sábado, 17 de septiembre de 2022

FINALES


Semana negra en el mundo del cine y de la cultura. Semana llena de pérdidas. Unas más sentidas que otras, unas mas publicitadas que otras, pero todas pérdidas para el mundo, pérdidas para la cultura, pérdidas para mí. Esta entrada podría titularse así Pérdidas, pero la palabra Finales me parece más ilustrativa de lo que ha significado la muerte en apenas cinco días de William Klein, Alain Tanner, Jean-Luc Godard, Irene Papas. Finales de su vida, pero también finales de una época, de un tiempo en el que el cine no era solo un espectáculo, sin dejar de serlo y tampoco era solo un ensayo de autor, sin dejar de serlo. Cada uno a su manera, Klein, Tanner, Godard, Papas, contribuyeron a consolidar una edad de oro del cine definitivamente acabada, finalizada, en favor de una nueva era donde el cine, o mejor hablar del audiovisual, se mueve por otros canales distintos, ni mejores ni peores, simplemente, distintos. Como espectadora y como crítica, los cuatro significan grandes pérdidas para mi, de nuevo la palabra pérdida. Pero como persona dos de ellos me afectan de una manera más directa. Uno, Tanner, por haberlo conocido de una forma cercana; otro, Godard, porque durante buena parte de mi vida en el cine fue una figura referencial. Por eso en este blog recuerdo al creador de Polly Maggoo y a la gran actriz griega, pero en realidad de quien quiero hablar es de Tanner y de Godard.

(foto de Alexandra Lutteral)

ALAIN TANNER

La Salamandra, Messidor, Jonás que tendrá 25 años en el año 2000, En la ciudad blanca, son títulos fundamentales en mi educación sentimental y cinéfila. Sobre todo Messidor, una película con la que me sentí muy identificada. Solo por eso, Alain Tanner ya estaría entre mis directores favoritos, pero hubo más. Fue gracias a Gerardo Herrero como conocí a Tanner. En el lejano año 1991, Gerardo quiso hacerse un regalo y decidió producir una película a Alain Tanner. El resultado fue El hombre que perdió su sombra, uno de los films más extraños de Tanner, rodado en Almería en el invierno de 1991 con Paco Rabal, Valeria Bruni Tedeschi, en uno de sus primeros papeles, Ángela Molina y Dominic Gould como su eterno Paul, el personaje con distintos rostros que recorre toda su filmografía. Gerardo me invitó al rodaje y pasé tres días con ellos en Almería y en San José, compartiendo trabajo, cenas y charlas, Fue así como le conocí. Un poco más tarde, Marta Esteban que empezaba a producir, estableció con Tanner una amistad que se prolongó en el tiempo hasta ahora mismo, primero como productora desde Messidor Films (bonito nombre que le homenajea) luego como amiga que ha estado a su lado estos 30 años. Gracias a eso yo he conocido a Tanner mas allá de su trabajo como director. Cuando estuvo en Barcelona rodando El diario de Lady M, estuve con ellos casi todo el rodaje; le volví a ver en Suiza donde vivía y durante la gestación de Flores de sangre, de nuevo en Barcelona. Tanner y yo teníamos además una conexión privada: los dos habíamos nacido el mismo día, con 20 años de diferencia. En todos mis cumpleaños, me acordaba de él y a lo mejor, no lo creo, él, se acordaba de mí. Tanner es un director relativamente olvidado en estos tiempos en que la información corre por otros canales y el cine ya no es un referente vital y emocional. Quizás por eso sus necrológicas, horrible palabra que detesto, han sido más bien frías y de wikipedia. Desde aquí yo quiero recordarle como era, grande, serio, taciturno, guapo, sorprendido de algunas maneras de ser (recuerdo su cara la primera vez que vio que comíamos de un plato que no era el propio con total naturalidad, costumbre que hizo suya sin dudarlo). Tanner era una montaña suiza, aparentemente tranquilo, pero con un volcán dentro. He vuelto a leer la entrevista que le hice en Almería en febrero del 1991 y me he encontrado con esta respuesta suya que me parece perfecta para cerrar este recuerdo de un hombre que perdió su sombra y se colocó fuera del mundo.

“Yo hago un tipo de cine muy sensorial, me gusta contar cosas que pueda ver y tocar. Por eso, cuando pensé rodar en España, como no conozco el país, propuse recorrer Andalucía para ver si los objetos, las calles, la luz, sus gentes, me contaban algo. Intento hacer un cine muy físico. Dirigir es para mí un ejercicio de mirada, no de participación. Y para mirar tienes que tener cierta distancia, tienes que retirarte. Por eso no soy un combatiente, no quiero pelearme con la realidad. Para alguien que ha perdido su sombra, como yo y como Paul y como todos en definitiva, el sentimiento más importante es el de tratar de comprender el mundo que le rodea buscando una cierta verdad en los restos del pasado. Aquí hay pedazos de antigüedad que me cuentan cosas. El paisaje de Cabo de Gata es un paisaje de pérdida, como de fin del mundo, un decorado fuera de contexto.”

 


