie de novelas de Julia Quinn que no conozco (y que tampoco me apetece conocer). No porque no me guste la historia y sus personajes, sino porque después de ver esta primera temporada lo que me gustaría es ver pronto una segunda entrega centrada en cualquiera de los ocho hermanos Bridgetorn. Pero si hablo de esta serie en esta entrada no es ni por su calidad cinematográfica, que la tiene, ni por su janeausteniana historia. Me apetece hablar de ella porque es un buen ejemplo de “normalidad”. Me explico. En Los Bridgetorn hay muchos personajes negros, de color. Personajes protagonistas que encarnan desde la reina Charlotte, en la realidad una princesa alemana, hasta el Duque de Hastings, la hermosa Marina y la gran Lady Danbury. El que se haya escogido actores de color para interpretar a ladys y lords ingleses del XIX es una licencia que se toma la serie creada por Chris Van Dusen que más desconcierto ha provocado en los espectadores de Netflix. ¿Una reina negra, un lord de color? No es posible. Pues sí, es posible y me parece muy bien que en las ficciones convencionales se incorporen actores no blancos en personajes que nada tienen que ver con sus rasgos físicos. Me parece estupendo que no se tenga que reducir a los negros, indios, chinos o lo que sea a hacer de negros, indios o chinos. Y que en el relato no se haga ninguna referencia a su raza ni a sus orígenes. La única cosa que se debe exigir es que sean buenos actores. Y en esta serie la mayoría lo son, con una excepción, el guapo pero un tanto encarcarado duque de Hastings.

 

 

Sylvie’s love (Amazon)

También esta película que se puede ver en Amazon contribuye y mucho a la “normalización”. En este caso, la historia se ambienta en Harlem y los personajes son negros. Pero la normalización viene por la época, finales de los cincuenta, principios de los sesenta y por las relaciones entre la pareja protagonistas. Sylvie’s love es un melodrama sirkiano en toda regla. Pero con negros. No hay en esta triste historia de amor, que recuerda a veces a Los paraguas de Cherburgo, ninguna alusión a los conflictos raciales y los problemas que se producían en la convulsa década de los sesenta en Estados Unidos. Nada. Y se agradece mucho. Aquí hay una historia de amor con problemas a lo largo de cinco años entre una guapa aspirante a productora de televisión y un tímido saxofonista. Se conocen, se enamoran, se separan por una tontería, se reencuentran. Y mientras tanto, ambos siguen sus  vidas profesionales y personales sin ninguna referencia racial. Es una historia de blancos con rostros negros. Y eso es lo que me gusta. Que no haya nada que los condicione. Vestuario, ambientación y sobre todo música arropan a los dos protagonistas en ese Harlem y ese Nueva York sin complejos ni miseria ni peleas ni racismo. Supongo que Spike Leedebe pensar que es un horror este film clásico, casi un musical. Pero a mí me parece un ejemplo, como Los Brigetorn, de normalidad narrativa y social. Y además es muy bonita.

 EL RINCÓN DEL ESTRENO


La chica del brazalete

La extraña situación que estamos viviendo ha hecho que muchas cosas cambien. Una de ellas es el orden en este blog. Lo que antes era raro (las series) ahora es lo habitual y lo que era habitual antes, (los estrenos en cine), ahora es raro. En fin, nos vamos acostumbrando a nuevas formas de todo.

La chica del brazalete es un estreno en cines que merece no pasar desapercibido. Su génesis es muy curiosa. Como en el juego del teléfono, donde uno dice una palabra y lo que llega al final no se parece en nada, así es la cadena que empieza en un oscuro asesinato en Argentina, sigue en el guión de una película argentina y acaba en una sala de juicios en Nantes. El suceso original es el asesinato de una adolescente a manos de su mejor amiga. Pero para el director Stéphane Demoustier lo importante no es la investigación de quién lo hizo o las razones de por qué lo hizo. Lo que le interesa es centrarse en la sala donde se celebra el juicio para asistir desde lejos al descubrimiento, en paralelo a los padres, de la desconocida y desinhibida vida sexual de su protagonista, una chica de aires bressonianos. Aunque sea morena, seguro que Melissa Guers habría entusiasmado a Bresson con su apatía y aparente indiferencia hacia todo lo sucedido. La chica del brazalete es un film doloroso en lo que revela: el absoluto desconocimiento que tienen los padres de lo que sienten y hacen sus propios hijos y en lo que denuncia: se les juzga mas desde un punto de vista moral que criminal. Real y verosímil.