JEAN-LUC GODARD

Mi relación con Godard no tiene nada que ver con la de Tanner. A Godard no le conocía personalmente, aunque tuve el privilegio de hacerle una de las raras entrevistas personales que concedía cuando presentó en Berlin Yo te saludo María. Pero Godard, con Truffaut a otro nivel, forma parte de mi educación sentimental, emocional y cinéfila. Nunca olvidaré la primera vez que vi Al final de la escapada en el cine Alexandra un día del mes de abril del año 1966. Fue una revelación. Jean Seberg y su cabello corto, como el que yo tenía entonces,  Jean-Paul Belmondo, su “degolasse” del final y su eterno cigarrillo en los labios; las calles de París. Todo era nuevo, vivo. Godard se convirtió en alguien importante. Y lo fue durante mucho tiempo: cuando descubrí Cahiers du Cinéma y empecé a leer sus críticas y entrevistas; cuando fui viendo su cine con Anna Karina, sobre todo Vivre sa vie; cuando vi en Le Mépris lo que se podía hacer con Brigitte Bardot y Fritz Lang; cuando Pierrot explotaba su cabeza. Luego vino el caos mental de la época chinoise y el cine militante. Aquí empecé a desconectar. Pero volví a engancharme en 1980 con Sauve qui peut (la vie). Vinieron después películas que cuestionaban la narrativa pero la respetaban, films donde experimentaba con el lenguaje sin dejar de contar una historia: Prénom Carmen, Yo te saludo María, Detective. Y llegaron sus Histoire(s) du cinéma que vi por primera vez en el festival de Pesaro. Poco después estrenó Nueva ola, en 1990, quizás la última película de Godard que realmente me gustó. A partir de ese momento Godard entró en una deriva ideológica y lingüística compleja que algunas veces me interesaba, Allemagne 90 neuf zero, Elogio del amor y otras me irritaba profundamente. Más que seguir escribiendo sobre Godard me parece mejor recuperar el texto que publiqué en este blog el 13 de diciembre del 2010 donde se explica muy bien cuál es mi sentimiento respecto al impertinente y sombrío Godard: “En el año 68, pocos meses después del famoso mayo parisino, Godard y Anne Wiazemsky estuvieron en Canadá. Su amigo Claude Nedjar les invitó a acompañarle al lejano norte polar para hacer, durante un mes, una serie de emisiones radiofónicas leyendo fragmentos del Libro Rojo de Mao. Se trataba de invitar a la población local a llamar al programa y discutir con ellos las sabias enseñanzas del Gran Timonel. Al cabo de tres días ningún habitante de la zona había respondido a las proclamas prochinas. Eso, unido al frío glacial que hacía en ese norteño lugar hizo que los dos profetas de la buena nueva abandonaran el proyecto buscando tierras más acogedoras. Los tres años siguientes fueron los de la militancia maoísta a través del Grupo Dizga Vertov y su cine de propaganda política. Ese periodo acabó en 1971 cuando Godard sufrió un horrible accidente de moto que le tuvo seis días en coma con fractura de pelvis y de cráneo. Durante dos años, Godard sería un asiduo visitante de los hospitales. El accidente rompió algo más que su cráneo: rompió su relación con Anne Wiazemsky y su colaboración con Jean-Pierre Gorin. También rompió la línea de trabajo emprendida. Durante años Godard buscó un nuevo camino para su cine explorando el lenguaje del video y las nuevas tecnologías hasta que en 1980 decidió volver a un cierto cine narrativo con Sauve qui peut (la vie). Diez años después, en 1990, dirige la que se puede considerar su última película “normal”, Nouvelle Vague. Desde entonces ha ido construyendo una filmografía cada vez mas críptica y encerrada en si misma. Hasta llegar a Film Socialisme con la que tengo la impresión que Godard ha vuelto a encerrarse en un estudio frío y aislado donde no le llegan las llamadas del público, ni el público llega a oír su mensaje. Un mensaje y un lenguaje que se ha quedado petrificado en el tiempo, como si una helada lo hubiera dejado congelado hace treinta años. Porque lo que a nivel cinematográfico era investigación y revolución en los años setenta, ahora no es más que manierismo, una fórmula repetida y aplicada sin sentido que produce la sensación de que no sabe hacer otra cosa. Y en cuanto al discurso político, el cúmulo de lugares comunes, y de ideas preconcebidas de una izquierda que ya era vieja en los años setenta, no soporta un mínimo análisis contemporáneo. Por si no están convencidos y van a ver la película, comparen la acumulación de tópicos sobre Barcelona, (incluido un plano de Iniesta al lado de Hemingway, los toros y las Brigadas Internacionales) para darse cuenta de que todo lo que dice no responde más que a la idea de un hombre que mira sin ver un mundo del que se pretende erigir en portavoz. Una lástima. Y lo dice una godardiana convencida durante muchos años. El peor elogio que se puede hacer de Godard es decir: Godard sigue siendo Godard.”

 Contrapunto


No quería acabar esta entrada con las duras palabras contra Godard . Así que aprovecho la invitación que me hizo Alex Gorina a reivindicar en su programa La finestra indiscreta una película olvidada y traigo aquí como contrapunto mi recuerdo de un un film que Godard adoraba y defendía:

El jardín del diablo, de Henry Hathaway ,1954, con Gary Cooper, Susan Haywarth y Richard Widmark. Hathaway es un director a reivindicar. Considerado menor durante mucho tiempo, si revisamos sus películas podemos ver que estamos ante un autor con un mundo propio en el que los personajes femeninos suelen ser muy potentes. Es el caso de este jardín del diablo en el que cuatro hombres giran en torno a una mujer dispuesta a todo por salvar a su marido atrapado en una mina de oro perdida en las montañas de un territorio sagrado para los apaches. Estamos en 1850 y el arranque de la película no puede ser más inesperado. Un barco varado en las costas de México y tres hombres americanos que tienen que esperar a que se solucione la avería. Son tres seres muy distintos. Un hombre integro con una herida escondida, Gary Cooper; un jugador profesional, espléndido Richard Widmark, que esconde un hombre mejor de lo que se piensa él mismo que es; y un vividor ambicioso y sin escrúpulos, Cameron Mitchel, un secundario habitual y muy eficaz. Cuando la decidida y fuerte Leah Fuller, es decir la pelirroja Susan Haywarth, los contrate para salvar a su marido atrapado, los tres, más un mexicano que se une a la búsqueda, se verán arrastrados a una aventura casi metafísica en unos paisajes que van de la selva al desierto, pasando por un desfiladero que es una auténtica frontera entre la vida y la muerte. El jardín del diablo es un western, pero ni la música de Bernard Hermann ni la puesta en escena de Hathaway, ni siquiera la tipología de los personajes, son los de un western convencional. Revisarla fue un descubrimiento. Me reafirmé en la idea de que las mujeres en el cine de Hathaway son muy fuertes y reconocí la huella de un autor en el sentido que le daban los chicos de Cahiers. Me quedo con una frase de la película que me parece muy importante. “Si el mundo estuviera hecho de oro, los hombres se dejarían matar por un puñado de tierra.”

El jardín del diablo se puede ver en Youtube en muy buena calidad.

El regalo de esta semana está dedicado a Alain Tanner, seguro que le gustaba este cuadro.



viernes, 9 de septiembre de 2022

RIESGOS

 

En la vida muchas veces tenemos que arriesgarnos. Correr riesgos es siempre difícil, no sabemos a qué peligros nos vamos a enfrentar y si saldremos airosos o nos caeremos al vacío. Pero hay que hacerlo, si no, corres el riesgo (este si) de estancarte y de no avanzar. Pero arriesgarse no quiere decir ser irresponsable, Vale la pena intentar medir los peligros y las trampas a las que te enfrentas para sortearlas lo mejor posible. Este párrafo que parece de libro de autoayuda, me sirve como introducción de tres películas que se arriesgan, cada una a su manera.