 El regalo de esta semana es una planta verosímil, pero no real, en todo caso, preciosa.



 

 

 

 

 

 

sábado, 6 de febrero de 2021

TRES SERIES Y UNA PELÍCULA


Esta semana casi no hay estrenos en el cine. Un reestreno que celebra el centenario de El Chico, de Chaplin; un documental (del que hablaré cuando llegue e las plataformas) y poco más. Así que esta entrada la voy a dedicar a tres series que me han gustado/interesado por distintos motivos y un estreno on line muy bonito.

 


Nobel, serie noruega que se puede ver en Filmin

No me gusta leer informaciones antes de ver una película o una serie (esto contradice mis propios comentarios que muchas veces se leen antes de ver alguna serie o alguna  película). Me gusta fiarme de mi intuición o, como he dicho en otras ocasiones, hacer caso de lo que me comentan amigos (espero que estos textos se incluyan en este apartado). Todo esto para decir que me acerqué a Nobel sin saber mas que era noruega y con la confusión de que iría sobre los premios Nobel. La confusión no fue del todo mala, efectivamente, en esta serie se habla de un premio Nobel, el de la Paz, que se otorga en Oslo en lugar de Estocolmo. Pero en realidad, me encontré con una historia de conflictos: bélicos, en Afganistán, donde los noruegos forman parte de las fuerzas que colaboran en la supuesta pacificación; familiares, no es fácil ser soldado de las fuerzas especiales y vivir con la secretaria del Ministro de Exteriores; políticos, la implacable manipulación y corrupción de los intereses políticos y económicos en el tablero mundial. Lo mejor de esta serie centrada en la figura de un soldado que vuelve a Oslo tras una misión muy difícil, es que no prioriza ninguno de estos conflictos, al contrario, los combina en un equilibrio perfecto con saltos adelante y atrás a lo largo de unos pocos días, los suficientes para que el soldado se dé cuenta de cómo ha sido y es utilizado en una guerra que no es solo la de los desiertos y pueblos afganos. Nobel mantiene su pulso durante los 8 episodios que la integran sin caer en agujeros narrativos. Todo encaja sin necesidad de forzar el guión. Vale la pena verla.

 


La última base, serie británica que se puede ver en Filmin.

En este caso, también se habla de militares y de una guerra, pero muy diferente. La historia pasa en el Protectorado de Adén, en el año 1965. Está ambientada en una base de la policía militar británica estacionada en una especie de fuerte donde viven los militares y sus familias. No hay exactamente una guerra, pero si un conflicto con los resistentes del FLN, que quieren expulsar a los británicos de su territorio. Es una serie coral donde juegan un papel destacado el coronel responsable de la base, un capitán recién incorporado, un teniente con las ideas muy claras y un cabo romántico y enamorado. Junto a ellos, cinco mujeres se reparten  los roles más importantes: la fuerte esposa del coronel, pilar no solo de la familia, sino de la base entera, la joven esposa del capitán, inocente en su falta de experiencia en una base militar, la libre y frustrada esposa del teniente, una periodista audaz y valiente y una joven árabe envuelta en una tragedia. Estos nueve personajes se mueven a lo largo de los seis episodios de una hora, creciendo ante nuestros ojos. Todos empiezan en un punto y acaban en otro. Evolucionan y cambian nuestra expectativa hacia ellos. Esto es quizás lo más interesante de La última base. Eso y la excelente ambientación, vestuario, situaciones y evocaciones (es divertido entregarse al juego de “me recuerda a…” de cada uno de los actores) hacen de esta serie histórica británica una de las mejores apuestas para ver como “película larga”.