 


Buena suerte Leo Grande
, de Sophy Hyde

Aquí el riesgo lo asume Emma Thompson, especialmente en un último plano realmente valiente, pero en realidad durante toda la película. La directora es consciente que su papel es el de estar al servicio de la historia pasando lo mas desapercibida posible, Por eso puede parecer que esta aparente obra de teatro filmada sea demasiado sencilla, demasiado convencional. El riesgo está en lo que cuenta, el riesgo está en los personajes. Antes de seguir con los riesgos un apunte sobre la idea de obra de teatro. Su estructura en cuatro actos, su escenario único en una habitación de hotel de la que solo se sale una vez; el estar protagonizada por dos personajes que basan su relación en la palabra, puede hacer pensar en una obra de teatro. Y sin embargo, a mi me parece que el grado de intimidad que se establece entre ellos, no sería posible sentirlo en un escenario. En ese sentido es muy cinematográfica. Volvamos a la historia. Todo comienza de una manera muy banal: una mujer mayor, Nancy Stokes es de decir EmmaThompson, se encuentra en una habitación de hotel con un guapo chico de compañía, Leo Grande, Daryl McCormack, con la intención de tener sexo con él. Hasta aquí nada nuevo y todo un poco sórdido. El primer encuentro no deja buen gusto a nadie, pero hay un segundo, un tercero e incluso un cuarto. Y en esos encuentros podemos ver como los personajes de Nancy y Leo, cambian, crecen, se enriquecen. No cuento más. Aunque si quiero hacer una reflexión sobre el argumento de Buena suerte Leo Grande. Historias de mujeres mayores que seducen o pagan a jóvenes amantes para tener sexo hay muchas en la historia del cine, Me viene a la cabeza la más emblemática, El graduado de Mike Nichols, donde vemos como la maravillosa Anne Bancroft, Mrs Robinson (curioso que Nancy Stokes se llama en realidad Susan Robinson) seduce al graduado Benjamin que interpreta Dustin Hoffman. La otra película que me recordó esta Leo Grande es La primavera romana de la señora Stones (no Stokes, lástima) de José Quintero, con Vivien Leigh y Warren Beatty. Lo que me sorprendió al pensar en estos dos films de los años 60, fueron las grandes diferencias que hay con Leo Grande. De entrada la edad. Anne Bancroft tenía 36 años cuando le tocó hacer de mujer madura y seductora. Vivien Leigh tenía 47 años cuando tuvo que asumir el rol de una mujer que se ve obligada a pagar para tener sexo y compañía. Y aun me acuerdo de otro ejemplo menos parecido que estos, pero también interesante. La Jane Wyman de Solo el cielo lo sabe de Douglas Sirk, tiene 37 años y ya está condenada por sus hijos y por la sociedad a ser una viuda doliente a la que no se le perdona que se enamore de un Rock Hudson de 30 años considerado demasiado joven para ella. Sorprendente y curioso. Emma Thompson tiene 62 años y no solo no está acabada, sino que se atreve a descubrir que hay mucha vida sexual por delante. Hay otras diferencias entre los films del pasado y este, pero no quiero buscar más. Tan solo decir Gracias Sophie, gracias Emma, gracias Daryl por un film lleno de vida.

 


Dúo, de Meritxell Colell

En esta segunda película de Meritxell Colell los riesgos los toma ella, sus personajes se limitan y no es poco, a ponerse en sus manos para que los lleve por donde quiere. Vi este film en el pasado D’A Film Festival y entonces ya escribí de ella. Lo copio: “La película empieza mal, al menos desde mi punto de vista. Una cámara en movimiento muestra a dos actores en un escenario representando una historia. Pero por suerte, el film de Colell no sigue por ahí. Y pronto se abre a una road movie en los Andes del norte de Argentina donde una pareja de actores en gira con un espectáculo de danza se adentra entre pueblos perdidos conviviendo con los indios de esas tierras. Los fragmentos casi documentales de estos encuentros son lo mejor de una historia que va de menos a más, que poco a poco nos va envolviendo en la atmosfera fuera de la realidad de esas montañas donde la Pachabamba preside el ritmo de la vida y en las que Mónica acabará por darse cuenta de la inutilidad de la relación con su pareja. Con evocaciones de Con el viento, protagonizada por la misma actriz Mónica García, este Dúo acaba desdoblándose en dos monólogos independientes. El de él, sumido en la incomprensión del mundo que le rodea, el de ella, integrándose plenamente en ese mundo que la rodea. Con preciosos fragmentos rodados en 8 mm y en digital, la alternancia de los dos tipos de imágenes puntúa el relato de este cuento andino.” No añado mucho más, solo decir que hay que ver este film con los ojos abiertos, dejarse llevar por la cadencia de las imágenes y acompañar a Meritxell y a Mónica, el auténtico dúo, en este viaje por las montañas más altas de Latinoamérica.

 


El acusado, de Yvan Attal.

Aquí los riesgos están muy repartidos. El director, al atreverse con una historia que bordea el precipicio continuamente, su hijo, Ben Attal, que asume el personaje protagonista y a esto sumen a Charlotte Gainsborough, esposa del director y madre del actor, que en la película es la madre feminista y progresista del acusado. Estos son sus riesgos, los del espectador son los de posicionarse frente a una historia llena de aristas, llena de cuchillas afiladas. El acusado habla de los límites del consentimiento (sí es siempre sí, o a veces es sí pero luego no, o a veces es sí aunque me parece que no…) habla de cómo vive una violación la víctima y de cómo vive la no violación el victimario, habla de las derivas judiciales y sociales que destrozan la vida de los dos. Porque ¿fue realmente una violación el encuentro sexual entre Alexander y Mila? ¿Se puede calificar así y por tanto, se tiene que castigar? El film no toma partido y obliga al espectador a decidir. Alexander es un chico inteligente, de buena familia de izquierdas y progresista, estudia en Estados Unidos y en unas vacaciones en Paris, su madre le presenta a Mila, hija de su actual pareja, una joven que viene de un entorno muy religioso y conservador. Cuando Mila acusa a Alexander de haberla violado, se desencadena un proceso judicial que los arrastrará a los dos al abismo. Alexander sostiene que el sexo fue consentido, Mila sostiene que la violó. ¿Quién dice la verdad? Lo que El acusado demuestra es que no hay una sola verdad y sobre todo lo que pone en evidencia es que lo que para unos es parte de la normalidad de una forma de vida asumida por todos, para otros es una transgresión perversa de sus creencias. El acusado hace pensar, provoca discusiones, te deja ante un dilema moral que solo puede resolver cada uno consigo mismo. Yvan Attal observa como un científico y ese es el principal riesgo del director, mantenerse al margen.

 El regalo de esta semana es uno de los cuadros más hermosos y magníficos de Ramon, Le lion vert,  en el que con el que se arriesgó en muchos sentidos.




 

 

 

 

 

viernes, 2 de septiembre de 2022

PACÍFICO

 

 



Pacifiction, Albert Serra

Lo digo de entrada. Me ha gustado mucho esta película de Albert Serra. Lo digo antes de empezar porque es la primera película suya que me gusta (ojo, hablo de gustar, no de valorar si está bien o está mal, si es buena o no es buena). Hay muchas cosas en este pacifico ficción que me parecen muy interesantes.

La primera es lo bonita que es. ¡Se ve todo! Y no solo se ve todo (hay films de Serra que son tan oscuros que ni siquiera se adivina lo que pasa) es que está llena de luz incluso en las escenas nocturnas y tiene unos colores que a veces parecen technicolor. Serra ha sabido sacar partido de un presupuesto alto rodando en exteriores con una brillantez que permite al director de fotografía Artur Tor jugar con todo tipo de luces y encuadres, clásicos y vanguardistas. A veces puede parecer que se emborrachan de belleza, pero no me importa.

La segunda, es lo entretenida que es. La historia de este Alto Comisario de la República Francesa perdido en una isla paradisiaca del Pacifico, es tan atemporal, aunque se hagan referencia políticas muy contemporáneas, que tanto podría pasar hoy mismo como hace cien o doscientos años. Es una aventura de piratas actualizada, con enormes dosis de un humor sutil y las gotas indispensables de denuncia política. La anécdota es muy tenue, pero se sostiene en el paisaje sin perder nunca el sentido.

La tercera es la inteligente combinación de estilos que se conjugan de una forma natural, de manera que a veces parece que estemos en pasajes de la Memoria de Apitchapong Weerasethakul, pero sin la trascendencia del tailandés, otras recuerda al Lynch de Twin Peaks, con sus extraños bares de marineros, o nos evoca la decadente Marguerite Duras de India Song. Todo eso sin dejar de remitirnos al cine de piratas de la Metro de los años 50, mezclando onirismo con realismo sin ningún tipo de pudor.

Pero para mí la mejor prueba de que esta ficción pacífica me ha gustado mucho es que cuando sentí la necesidad de mirar el reloj y ver cuánto faltaba, ¡estaba en el minuto 165! Un minuto después se acababa. El tiempo perfecto, se me habían pasado casi tres horas disfrutando. Y eso es algo que no suele sucederme.

No sé si Pacifiction es una película para todos los públicos, pero sí creo que hay muchos públicos que pueden encontrar algo en ella. Los fans de Serra lo reconocerán en pasajes y diálogos y sobre todo personajes; los no fans de Serra pueden apreciar su lado estético, su clara posición política, menos velada de lo que parece y el misterio de esa isla representado en la ambigüedad de Pahoa Mahagafanau, un auténtico descubrimiento.

Benoît Magimel encarna al desubicado comisario enfrentado a una situación para la que no estaba preparado, como los personajes de las novelas de aventuras del XIX. Y aquí es donde el film de Serra sube enteros para mí, porque una de las consecuencias directas de verlo fue que me provocó el deseo de releer a Robert Louis Stevenson, el escritor que mejor ha descrito la vida en los Mares del Sur, con sus miserias y sus recompensas, con su corrupción y su dignidad. Busqué entre sus novelas y me encontré en Bajamar, el último libro publicado por Stevenson en colaboración con Lloyd Ousborne en 1893, algunos pasajes que bien podrían ser descripciones del escenario de este Pacifiction serrano.




“Por todo el mundo insular del Pacífico, hombres dispersos que pertenecen a las innumerables razas europeas y prácticamente a todos los estratos sociales, se afanan en múltiples actividades y propagan sus enfermedades. Unos prosperan, otros vegetan.”

“La luna, atravesando un mundo de veloces nubes de todos los tamaños, negras unas como borrones de tinta y delicadas las otras como gasa, derramaba su brillo austral sobre el mismo adorable y detestable paisaje: las montañas de la isla coronadas por una nube perenne; la ciudad resguardada, salpicada de escasos faroles; los mástiles del puerto, el sereno espejo de la laguna y el rompeolas en los arrecifes, blanqueado por las rompientes.”

“A aquella hora la isla, con sus suelo de arena blanda, su bóveda de palmas apoyada en pilares vegetales y la luz de las lámparas, presentaba un aspecto irreal que la asemejaba a un teatro desierto o a un parque a medianoche.”

Releer a Stevenson ha sido un placer añadido al disfrutar de una película irregular, si, pero hermosa e inclasificable.

El regalo de esta semana no tiene nada que ver con el Pacífico, y sin embargo, cuando buscaba una imagen para el texto me saltó como llamándome este bodegón con tela naranja que bien podía estar escondido en un rincón de la casa del Alto Comisionado.




 

 

sábado, 27 de agosto de 2022

VOLCANES

 


Esta semana se han cumplido seis meses de la Guerra en Ucrania, mejor dicho de la infame invasión de Rusia en sus afanes imperialistas. Para celebrarlo, los rusos han orquestado un curioso atentado contra la hija de Aleksander Duguin, un personaje salido de una novela de Dostoievski que aboga por la hegemonía del zarsocialismo. Todo es muy raro en este atentado que ha provocado un recrudecimiento en los ataques a Ucrania, especialmente a la central nuclear de Zaporiya. Esta es la base tectónica del volcán en el que estamos todos pendientes de que un corte de gas, una pertinaz sequia (esa frase me recuerda al franquismo, no puedo remediarlo) o cualquier otro enfado de la naturaleza o del zarputin hagan explotar por los aires el mundo que conocemos. Pero no quiero ser pesimista ni fomentar el miedo y el acojone colectivo en el que parecen deleitarse todos los telediarios, sean del color que sean. En realidad de lo que quiero hablar es de Volcanes de verdad y para eso lo mejor es ir a ver un documental que se estrena este viernes Fire of Love.

 