 



It’s a sin , serie británica que se puede ver en HBO

En esta estupenda y necesaria serie británica también hay una guerra, peros sus soldados luchan contra dos virus malignos; el del SIDA y el de la intolerancia o mejor dicho la indiferencia, que hubo en los primeros años 80 respecto a una extraña enfermedad que se cebaba en los homosexuales. Para los medios de comunicación y sobre todo para las autoridades sanitarias, no era algo digno de ser contado o combatido, al fin y al cabo, se morían unos hombres muy mal vistos por la conservadora Gran Bretaña de Margaret Thatcher. It’s a sin podría llamarse Friends, si el título no estuviera ya asociado a una serie legendaria. Pero está bien que se llame It’s a sin, Es un pecado, porque de eso trata. Bueno de las dos cosas, de amistad y de lo que la sociedad más tradicional consideraba un pecado. Son cinco episodios que se ven sin parar, Al menos yo no pude parar y los vi todos seguidos. Comienza en 1981 y tiene tres protagonistas principales, Ritchie, Roscoe y Colin, adolescentes que descubren y viven su homosexualidad con total libertad y desinhibición en el Londres de los 80. Comparten un apartamento, el Pink Palace, con otro homosexual, Ash y con su gran amiga Jill. Forman parte de un colectivo alegre, feliz, que intenta salir adelante sin renunciar a nada. Sin miedo y sobre todo, sin conciencia de que está creciendo a su alrededor un virus malvado que los mata poco a poco. Hay muchos paralelismos que se pueden establecer entre la aparición del SIDA y la dichosa COVID19. Los amigos del Pink Palace pasan de creer que no es más que una gripe, o una enfermedad inventada para controlarlos, a la conciencia de que es realmente una plaga que los ataca a ellos en especial sin que nadie haga nada por evitarlo y condenándolos a morir muchas veces en la vergüenza de sus familias. Pero no se crean por esto que es una serie dramáticamente triste, It’s a sin es tremendamente feliz, positiva, con una banda sonora espectacular, llena de color y de risas. Lloras y ríes con ella y con ellos, los quieres, los acompañas, los recuerdas y te recuerdan. Esto es lo que más me gusta de It’s a sin, que recuerda la tragedia de una enfermedad que mucha gente joven (los nacidos en los años 90 o más tarde) casi ni siquiera saben que existió, El SIDA no ha desparecido del mundo, pero si se ha podido controlar y convertir en algo no necesariamente mortal gracias a la lucha que comenzó esos años cruciales. Recordarlo es importante. Como es importante ver los paralelismos con el bicho que nos mantiene encerrados, aislados, con miedo a relacionarnos en estos momentos. Por suerte, esta vez la sociedad se ha puesto las pilas y está luchando contra él. Quizás porque no mata solo a unos pocos (los viejos, los enfermos) sino a todo el que se le pone por delante.

 

EL RINCÓN DE LA PELI


(la excavación de Sutton Hoo en 1939)

La excavación, film que se puede ver en Netflix

Esta es una película tranquila, bonita, antigua, como de los años cuarenta. Es una historia de amistad y de dignidad. Es de aquellas películas que parecen fluir como el agua, sin dejar mucha huella aparente, pero puliendo las arenas que dejan a su paso. Es un remanso de paz en medio de las tormentas. Como era un remanso de paz ese rincón de Inglaterra, Sutton Hoo, donde en 1939 se descubrió uno de los hallazgos arqueológicos más importantes y decisivos de la historia de Gran Bretaña: un gran tesoro escondido en un barco funerario del siglo VII que cambió por completo la visión de la alta edad media y alimentó las leyendas del poema épico Beowulf. La excavación cuenta la amistad entre Edith Pretty, propietaria del terreno donde se encontró el barco y el excavador Basil Brown que fue el primero en descubrirlo. Mientras el mundo se cae a pedazos con la amenaza de Hitler y la guerra inminente, en Sutton Hoo se vive otro tipo de abuso: el del poder académico y político que primero desprecia a Brown por no formar parte de sus élites y después se apodera y aprovecha de su descubrimiento marginándolo del hallazgo. El tesoro de Sutton Hoo acabó depositado en el Museo Británico de Londres, pero el stablishment académico tardó mucho en reconocer la importancia de Basil Brown en el hallazgo. El film se apoya sobre todo en la amistad entre Ralph Fiennes como el tranquilo excavador y la frágil Carey Mulligan como Edith. Como contrapunto a esta relación, asistimos a una historia de amor y una historia de ambición, que acompañan a los dos protagonistas. La excavación es una de aquellas películas que te dejan con una sensación agradable, casi dulce. Un bálsamo frente a la avalancha de malas noticias que proporciona el bicho y las decepciones continúas que produce la campaña de las elecciones catalanas. Es una gran medicina.

El regalo de esta semana podría formar parte del tesoro de Sutton Hoo