Fire of Love, Sasa Dosa

Antes de hablar de Fire of Love el documental de Sasa Dosa que ganó limpiamente el premio a la mejor película en el último Docs Barcelona, voy a recordar lo que escribí el año pasado durante la erupción del volcán de Cumbre Vieja en La Palma que explica mejor que nada porque me ha gustado tanto este Fuego de Amor. “Ver las imágenes diarias de la erupción, se ha convertido en una adicción incontrolable, me fascinan, me hipnotizan en su belleza aterradora, en su capacidad de crear un paisaje de ciencia ficción, un infierno en la tierra, una muestra del poderío de la naturaleza que creíamos adormecida y callada, sumisa al poder del hombre, pero no, ahí está, dispuesta a demostrarnos que es más potente y fuerte que nosotros. No puedo dejar de mirar las corrientes de lava incandescente bajando de la montaña, los ríos de fuego en sus múltiples meandros, la acumulación de rocas construyendo un nuevo paisaje que antes no existía. Es como asistir a la creación del mundo en directo.” Después de seguir día tras días la explosión del Cumbre Vieja, entiendo mucho mejor a esta pareja inusual y fascinante y entiendo mucho mejor el documental al que yo le habría dado el premio a la mejor historia de amor volcánica que he visto nunca. Historia de amor porque sus protagonistas Katia y Maurice Krafft vivieron juntos hasta la muerte una pasión compartida por los volcanes. Desde que se conocieron en 1966, Maurice y Katia supieron que dedicarían su vida a los volcanes. Él, científico pero sobre todo divulgador y aventurero, demostraba en sus videos y fotos no tener miedo al abismo del fuego y la lava a la que se acercaba con la confianza de transitar un paisaje conocido y familiar; ella científica y más reflexiva, se dejaba seducir por la belleza de los volcanes, por su magia, por todo lo que escondían y ofrecían. Me gusta mucho como los define Astrid Meseguer en una interesante entrevista con Sasa Dosa en La Vanguardia. “Maurice, geólogo, filmaba en 16mm persiguiendo el movimiento. Era como un león marino al que le iba todo lo grandioso. Katia, de profesión geoquímica, se asemejaba más a un pájaro pequeño. Risueña, de pelo corto moreno y con gafas, capturaba los detalles con su cámara a pie de los cráteres. Les atraía lo desconocido y sus primeros amores fueron el monte Etna y el Stromboli”. Durante toda su vida Katia y Maurice persiguieron volcanes por el mundo, los fotografiaban, los estudiaban, los amaban, eran el motor de su existencia y contribuían a acercarlos a la gente a través de programas divulgativos que transmitían su pasión incondicional a la naturaleza en plena demostración de fuerza. Con el ingente material conservado en el archivo que custodia su legado, la directora Sasa Dosa ha construido un documental sobre ellos y con ellos. Los vemos en acción filmándose uno a otro, haciendo bromas, arriesgándose bordeando el abismo del fuego. Los vamos conociendo a medida que ellos conocen los volcanes y de su mano vamos enamorándonos poco a poco de esas montañas grises o rojas, dormidas o despiertas, creadoras de paisajes nuevos primigenios. El documental tiene un final anunciado: Katia y Maurice murieron en junio de 1991 en Japón cuando el gigante Monte Unsen despertó de su letargo sin darles tiempo a escapar del fuego que lanzaba al firmamento. La directora le dice a Astrid Meseguer en la entrevista: “Eran muy conscientes del riesgo. Fue una tragedia, pero es un final en línea con todo lo que daba sentido a sus vidas. Murieron haciendo lo que amaban". Yo creo que no hay mejor final para una vida entregada a los volcanes que morir acompañando el despertar de uno de los más poderosos. Fire of Love, Fuego de Amor, es un documental sobre los volcanes, sobre la vida, sobre las pasiones, sobre el amor.

 


Dentro del volcán Werner Herzog, Netflix

Cuando vi el documental de Sara Dosa sobre Katia y Maurice, pensé inmediatamente en Werner Herzog. Si hay alguien que desde el cine, no desde la ciencia, se acerque a lo que eran estos dos apasionados de los volcanes, es Werner Herzog. Cuando estuvo en Barcelona, a finales del año pasado, camino de Lanzarote, comentó que le gustaría poder ir a La Palma a ver el volcán de Cumbre Vieja que esos días estaba en plena erupción. En un entrevista comentó: “Lo que estoy haciendo ahora no es fácil de categorizar porque no es un documental ni una peli de ficción. Estoy muy implicado en 300 horas de grabaciones de dos vulcanólogos franceses que murieron filmando erupciones. Me pidieron hacer una biografía y dije que no, que lo que haría sería un réquiem musical de Katia y Maurice Krafft”, nombre de los expertos en volcanes”. El resultado es el film The Fire Within: A Requiem for Katia and Maurice Krafft, estrenado hace pocas semanas en Amazon pero aun no visible en España. Para compensar no poder ver el homenaje de Herzog a los dos amantes del fuego, busque otras películas del alemán que trataran de los volcanes. Y me encontré con Into the Inferno /Dentro del volcán, un documental del 2016 que Herzog realizo en colaboración con el especialista en volcanes Clive Oppenheimer al que conoció cuando rodaba Encuentros en el fin del mundo en 2006. Juntos emprenden un viaje al abismo del infierno de los volcanes. Pero de una manera completamente distinta a la de Maurice y Katia. Herzog busca en los volcanes no la ciencia, ni la naturaleza, sino lo que ésta produce en los humanos, es decir busca las conexiones espirituales entre los volcanes y el pensamiento ya sea en una remota tribu de Indonesia, ya sea en la oculta Corea del Norte, o en Islandia donde los volcanes siguen más vivos que nunca. Herzog hace un claro homenaje a Maurice y Katia Krafft a los que admira y diría que envidia, aunque su manera de acercarse a las montañas de fuego no sea tanto en su plena explosión de fuerza sino mas bien a través del legado que han dejado en la superficie de la Tierra y en la profundidad de las mentes. Con su cavernosa e inconfundible voz, Herzog va narrando este viaje al infierno guiado por Clive Oppenheimer al que concede casi todo el protagonismo. El resultado es un documento de una gran belleza en sus imágenes y en sus emociones.

 


Desierto de fuego, Werner Herzog,  Filmin

Mientras buscaba inútilmente The Fire Within: A Requiem for Katia and Maurice Krafft  tropecé en Filmin con una película de Herzog que no conocía. No es raro. Este prolífico director no para de trabajar y a sus ochenta años aun es capaz de irse al fin del mundo a buscar una historia, un paisaje.. La película que me encontré se llama Salt and Fire/Desierto de fuego, es del 2016 el mismo año que Dentro del volcán y está rodada en un país sudamericano no identificado. Creo se estrenó sin pena ni gloria (o ni siquiera se estrenó) y desde luego las pocas críticas que he leído justifican que no tuviera ninguna repercusión, son crueles y despiadadas, especialmente las reseñas de los críticos latinos. Y lo entiendo. Dentro del fuego no es una película fácil ni complaciente ni se siquiera si es recomendable, Pero a mí me enganchó desde el principio. Un secuestro que nunca acaba de explicarse, coloca a una científica alemana que investiga un desastre ecológico en una situación completamente inusual, inesperada, absurda. La primera mitad del film no parece de Herzog, todo pasa en interiores y en conversaciones entre la secuestrada y el secuestrador, un misterioso líder ecologista que antes había sido responsable del desastre ecológico. Más o menos a la mitad, la película es corta, secuestrada y secuestrador viajan a un enorme lago salado a los pies de un volcán dormido que empieza a dar señales de despertar amenazando con el fin del mundo por la posible potencia de su fuego interior. Y ahí, la película da un giro muy herzoguiano  (no sé porque me ha recordado en este tramo Signos de vida de 1968 o incluso Fata Morgana de 1971). Quizás hay que tener un cierto estado de ánimo para ver este raro film basado en un cuento corto de Tom Bissell titulado Aral. Pensar en el lago Aral (al que Isabel Coixet dedicó un espléndido documental en el 2010, Aral, el mar perdido) justifica el título original Salt and Fire y el paisaje lunar del último tramo del film, pero no justifica ni explica la extrañeza que produce verlo. 

El regalo de esta semana no podía ser más que un volcán que además tiene los colores de Ucrania.

 


 

 

sábado, 20 de agosto de 2022

DE OVNIS Y FOTOS

 



(¿se esconde algún ovni detrás de las nubes de Barcelona)

¡NOP! de Jordan Peele

Estos días que por suerte empiezan a verse nubes en Barcelona, me ha dado por mirar fijamente el cielo para ver si hay alguna que no se mueva de sitio. De momento no he tenido suerte (o desgracias, vaya usted a saber) y las nubes pasan y se van, algunas dejando caer unas pocas gotas de lluvia muy bien recibida, otras solo corriendo por el firmamento persiguiendo otros horizontes donde dejar su carga. Pero ninguna se queda quieta, ninguna esconde lo que esconde la misteriosa nube de ¡Nop!.

Me ha encantado esta película de Jordan Peele, un director que ya llamó la atención con sus dos primeros films, Déjame salir en el 2017 y Nosotros en el 2019. Peele me parecía interesante, aunque nunca me provocó el deseo de escribir de su cine. Con ¡Nop!, su tercer film, si lo ha hecho. Y es que pocas veces he visto en la pantalla una combinación tan feliz de ciencia ficción, humor, terror, western, comedia, cine en el cine y reivindicación social. He leído varias críticas y todas hablan de una extraña y fascinante conexión con Los encuentros en la tercera fase de Spielberg, pero a mí, lo que me ha recordado con enorme placer es el Ed Wood de Tim Burton, mejor aún, el Ed Wood verdadero con sus historias de platillos volantes hechos con palillos y colgados de hilos. Peele tiene la misma ingenuidad con un presupuesto inmenso lo que le permite filmar en grandes paisajes del oeste donde ese entre amenazador y entrañable (sus problemas de digestión lo humanizan de una extraña manera) acaba por imponer sus reglas. Pero hay en esta delirante historia ideal para una tarde de verano muchas más cosas de las que parecen.

Empezando por una primera secuencia espectacular, sin ninguna duda firme candidata a figurar entre las diez mejores primeras secuencias de la historia del cine. Ambientada hace años en un plató de televisión donde tuvo lugar una tragedia inesperada, esta secuencia aparentemente inconexa con el resto de la historia, sirve recurrentemente para explicar a sus personajes. Más cosas, el nada oculto homenaje a Werner Herzog en la figura del director de documentales imposibles; la reivindicación del jinete negro de la célebre secuencia del cine antes del cine filmada por Muybridge; la muy hustoniana (no fordiana) utilización de los caballos en ese rancho semi abandonado; la referencia al mundo de Westworld en el parque temático que dirige el único superviviente de la tragedia de la primera secuencia; la conexión vía paisaje con el Shyamalan de Señales. ¡UF! cuantas cosas en este ¡Nope!, título original que puede  entenderse como un acrónimo de “Not Of Planet Earth o “Not Our Planet Earth”, es decir “No del Planeta Tierra”, o simplemente como ese ¡Nope! ¡No es posible! que no paran de repetir sus atribulados protagonistas. ¡Nop es mucho ¡Nop!

 

EL RINCÓN DE LAFOTOGRAFÍA


Lee Miller, el otro lado del espejo. Editrama en Youtube

Para compensar tanto delirio edwoodiano, no viene mal fijarse en un documental precioso sobre una de las mujeres más hermosas e inteligentes del siglo XX: Lee Miller, musa de Man Ray, fotógrafa imprescindible, mujer libre. El Canal EDITRAMA que se puede ver en Youtube, acaba de estrenar Lee Miller, al otro lado del espejo, un film dirigido por Sylvaine Roumette en 1995. Reconozco que el nombre de Lee Miller me resultaba familiar, pero de aquella manera en la que asocias un nombre a una época, los años de las vanguardias en Francia, pero sin saber mucho más. Por eso ha sido todo un descubrimiento verla en este film. Lee Miller era una de las mujeres más guapas que he visto nunca. Nació en 1907 en una ciudad cercana a Nueva York. Cuando era una adolescente, su padre la fotografió desnuda en unas imágenes que al pobre le habrían llevado a la cárcel en nuestros puritanos tiempos contemporáneos. Lee y su padre tenían una relación muy especial, con él aprendió el arte y las posibilidades de la fotografía y gracias a él se convirtió en modelo de la prestigiosa revista Vogue cuando tenía 19 años. En 1929, con 22 años, la joven Lee se traslada a París. Quiere trabajar con Man Ray. Allí se convierte en musa y amante del fotógrafo, además de colaboradora en la sombra y pasa a formar parte del círculo de artistas de la capital francesa. Cocteau la convierte en la estatua que cobra vida en La sangre de un poeta y como si esa estatua fuera ella misma, Lee se libera de Man Ray empieza a volar sola como fotógrafa. La vida personal de Lee Miller es apasionante. Libre y sin prejuicios, se casó primero con un acaudalado egipcio con el que descubrió la belleza del desierto. Aburrida de vivir con él, volvió a Francia donde conoció al pintor Roland Penrose que iba a ser su marido y su compañero toda la vida, incluso las largas temporadas que ambos compartieron con el fotógrafo americano David Sherman. Por si todo esto no fuera suficiente, el documental de Sylvaine Roumette me desvela una faceta completamente ignorada por mí en la vida de esta musa de cuerpo perfecto, rostro de perfil clásico y mirada incisiva: Lee Miller fue corresponsal de guerra y fotoperiodistas durante la Segunda Guerra Mundial. Sus fotos del Blitz londinense, el bombardeo nazi que asoló la ciudad en el año 1940, fueron una ventana a la guerra para muchos americanos que las vieron en Vogue, acompañadas de los pequeños y brillantes textos escritos por ella como comentario vivido de sus fotos. Lee Miller fotografió los campos de concentración que el ejército americano iba liberando en su avance en fotos extraordinarias y dolorosas. También tiene fotos menos dramáticas, de lo soldados y algunas sorprendentes como las que Sherman y ella se hicieron en la bañera de Eva Braun y Adolf Hitler. El documental que ha recuperado Editrama cuenta con la colaboración de Anthony Penrose, el único y tardío hijo de Lee Miller y el testimonio de David Sherman, pero sobre todo, utiliza las fotos de ella y hechas por ella a lo largo de casi cincuenta años de una vida apasionante. Al final de este precioso documento un texto de Lee Miller dice “Ahora sé qué si pudiera comenzar de nuevo sería todavía más libre con mis ideas, con mi cuerpo y con mis sentimientos.” El documental dura 55 minutos, está narrado en castellano y se puede ver en este enlace: https://youtu.be/IEWsO_uI8ZA



Las fotografías de Paolo di Paolo, el tesoro de su juventud, Filmin

Paolo di Paolo estuvo a punto de morir a los cuatro meses, era el año 1925 en un pequeño pueblo italiano. Nadie sabía que le pasaba ni como curarlo, hasta que un hombre sabio les dijo a sus padres: “bañen al bebe cada mañana en una cuba de vino tinto”. Los padres, desesperados, le hicieron caso. Y el niño empezó a recuperarse milagrosamente, hasta ahora que a sus 96 años sigue bebiendo ese vino salvador. Esta historia es una de las que cuenta Paolo di Paolo en el documental que le dedicó Bruce Weber en el año 2021, gracias a la colaboración de la hija del que había sido, quizás, el más importante fotógrafo italiano del siglo pasado. La vida de Paolo di Paolo no es lo más interesante, (al contrario que la de Lee Miller), pero sus fotos, tanto las de vida cotidiana de una Italia de posguerra que empezó a retratar en 1950 para la revista Il Mondo, como las mundanas de la gran burguesía y sus fiestas o las que están vinculadas al cine con Pasolini, Magnani, Mastroianni… como protagonistas, son realmente buenas. Paolo dejó de hacer fotos a los 45 años. Incluso en su familia se desconocía este pasado impresionante. Hasta que un día sus hijos Silvia y Michele descubrieron su archivo y con ojos asombrados fueron revelando todo el tesoro de la juventud escondida de su padre. Bruce Weber, uno de los mejores fotógrafos contemporáneos ha sido el encargado de hablar y retratar a este hombre nonagenario que mantiene la cabeza lucida y el entusiasmo que el vino negro de su tierra le inculcó en las venas cuando tenía cuatro meses. Paparazzo a mucha honra, Paolo di Paolo recorre su vida y sus fotos y nos regala un documento impresionante de la memoria del siglo XX.

El regalo de esta semana es una foto de Ramon que parece un cuadro



 

 

 

 

sábado, 13 de agosto de 2022

IRMA VEP

 

En HBO se puede ver Irma Vep una de las series más curiosas e interesantes de la oferta en las plataformas. Irma Vep está dirigida por Olivier Assayas y eso ya es un atractivo, o en todo caso una garantía, de que no estamos ante un típico producto de consumo y relleno de contenidos. Pero lo que la hace interesante es la multitud de capas que tiene este pastel con guinda enfundada en una malla negra.

Veamos las capas de este postre inesperado

 


Los vampiros de Louis Feuillade, 1915-1916 diez episodios

La base del pastel es sin duda Los vampiros de Feuillade, serial (las series se inventaron hace mas de cien años) estrenado en 1915, en plena Gran Guerra. Los vampiros de Feuillade son una banda criminal dirigida por el malvado Gran Vampiro y su compañera aliada y auténtico cerebro del crimen, Irma Vep, es decir Musidora. Musidora es la nata que da consistencia a esta primera capa del pastel vampírico, sin ella y su silueta recortada en los tejados de Paris, sin ella y su sinuosa y provocativa manera de moverse, sin ella y su inteligente y malvado plan para dominar y aterrorizar la ciudad, Los vampiros no habría pasado a la historia del cine. Musidora es la primera vamp, es la primera gran estrella del cine francés, es la primera gran figura adulta del cine mudo. Su proyección fue más allá de Los vampiros, se extendió a Judex, dirigida por Feuillade en 1916 y se prolongó dando origen a un tipo de mujer seductora, brillante, hermosa y peligrosa. Los vampiros está compuesta de diez episodios y en total suma siete horas de proyección que el público, agobiado por la guerra y sus desgracias, acogió con gran entusiasmo. La fuerza de Los vampiros, a pesar de su aparente ingenuidad, fue muy apreciada por Fritz Lang (Mabuse es deudor del Gran Vampiro) y los surrealistas convirtieron a Musidora en un icono en los años veinte. Pero el cine sonoro, las vanguardias y la segunda guerra mundial relegaron al olvido los vampiros y a la propia Musidora. Hasta que nos encontramos con la segunda capa del pastel.


 

Irma Vep, Olivier Assayas, 1996 HBO

En 1996, Olivier Assayas decidió dar un giro en su filmografía, dominada hasta entonces por la alargada sombra de Truffaut, realizando una película fantástica: Irma Vep, revisión personal y poco convencional de los olvidados vampiros de Feuillade. Para interpretar a Musidora, es decir a Irma Vep, Assayas pensó en Maggie Cheung, una actriz china habitual del cine de Wong Kar Wai, de una belleza exótica tan atractiva como peligrosa, una Musidora perfecta. En este film que recrea el rodaje de un remake del serial de 1915, el papel del director René Vidal, auténtico alter ego de Assayas con sus dudas y sus neurosis, lo asumió Jean-Pierre Leaud. Lo que no podía imaginar Assayas es que se iba a enamorar de la joven china con la que se casó en 1998 y con la que vivió una turbulenta historia de amor que acabó con su separación. De esa experiencia le quedaron a Assayas dos heridas abiertas, una respecto a Los vampiros originales a los que no estaba seguro haber sido fiel; otra, la que le dejó su separación no superada de Maggie Cheung. Esta es la base de la tercera capa del pastel.

 


Irma Vep, Olivier Assayas, 2022, HBO, Ocho episodios.

No ´sé muy bien cómo surgió la idea de hacer un re-remake de Los vampiros de Feuillade, pero lo cierto es que Assayas encontró en el formato de las series (que ya había explorado con gran éxito) la fórmula perfecta para recuperar lo que le quedó por decir o por hacer en 1996. Una serie de ocho episodios le daba la oportunidad de trabajar a distintos niveles: el del original de Feuillade, la huella del film de 1996, el rodaje en la actualidad con una actriz americana, añadiendo fragmentos del diario de Musidora reconstruyendo el rodaje de 1915 con los actores de 2022. El fantasma de Musidora flota en el set, el fantasma de Maggie Cheung flota en la memoria de René Vida, el director de cine independiente y exquisito, neurótico y depresivo, convencido de estar rodando una película de ocho horas, no una serie. Si René Vidal se encarnaba en Jean-Pierre Leaud en 1996, casi treinta años después es Vincent Macaigne el que asume un personaje espejo de Leaud, de Assayas y de Feuillade. Pero Irma Vep no existiría sin una nueva Musidora y ahí entre Alicia Vikander, en la ficción Mira, una actriz americana de blockbusters de enorme éxito de público, desencantada y aburrida de su profesión que encuentra en el reto de meterse en la piel de Irma Vep y Musidora un medio para relanzar su carrera e incluso su vida. Para Alicia Vikander el reto no era tan definitivo como para Mira, pero en cierto modo, aceptar este personaje en una serie europea le daba la posibilidad de volver a un cine menos mainstream del que habitualmente hace, un cine independiente en el que siempre se ha sentido muy cómoda. La historia de esta nueva Irma Vep comienza con la llegada de Mira a un rodaje plagado de dificultades al que se enfrenta desde una crisis personal por una ruptura sentimental dolorosa. Quizás la historia amorosa y lésbica de Mira sea la que menos interés tiene en la nueva Irma Vep, pero tampoco molesta y ayuda a entender un personaje ambiguo en muchos sentidos, como ambigua era la propia Musidora. La mirada entre crítica y tierna a ese pequeño universo que se forma durante un rodaje, con sus alianzas, sus celos, sus problemas, sus complicidades, es, en cambio, lo mejor de la serie. Irregular en sus episodios, con un humor que nunca acaba de aflorar pero siempre está presente, Assayas juega con distintos lenguajes y tonos, iluminaciones y sonidos para situar los distintos planos de la filmación y la realidad. Sin olvidar y es algo que se agradece mucho, la utilización de secuencias del original de Feuillade con el que puntúa toda la acción.



En ese verano tórrido y lleno de incertidumbres, sumergirse en el mundo de Musidora y las múltiples Irmas Veps creo que es una buena recomendación.

Los vampiros originales se encuentran en Youtube en una copia excelente. https://www.youtube.com/watch?v=GDME5O01lW0

Las dos Irma Vep, la película de 1996 y la serie de 2022, están disponibles en HBO Max.

 


Una nota final indispensable. En los años setenta y ochenta una de las principales referencia del cine de Arte y Ensayo en España fue la distribuidora Musidora, llamada así en honor a la gran diva de Los vampiros. Es justo recordarla aquí para agradecer a Javier y Mariel los excelentes films que nos dieron a conocer desde su distribuidora y desde los cines Alphabille. ¡Gracias!  

El regalo de esta semana es una posible Musidora de Ramon



sábado, 6 de agosto de 2022

MONTE VERITÀ



 (un cuadro de Marianne Verefkin, pintora de principios del siglo XX)

La fotógrafa del Monte Verità, de Stefan Jäger

De los pocos estrenos de esta semana hay uno que me toca de forma especial, no porque sea una gran película, ni siquiera por el personaje o el tema, me toca por el paisaje donde sucede la historia, el el Monte Verità, en la Suiza italiana, en el Ticino. El Monte Verità está unido en mi memoria al recuerdo de mi primer festival, mi primer viaje a Locarno en el lejano agosto de 1984. Recupero un fragmento de lo que escribí en el libro La vuelta al mundo en veinte festivales, porque me gusta mucho y porque me sirve de introducción para hablar de la película y por qué no, del Festival de Locarno:

 


 “Otra de mis excursiones fue a Ascona, una pequeña ciudad cercana a Locarno a la que se llegaba con un autobús. No sabía nada de Ascona antes de ir, pero allí me encontré con algunas cosas sorprendentes. Como la exposición de una pintora suiza de principios de siglo XX llamada Marianne Verefkin que recordaba en cierto modo a Munch, pero con temas centrados en paisajes de montañas de fuego y hielo. Me gustó muchísimo y desde entonces intento saber más cosas de ella, pero parece que se la haya tragado la tierra ya que nunca he vuelto a ver un cuadro suyo. Otra de las exposiciones de Ascona fue una dedicada a Fellini y su relación con el cómic con algunos dibujos muy divertidos. Pero lo más interesante fue el viaje que hice al Monte Verità, una construcción situada en lo alto de una pequeña montaña donde en los primeros años del siglo XX se instalaron un grupo de filósofos e ideólogos adeptos a una tercera vía entre el capitalismo y el comunismo. Anarquistas y utopistas, crearon una comunidad que intentaba buscar una nueva forma de vida y albergaron en sus habitaciones a gentes tan diversas como Lenin, Jung o Isadora Duncan. La comunidad desapareció después de la Primera Guerra Mundial, pero el espacio permaneció abierto para todos aquellos artistas y sabios que buscaban un retiro de concentración y trabajo. Algo extraño hay en ese lugar que sigue siendo un foco de cultura y ha dado nombre a la Fundación Monte Verità dedicada a la producción de cine en países exóticos. Hay algo que se siente en su atmósfera cargada de presagios. Quizá sea el hecho de que, según parece, el Monte Verità está considerado el centro geográfico de Europa, o a lo mejor es por lo que afirman en Ascona, que la punta de la colina del Monte Mosecia está compuesta de un metal extraño que la convierte en una especie de antena extraterrestre. La verdad es que Monte Verità es un sitio fascinante en su aparente fealdad.”

 




Releo este texto y lo comparo con las imágenes de La fotógrafa del Monte Verità, la película suiza de Stefan Jäger y me vienen a la memoria las sensaciones de esa pequeña excursión solitaria. Entiendo mucho mejor lo que siente Hanna, la joven madre y esposa que no soporta el rigor de la estrecha burguesía vienesa y escapa a ese lugar especial donde impera la libertad. Libertad de pensar, de hacer, de vivir. Un mundo utópico en el que le cuesta encajar mientras construye una nueva vida con sus fotografías. La fotógrafa del Monte Verità es una ficción que imagina la vida de quien estuvo detrás de las preciosas fotos de ese lugar, tomadas a principios de siglo XX, en las que descubrimos un mundo feliz, bucólico, un pre hipismo condenado a desaparecer tras la fractura moral e histórica de la primera guerra mundial. Un mundo feliz que, por suerte, sigue flotando en la extraña atmósfera del punto mágico del centro de Europa.

 




Recordar el Monte Verità me ha hecho pensar en el Festival de Locarno que se está celebrando precisamente estos días. Locarno es un festival único, no se parece a ningún otro, es un festival de vacaciones y cine ideal para descubrir nuevos caminos. Siempre lo ha sido, y lo sigue siendo. Este año he visto con gran alegría que entre los títulos a competición en la Sección Cineastas del Presente está Matadero, una película de Santiago Fillol, amigo y colaborador de Oliver Laxe con el que ha trabajado en casi todos sus films y autor de un interesante documental titulado Ich Bin Enric Marco. No he visto Matadero, pero si la han programado en Locarno, algo debe tener. Como seguro tiene algo el corto Castells de Blanca Camell, presente en Pardi de Domani.

Al pensar en Locarno me he dado cuenta que hay festivales de varios tipos. Hay festivales manantial, hay festivales lago, hay festivales delta. También hay algunos que son las tres cosas. Manantiales son Locarno, Sevilla, Pesaro, Tribeca, por citar algunos; lagos son Valladolid, Turín, o Tesalónica; delta son Cannes, Berlín o Venecia. Hay pocos que sean a la vez manantial de nacimiento de talentos, lago de talentos formados, delta de talentos consolidados. En realidad creo que solo uno, el Festival de San Sebastián con su clara apuesta por nuevos autores y formatos en Zabaltegi Tabakalera y Nest; su confianza en los directores en activo tanto en la sección de Nuevos Directores como en la Sección Oficial, y su apoyo en los consolidados ya sea en Perlas o en sus interesantes retrospectivas. Ríos de cine en los que me sumerjo a falta de un rio de verdad donde refugiarme de este horrible e insoportable calor. 

El regalo de esta semana es una mujer libre en un cuadro de Ramon